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Lo primero que debemos considerar como oposición es que nos enfrentamos a Ortega, un dictador muy hábil en política, con mucha experiencia y sin escrúpulos. Es asesino, narco, comunista y terrorista. Amigo de todos los enemigos de Estados Unidos y con fuertes vínculos con los carteles mexicanos, colombianos y las mafias internacionales. Aliado estratégico de los regímenes de Rusia, China, Cuba, Irán y otras yerbas aromáticas. Todos ellos enemigos a muerte de la democracia occidental. Nada nuevo, pero es importante tenerlo muy en cuenta al definir estrategias, tácticas, planes de lucha y, sobre todo, para no hacerse ilusiones de que divididos podemos derrocarlo.
La oposición tiene un espectro muy amplio. Estamos los que fuimos militantes y simpatizantes del FSLN, que de una forma u otra colaboramos a la consolidación de esa dictadura y que en algún momento abandonamos ese proyecto. Aprovecho este espacio que generosamente me concede LA PRENSA para pedirle perdón a los nicaragüenses por haber apoyado a esa mafia. Como yo, muchos estamos en la oposición y tenemos que comprender que algunos nos miran con recelo y desconfianza. Y no por ello debemos molestarnos ni retirarnos de la oposición. Somos gente con amplia experiencia en política, conocemos al orteguismo y podemos aportar mucho para derrocar a la dictadura. Sí creo que, debemos dejar las aspiraciones de liderazgo y protagonismo a los opositores que siempre han estado del lado de la democracia y la libertad.
Otro grupo de la oposición son los miembros de la Resistencia. El FSLN realizó campañas mediáticas para pretender desnaturalizar la lucha patriótica de la Resistencia. Les achacó crímenes y violaciones contra los miembros del Ejército sandinista e incluso contra la población civil sandinista. Pero sin duda alguna, sin su lucha patriótica y valiente jamás hubiéramos tenido elecciones medianamente libres en 1990, que permitieron la contundente victoria de doña Violeta Chamorro y el inicio de la reconstrucción de Nicaragua. Este grupo deberá ser parte muy importante en la construcción de la oposición que nos lleve nuevamente a la victoria.
MRS-Unamos, este grupo que teóricamente se salió del FSLN, fue a las elecciones de 1996 con Sergio Ramírez a la cabeza sacando apenas el 0.44 por ciento. Para el 2001 fue aliado con Ortega y luego, supuestamente se volvió a salir del redil del orteguismo. De allí la desconfianza en las filas de la oposición. Además, a pesar de haber ocupado la vicepresidencia, varios ministerios y otros cargos muy importantes en la dictadura del FSLN, jamás han pedido perdón al pueblo por haber sido parte muy importante de la dictadura del FSLN, que asesinó, envió a miles de jóvenes a la guerra sin la preparación necesaria, confiscó, dividió a la familia, inserto al país en el narcotráfico y destruyó la economía entre otras atrocidades. Tampoco, jamás han brindado información relevante sobre esos acontecimientos, que sin duda hubieran ayudado a esclarecer crímenes de lesa humanidad, múltiples violaciones a los derechos humanos, narcotráfico y que hubieran permitido enjuiciar a los sandinistas involucrados directamente. Estas razones hacen que exista mucha desconfianza hacia ellos. Sin embargo, ahora que se declaran opositores, habrá que tomarlos en cuenta con las reservas del caso.
Los toñistas, este grupo que acompañó a Toño Lacayo en la muy difícil tarea de reconstruir el país y que algunos han sido señalados de haber participado en actos de corrupción en las privatizaciones y en la gestión gubernamental, debemos reconocerles sus importantes aportes en la recomposición de la economía y la sociedad. Entre ellos hay gente muy capaz que tiene mucho que aportar en esta batalla contra la dictadura.
Los arnoldistas, el gobierno de Aleman consolidó la economía y logró un crecimiento económico sin precedentes. Lamentablemente su pacto con Ortega y los actos de corrupción mancharon su legado. Sin embargo, hay que reconocer, que aun con el pacto, el PLC con Bolaños y Rizo y el respaldo de Alemán, lograron infringir la tercera derrota de Ortega. Entre los liberales que acompañaron a Alemán y que no tuvieron nada que ver con los actos de corrupción, y que se han mantenido firmes en su oposición al orteguismo, hay gente valiosísima que deberán jugar papeles importantes en la victoria de la oposición y en la reconstrucción del país.
Los bolañistas, este proyecto político logró hacer una excelente gestión con mucho menos corrupción y consolidó la senda del desarrollo del país. Lamentablemente no entendieron que su prioridad y primera responsabilidad era garantizar la continuidad en el poder del liberalismo. El equipo humano que acompañó a Bolaños estaba constituido por empresarios y profesionales de muy altas calificaciones, que sin duda alguna deberán jugar roles relevantes en la oposición.
El grupo de Vamos con Eduardo, ahora convertido en Ciudadanos por la Libertad (CxL) lleva sobre sus hombros el estigma de haber dividido al liberalismo y al ir divididos y con las modificaciones del pacto, le permitió a Ortega volver al poder. Sin duda, ahora con el liderazgo parcial que tiene Juan Sebastián Chamorro y el grupo de empresarios y profesionales que lo acompañan ofrecen uno de los sólidos cimientos para la construcción del partido único que requiere la oposición.
La Ruta del Cambio es una organización que dirige Félix Madariaga y sin duda será otro de los pilares fundamentales en la construcción del partido de oposición que conduzca a la victoria al pueblo de Nicaragua. Además, existen múltiples organizaciones muy capaces que sin duda alguna serán factores relevantes en la lucha contra la dictadura.
Los nuevos líderes como Juan Sebastián Chamorro, Félix Maradiaga, Medardo Mairena, José Antonio Peraza, Lesther Aleman, Max Jerez, Valeska Valle, Yubrank Suazo y muchos más, son sin duda personas muy capaces, valientes y representan una enorme esperanza y fortaleza en la oposición. Hay también gente independiente muy valiosa que sus liderazgos serán fundamentales para la victoria.
La principal conclusión es que debemos de construir una unidad basada en valores, estrategia común, y hacerlo en base a las fortalezas de cada líder, de cada grupo, de cada ciudadano. No se construye con las debilidades, ni recordando errores, sino con las fortalezas. Es la unidad el único camino que nos permitirá derrocar a la dictadura de Ortega. Algunos se creen líderes o quieren ser los líderes. Eso es normal y no es el problema. Las exigencias del combate irán decantando los liderazgos, por lo que no debemos criticar a quienes quieran figurar. El camino de la victoria es difícil y complejo. Dejemos que las vivencias nos vayan mostrando a los que tengan la valentía y la capacidad de brillar y mantener el estandarte de la victoria.
El autor es empresario nicaragüense, excarcelado, confiscado y exiliado.