Asegura el periódico ABC de España que el mensaje del papa León XIV durante su visita a ese país europeo, ha tenido eco en todas partes del mundo.
En realidad, la gira de León XIV por España (Madrid, Barcelona y las Islas Canarias) está siendo exitosa, como lo son todos los viajes papales al extranjero. Inclusive cuando el máximo líder de la Iglesia católica mundial se encuentra con ambientes no amistosos, o francamente hostiles, sus mensajes siempre repercuten en la conciencia de mucha gente, católicos o no.
Tal fue el caso de la primera visita del papa Juan Pablo II (ahora santo de la Iglesia católica), a Nicaragua, en marzo de 1983, cuando el poder revolucionario sandinista estaba en su máximo furor. En aquella ocasión el papa dejó claro que los sacerdotes no deben participar en el poder político, mucho menos si es contrario a la libertad, aunque algunos de sus principios proclamados se puedan parecer a la doctrina social de la Iglesia.
Además, cuando las turbas sandinistas intentaron sabotear la misa campal que ofició en la Plaza 19 de Julio, de Managua, el 4 de marzo de aquel año ordenó a las turbas que respetaran el oficio religioso y proclamó que “la primera que quiere la paz es la Iglesia”. Además, rechazó “compromisos ideológicos inaceptables, opciones temporales, incluso concepciones de la Iglesia que suplantan la verdadera”.
De esa manera Juan Pablo II dio una gran lección sobre el respeto que le deben a la libertad religiosa en general, y a la Iglesia católica en particular, aún quienes no tienen religión como es el caso de los revolucionarios marxistas.
Ahora bien, el comentario del periódico español sobre el eco del mensaje del papa durante su visita a España se refería sobre todo al discurso que pronunció ante el Parlamento de España, el primero de un pontífice en ese escenario.
A nuestro juicio, en lo que atañe Nicaragua todos los mensajes del papa León XIV en España encuentran eco en la población nicaragüense cuya mayoría es cristiana católica. Por la situación actual del país, dominado por una dictadura impía que ha agredido ferozmente a la Iglesia católica y otros sectores religiosos, lo dicho por el papa sobre la libertad de religión tiene una poderosa significación.
“Del respeto al otro —dijo León XIV en el Parlamento de España— nace también el deber de custodiar el espacio donde maduran sus convicciones, su conciencia y su relación con Dios. La atención a ese ámbito interior permite comprender mejor una cuestión decisiva para toda sociedad verdaderamente democrática: la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión, derecho fundamental que tutela el ámbito más íntimo de las personas…
“La libertad sobre la que se edifica el Estado contemporáneo, si es auténtica, reconoce la dimensión religiosa del ser humano, la respeta y la tutela jurídicamente; y evita que alguien tenga que renunciar a contribuir a la sociedad en la que vive por causa de su fe”.
Es que la libertad religiosa tiene la misma significación social y política que la libertad de prensa y de expresión del pensamiento. Son gemelas idénticas. Si no existe una de ellas de hecho no puede haber ninguna otra libertad.
El mensaje del papa en el Parlamento de España no ha podido ser más directo para el poder político (la dictadura) de Nicaragua. Que ha expulsado del país a obispos, sacerdotes, diáconos, seminaristas y personas consagradas. Que ha clausurado Cáritas, la principal agencia de caridad de la Iglesia católica, lo mismo que muchas otras de sus organizaciones, instituciones y medios de comunicación social.
“La libertad sobre la que se edifica el Estado contemporáneo, si es auténtica, reconoce la dimensión religiosa del ser humano, la respeta y la tutela jurídicamente; y evita que alguien tenga que renunciar a contribuir a la sociedad en la que vive por causa de su fe”, agregó León XIV. Y sentenció que “la legítima autonomía del poder político jamás debe interpretarse como hostilidad hacia el fenómeno religioso. La fe no pretende imponerse mediante privilegios ni coerciones, sin embargo, tampoco puede ser relegada al silencio como si fuese irrelevante para la vida pública”.
Como lo pretende hacer la dictadura de Ortega y Murillo en Nicaragua, a la que sin mencionarla directamente se refería también el santo padre León XIV.