Lista de reproducción
- No hay más artículos para escuchar
Con verdadero deleite y un interés que al principio procuré mantener discretamente velado, seguí en LA PRENSA la serie de artículos escritos por don César Augusto Bravo Vargas, por lo que sé, chontaleño, sobre Un cauce hacia la democracia, obra del reconocido y laureado periodista Pedro Joaquín Chamorro Barrios.
Debo confesar que mi primera impresión fue que el señor Bravo, movido quizá por la admiración, exageraba intencionalmente las bondades del libro y agrandaba sus méritos hasta hacerlos parecer superiores a los que realmente poseía. Sin embargo, la curiosidad ya me había mordido y no pude conformarme con juzgar la obra por medio de los elogios ajenos. Me di entonces a la tarea de leerla en la versión disponible en la Biblioteca Enrique Bolaños: https://sajurin.enriquebolanos.org/docs/Pedrojoaquinchamorrob-uncaucehacialademocracia.pdf
Después de terminarla y volver con mayor detenimiento sobre algunas de sus páginas, tuve que rectificar mi sospecha inicial. El señor Bravo no había inflado las virtudes de Un cauce hacia la democracia. Por el contrario, comprendí que sus observaciones, aun siendo acertadas y generosas, se habían quedado cortas frente a la riqueza política, periodística, histórica y humana de una obra que todavía tiene mucho que decirnos.
Lo primero que asombra es la valentía de aquel joven periodista que, cuando todavía muchos nicaragüenses permanecían deslumbrados por la victoria revolucionaria, tuvo la lucidez de reconocer y anunciar la deriva totalitaria que comenzaba a seguir la neodictadura. No escribió después de que los hechos le dieran la razón ni desde la seguridad que concede la distancia histórica. Escribió cuando denunciar la censura, el partidismo, la obediencia ideológica y la concentración del poder significaba exponerse al aislamiento, la persecución y el señalamiento. Esa anticipación no fue un ejercicio de adivinación, sino el resultado de una conciencia democrática capaz de reconocer en el nuevo poder los métodos del régimen que decía haber derrotado.
El libro no es únicamente una advertencia contra la transformación autoritaria de la Revolución Sandinista. Es también el testimonio de un ciudadano que intenta aprender a vivir democráticamente después de haber crecido bajo una dictadura. En sus páginas, la democracia no aparece como una meta ya conquistada ni como una palabra destinada a adornar discursos, sino como una conducta que debe practicarse todos los días. Exige responsabilidad, vigilancia, tolerancia frente al adversario y valentía para señalar los abusos, incluso cuando quienes los cometen alguna vez fueron compañeros de lucha.
Una dimensión que merece mayor atención es la presencia constante de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal. Los primeros textos no son simples homenajes al héroe asesinado. El hijo se pregunta qué habría pensado su padre sobre el rumbo de la Revolución, dónde se encontraría políticamente y si habría apoyado el proceso. Esa interrogación convierte la memoria familiar en examen de conciencia. Chamorro Barrios no utiliza a su padre como estatua ni como autoridad incuestionable: dialoga con su ausencia, interroga su legado y busca en él una medida moral para juzgar el presente. Antes de ser un libro contra una nueva dictadura, Un cauce hacia la democracia es también un libro escrito bajo la sombra de un asesinato.
Otro aspecto insuficientemente explorado es su defensa del oficio periodístico. Artículos como Ser o no ser periodista, Confianza en el juicio objetivo y LA PRENSA sigue siendo LA PRENSA demuestran que la libertad de prensa no consiste solamente en permitir opiniones contrarias al Gobierno. También exige rigor, responsabilidad, perseverancia y disposición a someter los hechos al juicio público. El periodista no aparece como propagandista de la oposición, sino como intermediario entre la realidad y el ciudadano. Por eso la censura no es presentada únicamente como una agresión contra un periódico, sino como la privación del derecho de toda la sociedad a conocer, comparar y decidir.
El libro tampoco permanece en el territorio abstracto de las libertades políticas. Entra en asuntos que afectan la vida diaria: la educación, la fragmentación familiar, la devaluación, los impuestos, la producción de alimentos, la fuga de profesionales y el deterioro institucional. Textos como El impuesto Anti-Pueblo, La Suprema y la fuga de cerebros, La educación liberadora y Los verdaderos enemigos del trigo revelan una preocupación por las consecuencias materiales de las decisiones públicas. La democracia no se reduce a elecciones y libertad de expresión; también necesita una administración que no empobrezca, improvise ni obligue a los ciudadanos preparados a abandonar el país.
Chamorro Barrios propone, además, una identidad nicaragüense capaz de convivir con el pluralismo. Su atención a la Costa Atlántica, al No Alineamiento, a las relaciones internacionales y a la comparación con Costa Rica demuestra que pensaba a Nicaragua dentro de una región y de un mundo más amplios. No proponía aislamiento ni obediencia automática a una potencia extranjera. Defendía el derecho del país a pensar con cabeza propia, establecer relaciones diversas y aprender de experiencias democráticas cercanas.
Por eso el relanzamiento de Un cauce hacia la democracia no debe entenderse como un ejercicio de nostalgia ni como la simple recuperación de una curiosidad bibliográfica. Significa devolver a la discusión pública una obra cuya vigencia fue confirmada dolorosamente por la historia. La neodictadura que aquel joven periodista vio germinar terminó reproduciendo y perfeccionando las prácticas que él denunció: censura, persecución, partido convertido en Estado, apropiación de los símbolos nacionales y castigo contra la discrepancia.
Después de leer el libro, debo reconocer que el señor Bravo tenía razón en sus elogios. Pero también debo decir que todavía quedaba mucho por señalar. Su relanzamiento llega, por tanto, en el momento preciso. No estamos únicamente ante el regreso de un libro perdido, sino ante la recuperación de una advertencia que Nicaragua desoyó y que ahora vuelve con la autoridad incontestable de los hechos.
El autor es un intelectual nicaragüense exiliado en España.