En el nombre de los padres presos políticos, desaparecidos, desterrados y desnacionalizados

Celebramos el Día del Padre Nicaragüense este 23 de junio, una vez más bajo la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Pero con la esperanza de que los nuevos vientos frescos que soplan en las Américas traigan a Nicaragua la libertad, la democracia y la justicia anheladas.

El Día del Padre Nicaragüense fue establecido por la Asamblea Nacional mediante la Ley 811, aprobada en octubre de 2012.

En enero de 2007, Daniel Ortega, después de recuperar el poder, ya mostraba sus dientes autoritarios. Pero no había emprendido aún la deriva totalitaria que impondría violentamente a partir de 2018, mediante una represión sanguinaria.

Sobrevivía entonces en la Asamblea Nacional una oposición democrática minoritaria pero pujante, que impulsó algunas leyes democráticas aunque fuesen secundarias y de alcance limitado, entre ellas la que instituyó el Día del Padre Nicaragüense.

La celebración del Día del Padre el 23 de junio de cada año comenzó de hecho en el año 1960 por iniciativa del comercio nacional. En un comienzo eran muy pocas las personas y familias las que lo festejaban, mientras que la celebración del Día de la Madre fue masiva y general desde que se comenzó a celebrar en el año 1938.

Sin embargo, la celebración del Día del Padre poco a poco se fue haciendo cada vez más popular, hasta que en la fecha antes mencionada fue instituida legalmente como celebración nacional, aunque sin derecho a descanso laboral con disfrute de salario o sueldo, como es el Día de la Madre.

Como sea, la celebración del Día del Padre es una oportunidad para enaltecer a todos los padres que cumplen su obligación de practicar la paternidad responsable. Porque es el principal deber moral de todos los hombres que han procreado hijos y que se respetan a sí mismos.

Ciertamente, el Día del Padre Nicaragüense se estableció para enaltecer a los que sí cumplen su deber fundamental de garantizar o procurar el bienestar integral de sus hijos, proveer lo necesario para su subsistencia, brindarles educación y protección, y participar activamente junto con la madre en su crianza con una guía afectuosa y respetuosa.

Como se consignó en la ley creadora del Día del Padre Nicaragüense, “los padres son parte integral del núcleo familiar y sirven de guía o tutela de los hijos e hijas, teniendo la obligación de fomentar en sus descendientes no solo valores morales, sino también espirituales, formación que es imprescindible para que en el futuro los hijos e hijas se integren en la sociedad”.

Pero si bien es cierto que todos los padres responsables son acreedores al respeto social, mayor reconocimiento merecen por razones obvias aquellos padres que se encuentran en condición de presos políticos, algunos desaparecidos por la dictadura. Lo mismo que los padres desterrados y desnacionalizados, separados también de sus hijos por la fuerza represiva de la dictadura, u obligados a llevarlos también al exilio, sin posibilidad de darles en tierra ajena la atención material que necesitan y merecen.

Sin embargo, estamos seguros de que esos padres separados de sus hijos, u obligados a llevarlos al exilio, podrán algún día regresar a su patria. La Patria en mayúscula, que no por casualidad deriva de la palabra pater, padre en latín, que en un principio hacía referencia a la «tierra de los padres» o lugar de origen familiar. Y que ahora también significa el espacio territorial y nacional donde se comparte una cultura, una historia y unos valores comunes.

En fin, la patria es ante todo el lugar natural donde los padres deben criar a sus hijos como lo merecen, derecho humano esencial que la dictadura niega por ahora a muchos padres nicaragüenses. Pero que estamos seguros de que no lo podrá negar por mucho tiempo más.

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