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La estabilidad macroeconómica que en los últimos años el régimen de Daniel Ortega ha pregonado no ha generado ni riqueza ni mejorado la calidad de vida de cada nicaragüense. Es puro espejismo numérico, advirtió el economista Marco Aurelio Peña, en el estudio denominado Economía del malestar, divulgado por el Centro de Estudios Transdisciplinarios de Centroamérica (Cetcam).
Tal es el espejismo, que según Peña, si bien entre el 2023 y 2025 el PIB per cápita se ha expandido en promedio 6.8 por ciento, los nicaragüenses ni siquiera pueden pagar con sus ingresos lo básico: los componentes de la canasta básica. «La brecha entre el coste de la canasta básica y el nivel de los salarios pone de manifiesto el ascenso meteórico del primero y las rigideces del segundo», afirma.
Con 2,953 dólares por habitante, el PIB per cápita está lejos de aproximarse al ingreso medio más alto de Centroamérica: 19,802 de los panameños o los 19,104 de los costarricenses. Es Honduras el PIB per cápita más próximo, con 3,637 dólares.
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«El ingreso por habitante de Nicaragua es 6.7 veces inferior al de Panamá, el más alto de la subregión, y 1.2 veces inferior al de Honduras, el segundo más bajo», explica. Esto en una economía, cuyos datos macroeconómicos han sido elogiados por el Fondo Monetario Internacional (FMI), pero sin ahondar detrás de esos números.

«La radiografía macroeconómica se percibe irreal cuando se la contrasta con las realidades económicas de las personas y las comunidades. La macro es como el chequeo general que no dice mucho sobre un paciente enfermo que amerita exámenes especiales para un buen diagnóstico», advierte.
Peña explica que «un espejismo es una ilusión, un concepto o imagen sin verdadera realidad. A la productora agrícola, el empleado informal, la pequeña emprendedora, el trabajador por cuenta propia o el profesional independiente, probablemente les parezca tan solo una pertinaz ilusión la estabilidad macro cuando el dinero se les escurre como agua entre los dedos debido a la erosión del valor real del córdoba en sus gastos de consumo y en sus costos de operación».
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Canasta básica impagable
Sobre lo más básico, como es el costo de la canasta básica de Nicaragua, el economista señala que la brecha entre la cesta y los ingresos «es sumamente preocupante pues aunque las personas destinen el ciento por ciento de sus ingresos ordinarios no logran cubrir una cesta de consumo básico de 53 productos».
Por ejemplo, en diciembre del año pasado, la canasta básica ascendió a 20,821.68 córdobas, equivalente a 568.52 dólares. En el mismo año, el salario mínimo más bajo apenas fue de 5,950.02 córdobas (unos 162.46 dólares); el salario mínimo más alto fue de 13,315.71 córdobas (363.58 dólares) y el salario promedio nominal fue de 15,873.47 córdobas (433.41 dólares).

De 2021 a 2025, el costo de la canasta básica subió 4,566.30 córdobas, es decir un aumento del costo de la vida del 28 por ciento y aunque, en el mismo lustro el salario promedio nominal mejoró 3,633.87 córdobas (un aumento del 30 por ciento), esto «no es suficiente para que en el corto plazo la situación se revierta», recoge la investigación.
Pero lo más paradójico de ese encarecimiento —señala el economista— es que «insólitamente, en un país productor —donde abundan los bienes alimenticios— justamente es el componente alimentos cuyo costo se ha disparado». Entre 2021 y 2022 la variación hacia el alza de los alimentos fue de 2,446.10 córdobas, es decir, se encarecieron en un 22 por ciento.
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Mientras que entre 2021 y 2025, el costo siempre del componente alimentario subió otros 3,721.01, se encareció un 33.5 por ciento. Es decir son las alzas en los alimentos que han «evaporado» los ingresos de las familias. «Esto quiere decir que con un billete de 500 córdobas se compran menos alimentos que antes», alerta.
Nicas reúnen todos sus ingresos
En ese contexto y con una macroeconomía estable, el economista plantea: ¿Cómo hacen los nicaragüenses para asumir lo básico que es impagable? «Congloban los ingresos disponibles de la familia obtenidos por medio de su empleo o pensión; ingresos ordinarios netos, es decir, luego de pagar impuestos o libres de impuestos por exención o informalidad. El ingreso disponible incluye las remesas monetarias. A los ingresos ordinarios se suman otros provenientes de economías sumergidas, alquileres, ocasionales, transferencias, etc.».
Esto está en línea con lo planteado esta semana por una fuente empresarial que aclaró que el crecimiento de la economía está anclada a las remesas, más que al tema de la productividad, que es la que al final garantiza la sostenibilidad de la expansión a largo plazo. «Es importante entender el peso de las remesas en esta historia. Los dos sectores que apuntalan este crecimiento en febrero son minas y construcción seguidos por comercio y hoteles y restaurantes. Estos dos últimos tienen un peso casi cuatro veces superior que el de los dos primeros y ese peso se apuntala en las remesas que hoy representan aproximadamente el 30 por ciento del PIB del país», dijo.
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«Este es un tema relevante porque es muy diferente ser un país que crece por su productividad que un país que crece por su consumo interno producto de las remesas que mandan sus ciudadanos que han tenido que abandonar el país por falta de oportunidades y futuro. Producto de la crisis sociopolítica el país pasó de crecer gracias principalmente a su sector productivo a crecer en base a las remesas que recibe que se traducen en consumo y por eso la importancia que hoy representa el comercio, los hoteles y restaurantes, la intermediacion financiera», indicó.

