Lista de reproducción
- No hay más artículos para escuchar
I. La memoria que la izquierda sandinista se niega a mirar
Para quienes vivimos o heredamos las heridas de los años ochenta, ver hoy a la izquierda sandinista exiliada hablando de democracia y derechos humanos provoca una profunda contradicción. Porque ustedes representan —les guste o no— la reencarnación de esa década oscura que marcó a miles de familias nicaragüenses.
Y lo más doloroso es que la mayoría de ustedes no ha hecho un pronunciamiento claro sobre las barbaries cometidas en ese período, ni sobre la censura a la prensa, ni sobre los exilios forzados, ni sobre las confiscaciones, ni sobre el Servicio Militar obligatorio que envió a miles de jóvenes a morir, ni sobre la persecución religiosa, ni sobre la Navidad Roja, ni sobre el atentado a La Penca, ni sobre las ejecuciones extrajudiciales documentadas por organismos internacionales.
La izquierda sandinista ha decidido que su pasado no existe. Pero existe. Y pesa.
II. La defensa automática de Sergio Ramírez
Cuando miles de nicaragüenses exigimos a Sergio Ramírez que reconociera su papel en la historia —no su obra literaria, sino su responsabilidad política— la izquierda sandinista exiliada reaccionó con una defensa cerrada, casi dogmática, llegando hasta hacer un pronunciamiento público con firmas a su respaldo, dejando clara evidencia de su complicidad. Lo protegieron como si cuestionarlo fuera un sacrilegio. Como si pedir verdad fuera un ataque personal. Como si la memoria de un país pudiera borrarse porque incomoda.
Ese reflejo tribal dejó claro que no están dispuestos a revisar el pasado, porque revisarlo implicaría asumir responsabilidades. Y sin responsabilidad no hay ética. Sin ética no hay autoridad moral. Y sin autoridad moral no se puede hablar de democracia.
III. Yo creo en la participación electoral de la izquierda democrática. Pero no en la izquierda sandinista
Yo sí creo en la izquierda democrática dentro del juego de la democracia. Creo en la izquierda que es democrática y respeta sus reglas, que reconoce sus errores, que aprende, que evoluciona. Creo en la izquierda desde el punto de vista de su participación en los procesos democráticos, no creo en la izquierda como ideología, ya que ha demostrado ser incongruente entre lo que dice y lo que hace, y sus propuestas solo generan mayores pobrezas en los pueblos.
Pero la izquierda sandinista de mi país no es democrática. No mientras siga ocultando lo que ocurrió en los años ochenta. No mientras siga protegiendo a quienes tuvieron poder y nunca rindieron cuentas. No mientras siga tratando de borrar la historia para presentarse como víctima perfecta. Porque quien borra la historia, la repite. Quien niega el pasado, lo carga como sombra, quien se niega a pedir perdón, no está lista para construir un futuro distinto.
Por esas razones enumeradas anteriormente, y sin rencor alguno, no puedo ni voy a aliarme con la izquierda sandinista. No mientras sus rostros sigan manchados por la historia que se niegan a reconocer. No mientras sigan hablando de democracia sin haber hecho el mínimo acto democrático: mirarse al espejo de la verdad. A lo único que estoy dispuesto es a tomar en cuentas sus esfuerzos por salir de la dictadura sandinista y restablecer el estado de derecho.
IV. Reconozco su sufrimiento. Pero no su silencio
Sé perfectamente que muchos de ustedes —los sandinistas exiliados— han sido tratados como enemigos absolutos por el sandinismo actual. Sé que han pagado el precio del exilio, de las confiscaciones, de la cárcel, del destierro, e incluso de la muerte de seres queridos. Sé que hoy están probando en carne propia lo que nosotros vivimos en los años ochenta. Y lo digo con sinceridad: nadie merece ese sufrimiento. Nadie merece ser perseguido por pensar distinto. Nadie merece perder su hogar, su país, su libertad.
Pero aquí está la contradicción que ustedes no quieren enfrentar: Hoy viven lo que nosotros vivimos. Pero siguen sin reconocer lo que ustedes hicieron vivir a otros. Ese es el nudo moral que no han querido desatar. Ese es el puente que nunca han querido cruzar. Ese es el silencio que los persigue.
V. Nicaragua merece una izquierda nueva, honesta y sin fantasmas
Una izquierda que no tenga miedo de decir: “Sí, cometimos errores. Sí, hubo abusos. Sí, hubo dolor. Y sí, debemos pedir perdón”.
Una izquierda que no esté construida sobre silencios, sino sobre memoria. Que no esté sostenida por figuras del pasado, sino por nuevas generaciones libres de cargas históricas. Que no tema la verdad, porque sabe que la verdad es el único camino hacia la reconciliación. Nicaragua no necesita una izquierda perfecta. Necesita una izquierda honesta. Y esa honestidad empieza por ustedes: por la izquierda sandinista exiliada que aún no ha tenido el valor de reconocer lo que hizo, lo que permitió y lo que calló.
Mientras sigan negando el pasado, mientras sigan protegiendo a quienes tuvieron poder, mientras sigan hablando de democracia sin autocrítica, ustedes no representan un futuro posible para Nicaragua. Solo representan un pasado que muchos no queremos volver a vivir.
VIII. Un riesgo real para el futuro de Nicaragua
Además, sus acciones me permiten ver un riesgo real para el futuro de Nicaragua. He visto cómo algunos miembros del sandinismo exiliado intentan imponer ideologías ajenas a la cultura nicaragüense, agendas importadas que nada tienen que ver con nuestra identidad ni con las necesidades reales de nuestro pueblo. Y lo más peligroso es que: son manipuladores, tienen recursos, saben comprar conciencias y saben confundir a la gente humilde, trabajando sobre sus necesidades, disfrazándose de ovejas, presentándose como salvadores mientras operan con la misma lógica de poder que criticaron.
Yo no quiero eso para mi país, que salga de una dictadura para caer en otra forma de imposición ideológica. No quiero que la pobreza de nuestro pueblo sea usada como herramienta política. No quiero que la historia vuelva a repetirse disfrazada de modernidad.
Nicaragua merece un futuro libre de manipulaciones, de agendas ocultas y de ideologías que no respetan nuestra identidad.
El autor es ingeniero. Expresidente de Hagamos Democracia. Miembro del Bloque de Centro Derecha. Concertación Democrática Monte Verde. Miembro conservador de Ciudadanos por la Libertad (CxL) Exilio.