Ha sorprendido la nueva reforma a la permanentemente reformada Constitución Política de Nicaragua que elimina la histórica figura del vicepresidente, la que es sustituida por los “designados presidenciales”, es decir: por los escogidos “de dedo” por los codictadores.
Y aunque nadie ha sido escogido aún, no será ninguna sorpresa el nombramiento de uno o varios de sus hijos que encabezan la lista de sucesión dinástica en la monarquía tropical.
Esta vez a diferencia de los Somoza, que lograron la sucesión por medio de la escogencia de Luis Somoza por el Congreso Nacional, los Ortega Murillo podrán escoger directamente a sus sucesores y desde ya se proyecta que será Laureano Ortega quien ha venido figurando cada día más y con mayores responsabilidades en la vida pública.
¿Por qué la necesidad de cambiar nuevamente la Constitución cuyas reformas ya les daban a ellos la potestad de nombrar al vicepresidente?
La única explicación plausible es la inseguridad que los obliga a estar cambiando constantemente el marco de referencia del poder para procurar aún mayor seguridad en la sucesión familiar ante el deterioro inminente de la salud de Ortega.
Lo cierto es que todo funcionario público en Nicaragua, incluyendo los diputados y los magistrados de todos los poderes, son designados por la pareja presidencial, que los cambia a discreción en un afán paranoico de control absoluto. Lo único que podría explicar la nueva figura del “designado presidencial” es asegurar que un miembro de la familia tome el poder en caso de que falten los dos codictadores.
Seguramente la próxima reforma constitucional de la Asamblea de los aprieta botones incluirá las copresidencias vitalicias, porque de hecho ya lo son a perpetuidad y solo en la ausencia de ellos funcionará el “designado presidencial” que ya se encuentra “practicando” intensamente.
La historia de Nicaragua no solo se repite en círculos concéntricos, como decía el historiador y sociólogo Humberto Belli en su excelente artículo del lunes pasado titulado “en Nicaragua el futuro es el pasado”, sino que profundiza en sus males.
Decía Humberto: “¿Qué nuevo capítulo se escribirá ahora en nuestra cíclica historia? Los primeros párrafos ya se vislumbran: Faltando Ortega, o quizás antes, doña Rosario designará a uno de sus hijos, probablemente Laureano, quien a su vez designará a su sucesor, seguramente uno de sus hermanos”.
Y concluía: “La nueva dinastía ha demostrado que el presente-futuro puede ser mucho peor. Pero puede ser también más breve. El desafío de los nicaragüenses mientras tanto seguirá siendo el mismo de los últimos doscientos años: crear un futuro distinto”.
Los nicaragüenses debemos forjar un futuro diferente al que ya estamos padeciendo en el presente y romper de una vez por todas el círculo vicioso de nuestra historia. Un camino para comenzar es dejar de atacarnos mutuamente perdiendo de vista que solo existe un objetivo común que es el derrocamiento de la dictadura.
El autor es periodista, político y escritor nicaragüense, ex preso político desterrado y autor del libro testimonial “Destinos heredados” y “Un cauce hacia la democracia”. Fue codirector de LA PRENSA de 1981 a 1984.