PLI Histórico: bisagra entre la dispersión y la unidad política

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Los indicadores actuales de la política y la geopolítica orientan sus bases hacia un solo objetivo: el sueño dorado de alcanzar la libertad atrapada por el régimen de Daniel Ortega y arribar a la democracia, cuidarla y volverla sostenible, una vez superado este áspero entuerto. Aflora esa nueva era y, para hacerla realidad, está la política de inclusión de todos quienes anhelamos este propósito desde la casa abierta —arrebatada momentáneamente— del Partido Liberal Independiente (PLI-Histórico).

Después de tantas idas y venidas, encuentros y desencuentros, la única causa capaz de convocar verdaderamente a todos los nicaragüenses, sin importar ideología, partido político, religión o condición social, debe ser Nicaragua y todo lo que esa hermosa palabra contiene para un pueblo entero y para el respirar de cada ciudadano nacido en ella.

En medio de ese desafío histórico, este partido no solamente es una organización política, sino también una posible bisagra nacional capaz de articular voluntades dispersas y convertirlas en una fuerza cohesionada e inquebrantable.

La nación necesita un nexo. Un puente entre unos y otros; entre distintos y convergentes; entre el exilio y el pueblo de adentro. Un punto de encuentro donde puedan coincidir la oposición interna, la diáspora, los sectores democráticos, la juventud, los campesinos, los estudiantes, los empresarios, la sociedad civil y todas las corrientes políticas comprometidas con la libertad, así como los contras y el relevo generacional de todas ellas. Esa debe ser la única causa social y humanitaria que nos quite el sueño.

Ese nexo debe estar por encima de los intereses personales, de las disputas partidarias y de las descalificaciones que durante años han debilitado a la oposición democrática. Y no solo es eso. La comunidad internacional, los propios Estados Unidos, la Unión Europea y otras naciones democráticas siempre han apuntado hacia esa necesidad de unidad. Obviar este hecho es dar palos de ciego, volver la vista atrás y revolvernos las tripas, anquilosados en nuestras torres de barro y en luchas envueltas en utopías y egos virales, pero banales.

La experiencia de los últimos ocho años demuestra que múltiples esfuerzos unitarios terminaron debilitados por agendas individuales, protagonismos estériles o divisiones ideológicas que alejaron el objetivo central de liberar al país.

Por ello, el PLI Histórico propone una visión distinta: convertirse en la bisagra política y moral que facilite una unidad auténtica, amplia y funcional. No se trata de imponer hegemonías ni supremacías. Se trata de construir un espacio donde tengan cabida todos los sectores opositores, comprometidos con las libertades públicas y el pluralismo.

Una vez oficializada la transición y puesta en marcha la ruta electoral desde esta unidad nacional habrá espacio para que cada partido levante sus banderas ideológicas y busque alcanzar el respaldo popular en elecciones libres. No comprender este momento histórico es como poner la carreta delante de los bueyes.

Seamos serios, sensatos. Ningún sector podrá reconstruir por sí solo un país devastado institucionalmente y fracturado socialmente. Harán falta inteligencia política, desprendimiento personal y una enorme capacidad de reconciliación nacional para alcanzar una reconciliación auténtica, sin exclusiones sectarias.

El PLI Histórico entiende que la prioridad no debe ser quién encabece primero una candidatura o quién obtenga mayores cuotas de poder, sino cómo crear una estructura nacional capaz de garantizar elecciones libres, institucionalidad, justicia independiente, inversión, retorno de los exiliados y estabilidad democrática duradera.

El liberalismo histórico nicaragüense posee, además, una profunda raíz republicana vinculada a la defensa de las libertades individuales, la alternabilidad en el poder, la propiedad privada y el respeto a la Constitución. Son principios esenciales para evitar que Nicaragua vuelva a caer en nuevos ciclos de autoritarismo.

El PLI Histórico está llamado a asumir ese papel histórico desde su amplia plataforma partidaria en el territorio nacional y el exilio. Nicaragua necesita precisamente eso: una bisagra política que articule el país democrático que viene: la Nicaragua de todos.

El autor es escritor y periodista nicaragüense exiliado en Estados Unidos, columnista internacional y vocero en el exterior del PLI-Histórico

COMENTARIOS

  1. Hace 3 meses

    El artículo del compatriota Ariel plantea reflexiones válidas sobre la necesidad de unidad política, pero creo que pierde objetividad cuando da prácticamente por descontada una futura “transición” ya encaminada. En política, y especialmente en la historia latinoamericana, asumir desenlaces como inevitables suele responder más a deseos o narrativas aspiracionales que a una lectura fría y realista de las condiciones reales del poder.

    Precisamente por la gravedad de la situación nicaragüense, sería importante analizar estos escenarios con mayor prudencia y menos sentido determinista. La transición no puede tratarse como un hecho consumado ni como una consecuencia automática de presiones internacionales o dinámicas geopolíticas. La realidad suele ser mucho más compleja, impredecible y dura que los marcos teóricos desde donde muchas veces se escribe el análisis político.

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