Mientras la mayoría de los estadounidenses —alrededor del 66 por ciento— considera que el gobierno federal debe asegurar que toda la población tenga acceso al cuidado de la salud, la Asociación Médica Americana (AMA) se ha opuesto tradicionalmente a un modelo de atención universal.
Ahora bien, la mayoría de los médicos apoya un sistema de salud pública para todos. Históricamente, el gremio médico se oponía a la regulación estatal, pero las encuestas de los últimos años reflejan un cambio radical. Diversos sondeos muestran que entre el 56 por ciento y el 71 por ciento de los médicos en ejercicio está a favor de la atención sanitaria universal o de un sistema de pagador único. Esto representa un giro muy marcado frente a décadas anteriores (como en 2008), cuando casi el 60 por ciento de los profesionales se oponía.
El respaldo al sistema público es más elevado entre los médicos de atención primaria (como pediatras, psiquiatras y médicos de familia), mientras que los especialistas quirúrgicos, y en general los que trabajan en áreas de alta remuneración, suelen mostrar mayor resistencia.
¿Por qué tantos médicos han cambiado de opinión? La razón principal de la preferencia por un sistema público en contraposición al sistema privado actual no es necesariamente ideológica. El cambio se debe esencialmente al agotamiento profesional que sufren los galenos debido a la burocracia de las compañías de seguros.
Es un problema que podríamos llamar fatiga administrativa. Los médicos se quejan de que pasan demasiadas horas lidiando con decenas de empresas aseguradoras privadas distintas, tratando de justificar tratamientos, apelando denegaciones de cobertura y llenando formularios. Un sistema público de pagador único reduciría el papeleo y lo haría uniforme.
El modelo actual también socava la autonomía de los médicos. Muchos profesionales de la salud temen que las decisiones clínicas las toman en realidad los administradores de los seguros privados, no los médicos, lo que afecta directamente el cuidado de los pacientes.
Al mismo tiempo, los profesionales se enfrentan a un dilema ético. Ver a pacientes que no pueden costear los medicamentos recetados o que evitan ir a la consulta hasta que su padecimiento se agrava a un nivel peligroso o intolerable causa una enorme frustración y un desgaste moral en el personal de la salud.
Sin embargo, una minoría de galenos se opone a la tendencia hacia una reforma radical del sistema sanitario. ¿Por qué?
Esta minoría teme que un sistema de pagador único estatal fije tasas de remuneración más bajas que las de los seguros privados actuales. Algunos también piensan que reemplazar las aseguradoras privadas por un modelo público cambiaría un tipo de burocracia por otra, es decir, la burocracia privada por la estatal, lo cual, según creen, aumentaría el tiempo de espera para ciertos procedimientos médicos.
En conclusión, mientras la dirección de la AMA mantiene firmemente su postura conservadora en defensa del modelo privado, los médicos que atienden pacientes a diario y que están al tanto de sus limitaciones económicas se muestran cada vez más abiertos a que el gobierno centralice la prestación de los servicios de salud y la ponga al alcance de todos.
Si la mayoría de los estadounidenses está a favor de un sistema público que reemplace al actual sistema privado, y también la mayoría de los médicos, ¿atenderán los políticos este reclamo? ¿Acaso no vivimos en una democracia, palabra de origen griego que significa “gobierno del pueblo”? Pues ya va siendo hora de que en Washington —en el Congreso y en la Casa Blanca— se enteren de lo que quiere el pueblo en el vital ámbito de la salud. [FIRMAS PRESS]
El autor es escritor y periodista radicado en Miami. Sus novelas más recientes son El ocaso y La espada macedonia, publicadas por Mundiediciones. También ha publicado el ensayo Biden y el legado de Trump con Mundiediciones y el ensayo Una plaga del siglo XXI, sobre la pandemia del covid-19.