Mercado laboral deficiente
Otro espejismo planteado por el economista Peña está relacionado con el mercado del trabajo en Nicaragua. Al respecto menciona que las cifras oficiales muestran que 9 de cada 10 nicaragüenses están empleados. «Estas ‘cifras alegres’ desafían el sentido común porque no encuentran correspondencia con la realidad de quienes buscan oportunidades de empleo. Los niveles de ocupación dependen del grado de expansión económica de un país», explica.
Peña ejemplifica que resulta paradójico que mientras Nicaragua reportaba en 2023 pleno empleo, con una tasa de desempleo de 2.4 por ciento, Panamá y Costa Rica tenían tasas de 6.9 y 6.3 por ciento en esa misma variable. «Al comparar los datos oficiales de Panamá, Costa Rica y Nicaragua sobre porcentajes de desempleo abierto llama poderosamente la atención que las dos primeras economías, consideradas las más dinámicas y grandes de Centroamérica en términos de producto total, no tienen pleno empleo y muestran desafíos de resiliencia en sus mercados laborales al recibir fuerza de trabajo migrante», dice el economista.
Efectos del subempleo en Nicaragua
Otro elemento siempre dentro del mercado del trabajo es el subempleo. «Cuatro de cada diez personas están subempleadas. El subempleo o infraempleo es un empleo inadecuado porque son trabajos precarios, las personas en esa modalidad sufren explotación laboral, están sobrecalificadas para lo que hacen o trabajan menos tiempo del que desean».
«La altísima informalidad, la tasa de subempleo y el autoempleo hacen parte de la trampa del desempleo encubierto», explica. Según datos del Instituto Nacional de Información de Desarrollo (Inide), el año pasado el subempleo azotaba al 39.7 por ciento, mientras el desempleo abierto fue de 2.4 por ciento, es decir ambos indicadores sumados afectaban al 42.1 por ciento de la población en el mercado laboral.
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«Desde 2018 Nicaragua pasó de un incierto bienestar a una economía del malestar porque, desde un enfoque de desarrollo humano, aunque el país oficialmente crezca, no hay desarrollo pleno al deteriorarse/estancarse indicadores del nivel de vida y el ejercicio de libertades fundamentales», enfatiza el economista.

Grave situación institucional
Los factores antes mencionados se ven empeorados por los problemas institucionales. Peña lo describe así: «Pésima institucionalidad, economía no libre y prosperidad baja. Mediciones independientes indican instituciones políticas y de mercados deficientes, libertad económica restringida, sistema legal y derechos de propiedad mal evaluados y prosperidad muy rezagada, todo lo cual determina una economía del malestar».
A esto se agregan las relaciones económicas internacionales del país que están bajo tensiones. «Nicaragua está expuesta a más sanciones a cargo de EE. UU. por incumplimiento de las cláusulas del DR-Cafta».
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Además recuerda que Nicaragua en 2025 está posicionado entre los ocho países con mayor percepción de corrupción en el mundo y desde 2011 hay un progreso social estancado, «dilucidando la ineficacia de los programas gubernamentales».