El domingo 25 de octubre, después de 7 intentos fallidos, María Corina Machado, la principal dirigente de la oposición en Venezuela, pudo por fin regresar a su patria donde está en marcha un proceso de transición política. Que por cierto es una transición sui generis, distinta a todas las que se habían conocido hasta ahora.
Sin duda que el regreso de María Corina a Venezuela ha sido posible gracias al Gobierno de Estados Unidos (EE. UU.) que ejerce en ese país una especie de regencia después de que el 3 de enero de este año derrocó al dictador Nicolás Maduro y lo trasladó a Nueva York, donde está siendo juzgado junto con su esposa y cómplice, Cilia Flores.
Cuatro días después de su regreso a la patria, el jueves de esta semana María Corina Machado habló ante la prensa y dijo que según el plan diseñado por el secretario de Estado de EE. UU., Marco Rubio, en 2027 habrá elecciones libres en Venezuela. Aseguró que “en unas horas han quedado más claros los plazos y el Departamento de Estado ha planteado una secuencia de pasos que van a llevar a una elección presidencial en 2027. Eso habla de que se ha entendido la urgencia del cambio… La transición democrática es irreversible, será organizada, pacífica y atenderá la urgencia de un país que está sufriendo enormemente”.
María Corina explicó que, aunque personalmente ella no forma parte de la mesa de diálogo impulsado por EE. UU. entre la Asamblea Nacional de 2015 y el gobierno interino de Delcy Rodríguez, está “muy interesada en que tenga éxito y cumpla sus cometidos: nombrar un nuevo Tribunal Supremo de Justicia y un nuevo Consejo Nacional Electoral, así como fijar la fecha de los comicios”.
Previamente, Carlos Blanco, quien es uno de los principales integrantes del equipo estratégico de María Corina, dio a conocer las cuatro grandes líneas de acción política que van a desarrollar: Una, impulsar la movilización popular, sin desorden ni inestabilidad, pero con objetivos claros que apunten a una salida pacífica lo más pronto posible. Dos, fortalecer la organización tanto de los partidos políticos opositores como de los sindicatos, gremios, federaciones estudiantiles y asociaciones empresariales, entre otras. Tres, ampliar las alianzas políticas y sociales. Y cuatro, lograr un gran acuerdo nacional para la reconstrucción de la República, con objetivos a corto, mediano y largo plazo.
Por su parte, María Corina precisó que es prioritaria en su agenda la libertad de todos los presos políticos, los más de 300 que todavía están en prisión y los centenares que fueron excarcelados, pero continúan bajo medidas cautelares. Así como la designación de un nuevo Consejo Nacional Electoral confiable y la convocatoria a las elecciones presidenciales para inicios o mediados del año próximo, para que desde una nueva jefatura del Estado se promuevan entonces las elecciones para gobernadores, alcaldes y legisladores.
Algunos miembros de la oposición venezolana y observadores externos opinan que para garantizar el éxito de la transición María Corina Machado debería participar en la mesa de diálogo con el régimen, y en la elaboración de los acuerdos políticos.
Pero otros estiman que lo fundamental no es quiénes participan en la mesa de diálogo sino los acuerdos a los que se llegue. Lo cual es cierto. Por ahora la tarea principal de María Corina, quien sin duda será candidata presidencial en las elecciones libres y limpias que oportunamente serán convocadas, es reorganizar y fortalecer la gran alianza política nacional que se pudo crear para ganar las elecciones del 28 de julio de 2024, las que descaradamente se robó la dictadura.
Y ojalá que detrás de Venezuela vaya Nicaragua. Pero ahora por el buen camino, el democrático, no como cuando iba a la zaga de la perniciosa y fracasada revolución chavista.