Este viernes 18 de septiembre, el alto comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Türk, presenta ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU un informe actualizado sobre la situación de los derechos humanos en Nicaragua.
Esta actualización del informe es presentada mientras la Asamblea General de las Naciones Unidas realiza su 81° período de sesiones, donde la próxima semana los jefes de Estado y de Gobierno de todo el mundo, o sus representantes, valorarán la situación internacional y presentarán sus propuestas al respecto.
El informe sobre Nicaragua del alto comisionado de la ONU para los Derechos Humanos denuncia que la dictadura de este país ha desmantelado de manera sostenida y sistemática las instituciones de la democracia y el Estado derecho, ha cancelado las libertades fundamentales y cerrado el espacio cívico y democrático. Y ha suprimido las condiciones necesarias para celebrar elecciones libres y competitivas, de conformidad con los estándares internacionales.
El alto comisionado de las Naciones Unidas deja claro que las políticas y acciones represivas de la dictadura de Nicaragua violan “las normas internacionales de derechos humanos”. Y reconociendo la indefensión en la que se encuentra la población de Nicaragua hace un llamado a la comunidad internacional a protegerla, en particular a los perseguidos, despojados de su nacionalidad y amenazados por la represión transnacional.
El informe no menciona en forma expresa, pero evoca, la Obligación de Proteger (Resolución R2P) aprobada por la Asamblea General de la ONU en el año 2005, con el propósito de evitar que se cometan crímenes masivos contra la población de cualquier país del mundo.
Cabe señalar al respecto, que a la ONU se le critica por no poder garantizar la paz internacional ni la protección de los derechos humanos, en situaciones como la de Nicaragua. De allí que haya quienes dicen que a la ONU se le debe sustituir por otro modelo de organización que sea capaz de hacer respetar el derecho internacional.
Pero también hay personalidades prestigiosas para quienes la ONU sigue siendo indispensable, y puede cumplir sus complejas responsabilidades internacionales siempre y cuando se cumplan determinadas condiciones. Una de ellas es la ex primera ministra de Nueva Zelanda, Helen Clark, que también fue administradora del Programa de la ONU para el Desarrollo.
En un artículo de opinion que publica LA PRENSA este mismo viernes 18 de septiembre, titulado “La ONU no puede —ni necesita— esperar al consenso”, Clark asegura que “la ONU sigue siendo esencial. Fue creada para ayudarnos a mantener la paz, prevenir guerras, proteger los derechos humanos, apoyar el desarrollo sostenible, establecer normas globales y defender el derecho internacional. Ninguna otra organización internacional puede presumir del mismo grado de legitimidad universal”.
Sin embargo, Clark también reconoce que como la ONU toma sus decisiones por consenso, “alcanzarlo lleva tiempo y las negociaciones pueden generar compromisos que no abordan adecuadamente los problemas que se suponía que debían resolver. Dadas estas limitaciones, el sistema de la ONU necesita socios que complementen su labor. Por eso, los gobiernos y sus ciudadanos recurren desde hace tiempo a coaliciones más pequeñas, conocidas como «coaliciones de los dispuestos» —bajo el lema del «plurilateralismo»—, cuando no es posible alcanzar un consenso”.
En el caso de los regímenes que violan masivamente los derechos humanos y cometen crímenes de lesa humanidad, como el de Nicaragua, se conoce que no son castigados por la comunidad internacional porque cuentan en las Naciones Unidas con la protección cómplice de las grandes potencias autoritarias, Rusia y China, que vetan cualquier propuesta de sanciones.
Pero, como dice Helen Clark, se podría formar una “coalición de los dispuestos”, que promueva y respalde acciones concretas contra los violadores del derecho internacional y los derechos humanos. Una que, por ejemplo, en el caso de Nicaragua podría apoyar los esfuerzos que está tratando de hacer la OEA para ayudar al pueblo de Nicaragua a recuperar la libertad y la democracia.
Todo depende únicamente de que los gobernantes de los países democráticos realmente quieran hacerlo.