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En su edición Domingo del 28 de junio recién pasado, LA PRENSA ofreció a los lectores dos piezas informativas de mucho interés. Se trata de sendos reportajes sobre algunas personas connacionales, que no solo vale la pena leer sino también reflexionar sobre ellas, tomar nota de sus ejemplos y saber o comprobar de qué madera moral sólida o podrida están hechos los nicaragüenses.
Nos referimos, en primer lugar, al reportaje sobre Antonietta Herrera Laínez, la costurera o modista de Jalapa, en la Nicaragua profunda, que emigró a España y por su esfuerzo y talento se convirtió en una diseñadora de alta costura, que ha llegado a elaborar prendas vestidas por la reina Leticia y otras celebridades femeninas, como Isabel Preysler y Tamara Falcó.
Pero la jalapeña devenida en modista de alta costura en España es solo uno de los muchos casos de migrantes nicaragüenses que se abren camino y triunfan en los países donde han sido acogidos y se han establecido, desde la cercana Costa Rica hasta la lejana Australia. Lo cual es muy satisfactorio no solo para ellos y sus familias, sino también para todos los nicaragüenses, sean emigrantes o compatriotas que permanecen en el país.
Pero la información también muestra la fuga de talento humano nicaragüense en las más diversas áreas de actividad y disciplinas profesionales, gran parte del cual nunca regresará al país y su ausencia hará más dura y lenta la reconstrucción económica y cultural de Nicaragua después de que la dictadura caiga o termine de la manera que sea.
La otra información de sumo interés y lectura aleccionadora, a la que hemos querido referirnos, ha sido la titulada “Cómo los Ortega Murillo construyeron su fortuna de miles de millones”, también, como ya dijimos, publicada en la edición del domingo 28 de junio.
Dicha información de LA PRENSA ilustra que la familia de los codictadores de Nicaragua, Daniel Ortega y Rosario Murillo, poseen una fortuna “estimada en al menos 2,500 millones de dólares”, sin que ambos provengan de familias adineradas”. Además, agrega el reportaje, ellos “tampoco han tenido empleos que les permitieran amasar una fortuna”. O sea que se han aprovechado del poder político que detentan de manera despótica para hacerse millonarios.
Ciertamente, ya al terminar su primera dictadura, en 1990, los Ortega Murillo participaron en la famosa “piñata sandinista”, al apropiarse de una amplia y lujosa mansión y otras propiedades en el reparto El Carmen, de Managua, que habían ocupado a la brava cuando el FSLN derrocó a la dictadura somocista.
La fortuna de los Ortega Murillo se multiplicó después de que recuperaron el poder en 2007. A partir de entonces, explica LA PRENSA, “se volvieron millonarios luego de privatizar a su favor la cooperación venezolana destinada a Nicaragua, calculada en 5,000 millones de dólares entre 2007 y 2016. Con 500 millones anuales —manejados a su entera discreción— apuntalaron negocios que han prosperado al amparo del Estado”.
Eso aparte de los cuantiosos beneficios de múltiples negocios particulares de toda clase que han montado a la sombra del poder, y de los alrededor de 65 mil dólares en sueldos del Estado que ya en 2022 se asignaba el clan Ortega Murillo.
O sea que la dictadura de los Ortega Murillo, además de tiránica es también una cleptocracia, o sea un «gobierno de los ladrones», como califica la doctrina política “la forma de gobierno donde el poder político se utiliza para el enriquecimiento ilícito de los gobernantes, quienes saquean los recursos y el patrimonio del Estado”.
De manera que los Ortega Murillo son un ejemplo de lo peor de personas que hay en Nicaragua, en contraste con el luminoso modelo de nicaragüenses honrados, talentosos y trabajadores, como la diseñadora de modas Antonietta Herrera Laínez. Y como tantos otros nicaragüenses que viven, trabajan y triunfan, y en todo caso se ganan la vida honradamente en otros países y en el interior de Nicaragua.