A la memoria de Sixto Henry Vera

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Hace 8 años, Sixto Henry Vera, ciudadano de Estados Unidos que nació en Nueva York y que tenía una pequeña empresa en Managua, fue torturado y asesinado en la zona de Rubenia por las turbas de Daniel Ortega la madrugada del 2 de junio del 2018. Milagrosamente la Policía de Ortega, dos días después dio por cerrado el caso acusando a dos jóvenes, supuestamente pandilleros, que asaltaron y asesinaron al norteamericano.

Uno de ellos, Ezequiel Gamaliel Leiva García, murió meses después en el hospital producto de una bala disparada por paramilitares. La madre afirmo que es imposible y totalmente falso que su hijo tuviera participación en el asesinato de Sixto Henry Vera, ya que para esa fecha tenía varios días de estar hospitalizado. El otro joven, Néstor Emmanuel Molina Tiffer, presentado por la Policía como uno de los autores del crimen, apareció asesinado el 2 de julio. Su cuerpo fue hallado sin vida en el interior de un camión en Managua, en circunstancias que la versión oficial tampoco aclaró con transparencia.

Esa madrugada Sixto Henry Vera recibió una llamada de un amigo pidiendo ayuda. Sixto acudió a la zona de Rubenia con el objetivo de rescatar a su amigo. Las turbas orteguistas lo detuvieron, torturaron y asesinaron.

Curiosamente, lo que no existe públicamente en el Estado de Nicaragua: no hay expediente judicial público. No hay informe forense completo publicado y no hay informe oficial del Estado que detalle el caso individualmente.

El Consejo de Derechos Humanos de la ONU creó el Grupo de Expertos en Derechos Humanos sobre Nicaragua (GHREN). Las principales conclusiones jurídicas bajo estándares de la ONU en el caso de Sixto Henry Vera puede clasificarse como: Violación del derecho a la vida, posible ejecución extrajudicial, posible crimen de lesa humanidad, falta de investigación efectiva, responsabilidad internacional del Estado por omisión o aquiescencia.

El Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh) documentó de forma exhaustiva el caso de Sixto Henry Vera dentro de sus informes especiales de 2018 sobre la represión en Nicaragua. La postura y los hallazgos de este organismo contradijeron drásticamente la versión policial, enmarcando el crimen en un patrón de violencia estatal y parapolicial.

En el informe del Cenidh Nicaragua sobre el caso de Sixto Henry Vera aparecen como los puntos claves que denunció, documentó y corroboró, que la madrugada del 2 de junio de 2018 en la zona circundante al paso a desnivel de Rubenia y los accesos a la Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli) estaban bajo el control y acecho de fuerzas parapoliciales (civiles armados) y patrullas de la Policía Nacional que operaban con total impunidad en camionetas sin placas. Los testimonios recogidos apuntaron a que Vera no fue víctima de un asalto casual mientras transitaba; salió deliberadamente para intentar rescatar a un amigo que estaba atrapado o siendo agredido en un punto de control civil en esa zona de conflicto. Al ingresar al perímetro, fue emboscado por estos grupos armados afines al Gobierno.

El Cenidh criticó severamente la velocidad con la que la Policía Nacional presentó a los supuestos culpables, señalando que el sistema judicial se utilizó para criminalizar a los jóvenes de los barrios que apoyaban las protestas o se encontraban atrincherados en la Upoli. El organismo consideró que las detenciones de los jóvenes señalados por el Estado carecían de garantías procesales y formaban parte de una estrategia para desviar la responsabilidad de las fuerzas de choque gubernamentales y culpar a los manifestantes de la delincuencia generalizada, es decir eran «chivos expiatorios».

El delito de Daniel Ortega cometido contra Sixto Henry Vega y miles de casos más ocurridos a partir de abril 2018 no deben quedar impunes. La justicia internacional debe movilizar sus recursos para castigar a este criminal. Las lágrimas y sufrimientos de los familiares y de todos los ciudadanos exigen justicia. Amén de los crímenes cometidos anteriormente, que también deben estar presentes en el balance de la justicia y la historia.

El autor es empresario nicaragüense exiliado.

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