Relación Estado-Iglesia y lo que se debería aprender de Honduras

El pasado jueves 22 de octubre, el Vaticano y el Gobierno de Honduras acordaron un tratado bilateral para “reforzar su cooperación institucional y la libertad religiosa”.

El tratado de 25 artículos entre el Vaticano y el Estado hondureño entrará en vigencia tras el intercambio de los instrumentos legales de ratificación por las dos partes. Y en lo fundamental “reafirma el derecho a la libertad de pensamiento, conciencia y religión en Honduras”; establece que el Estado hondureño “reconoce la autonomía y autogobierno de la Iglesia católica, el secreto de confesión y la objeción de conciencia”, y “faculta a la Iglesia católica para fundar centros educativos y de beneficencia, y prestar asistencia espiritual en hospitales, prisiones y fuerzas de seguridad”.

Antes de este tratado en Honduras había —y hay— plena libertad religiosa. La Iglesia católica no tiene conflictos con el Estado y el gobierno hondureño. Honduras y el Vaticano mantienen relaciones diplomáticas normales y amistosas. Pero al no haber un concordato o tratado, derechos eclesiásticos esenciales como la inviolabilidad absoluta del secreto de confesión, o la autonomía para el nombramiento de obispos, no gozaban de una garantía o «blindaje» internacional. Estaban supeditados a los cambios de las leyes civiles.

Bien por Honduras y su Iglesia católica que, igual que en Nicaragua y América Latina en general, es la mayoritaria en la población. Con la enorme diferencia de que la Iglesia hondureña goza de plena libertad, ahora más reforzada jurídicamente, mientras que la de Nicaragua sufre persecución de Estado desde 2018.

Por otra parte, en estos mismos días LA PRENSA ha informado que el papa León XIV suspendió la visita que todos los obispos miembros de la Conferencia Episcopal de Nicaragua tenían que haberle hecho en este mes de octubre.

De acuerdo con las reglas canónicas de la Iglesia católica, los obispos diocesanos del mundo tienen la obligación de hacer cada cinco años una visita ad limina apostolorum, expresión en latín que en español quiere decir “a los umbrales de los apóstoles”.

Esto significa que cada cinco años los obispos de cada país van en peregrinación a orar ante las tumbas de los apóstoles San Pedro y San Pablo, ubicadas en Roma. En esa oportunidad, los obispos son recibidos en audiencia por el papa “para mostrarle reverencia y reconocer su jurisdicción universal”. Y, obviamente, para ponerlo al tanto sobre la situación de la Iglesia en cada país.

La última visita ad limina que hicieron los obispos nicaragüenses al Vaticano fue en agosto de 2017, informa LA PRENSA. De manera que han pasado más de 9 años sin que la Conferencia Episcopal de Nicaragua volviera al Vaticano. Pero no ha sido por culpa de los obispos nicaragüenses, obviamente, sino por la persecución religiosa y la represión que ha sufrido institucionalmente la Iglesia católica de este país desde la gran represión estatal que comenzó en 2018 y todavía no termina. Al extremo que 4 de los 10 obispos miembros de la Conferencia Episcopal de Nicaragua se encuentran en el exilio.

Según informa LA PRENSA, la visita ad limina de los obispos de Nicaragua al Vaticano, que debió realizarse en el presente mes de octubre, fue suspendida por el papa León XIV porque no hay garantías de que los prelados que permanecen en Nicaragua puedan regresar al país.

La buena noticia es la de que, a pesar de la odiosa represión de los codictadores contra los obispos desterrados, el papa León XIV los mantiene en sus cargos. Monseñor Carlos Herrera (presidente de la Conferencia Episcopal) como obispo de Jinotega; monseñor Rolando Álvarez, obispo de Matagalpa y administrador de la Diócesis de Estelí; monseñor Silvio Báez, obispo auxiliar de la arquidiócesis de Managua; y monseñor Isidoro Mora, obispo de Siuna.

Se conoce que el Vaticano se mantiene abierto a un diálogo con el régimen de Nicaragua, con vistas a lograr un acuerdo de interés mutuo que asegure ante todo la libertad y los derechos de la Iglesia católica, comenzando por el regreso a sus diócesis de los obispos desterrados.

El acuerdo del Gobierno de Honduras con el Vaticano es un magnífico ejemplo de buenas relaciones del poder civil con la Iglesia y respeto del Estado a la libertad de religión. Ojalá que los codictadores de Nicaragua comenzaran a entrar en razón e hicieran lo mismo, o algo parecido.

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