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Periódicamente los medios y centros de estudios norteamericanos ofrecen sus valoraciones de los presidentes de los Estados Unidos. Recientemente di con uno de estos listados navegando en mi computadora. A continuación, incluyo cinco de los más prominentes de estos paladines: George Washington, Thomas Jefferson, Abraham Lincoln, Theodore Roosevelt y su pariente Franklin Roosevelt.
El primero de estos es el más conocido. Washington era un aristócrata y hacendado de Virginia que fue el jefe de las fuerzas coloniales durante la exitosa revolución en contra de Gran Bretaña en el siglo dieciocho. Posteriormente, fue electo el primer presidente de la Unión Americana y reelecto por sus compatriotas para un segundo período. Por su liderazgo en el campo de batalla y su honradez y patriotismo como el primer jefe de Estado de la nueva nación, Washington es considerado el padre de su patria.
Jefferson también tuvo un rol importante en la Revolución. Redactó la Declaración de Independencia de las 13 colonias que se unieron para liberarse de Inglaterra. Fue, además, el tercer presidente de su país y durante su gobierno autorizó la compra de Luisiana a Francia. Este territorio era mucho más grande que el estado que actualmente lleva ese nombre. Era inmenso, contaba con aproximadamente 2.1 millones de kilómetros cuadrados, ¡un área más grande que México! Y lo consiguió a un precio de guate mojado: ¡tres centavos por acre! Con esta adquisición, Jefferson prácticamente duplicó el tamaño de su país. Y lo hizo sin consultar al Congreso para no empantanarse en lo que seguramente hubiera sido un prolongado debate. Jefferson explicó que “así, el Congreso podrá debatir cómo y que yo hice, y no la compra”.
Como Washington, Jefferson era un aristócrata del estado de Virginia. Murió en su hacienda, Monticello, el 4 de julio de 1826 a la edad de 83 años. Increíblemente, su fallecimiento coincidió con el cincuenta aniversario de la aprobación de la Declaración de Independencia, que él redactó, y con el mismo día que murió John Adams, un rival político suyo que fue el segundo presidente de los Estados Unidos.
Abraham Lincoln es uno de los más admirados presidentes norteamericanos. Fue un abogado de origen humilde que fue electo a la Cámara de Representantes estadounidense por un período en 1846. Allí se destacó por su oposición a la esclavitud, que existía en los estados del Sur de la nación, y a la Guerra de Estados Unidos con México que resultó en la derrota de México. En esta guerra, Estados Unidos adquirió 1.3 millones de kilómetros cuadrados incluyendo lo que ahora conocemos como los estados de California Arizona y Colorado, entre otros. Lincoln fue electo presidente en 1860 y 10 estados sureños cuyas economías dependían de la esclavitud de afrodescendientes se rebelaron y formaron su propia nación. Esto, a su vez, provocó la Guerra Civil entre “Norte y Sur” que resultó ser la más cruenta en la historia estadounidense con más de 700,000 muertos, una cifra mayor que el número de soldados norteamericanos que fallecieron en las primera y segunda guerras mundiales ¡combinadas!
Los dos presidentes Roosevelt —Theodore y Franklin— también figuran en el listado de los jefes de Estado norteamericanos más famosos. Teodoro era un aristócrata que llegó a la presidencia a inicios del Siglo XX cuando él era vicepresidente y el entonces jefe de Estado, William McKinley, fue asesinado. Teodoro tenía sólo 42 años cuando llegó a la Casa Blanca y pasó a la historia como el jefe de Estado más joven en la historia de los Estados Unidos. Entre sus logros, impulsó la construcción del Canal de Panamá e hizo de los Estados Unidos una potencia mundial con la construcción de una grande y moderna armada de guerra. Theodore también se dedicó a conservar las bellezas naturales del país creando cinco “parques nacionales” y 150 “bosques nacionales”. Además, tenía una personalidad alegre y dinámica. Por eso “Teddy” —a como era y sigue siendo conocido— es uno de los jefes de estado más populares de los Estados Unidos.
Franklin, un primo en quinto grado de Theodore, fue gobernador dos veces de su estado natal, Nueva York. Posteriormente fue electo presidente cuatro veces. Franklin enfrentó la Gran Depresión económica que estalló en 1929 aumentando los gastos del gobierno a niveles jamás visto antes para contrarrestar los gastos disminuidos del sector privado. También estableció el Seguro Social y estuvo al timón de los Estados Unidos durante más de tres años durante la Segunda Guerra Mundial después del sorpresivo ataque japonés a la armada norteamericana en su base de Pearl Harbor en Hawái. Falleció medio año antes de que terminase la guerra mientras estaba recibiendo tratamiento para su poliomielitis en un sanatorio en Warm Springs, Georgia. Pero para entonces sólo faltaba medio año para que terminase exitosamente para los EE. UU. la guerra.
Cierro a este grupo de destacados presidentes norteamericanos con alguien que puede sorprender a algunos lectores: Harry Truman. Este señor del estado de Missouri era muy poco conocido fuera de su tierra natal. Fue el último de los tres vicepresidentes que tuvo Franklin Roosevelt y al fallecer Roosevelt gobernó a Estados Unidos durante los últimos meses de la Segunda Guerra Mundial. Fue él quien autorizó el uso de la bomba atómica contra Japón que puso un fin rápido a la guerra. También ayudó sentar las bases para la década de los años cincuenta cuando se comenzó a reconstruir la inmensa destrucción ocasionada en Europa Occidental y el Japón por la Segunda Guerra Mundial. Esto les dio ánimo a los pueblos de estos países y permitió que optaran por las democracias que hasta ahora siguen teniendo. Fue durante su administración que también nació la Guerra Fría, una suerte de tensa paz entre las democracias de Occidente y la Unión Soviética que evitó la posibilidad de una guerra de armas nucleares ¡que hubiera sido calamitoso!
Durante este tiempo también se construyó la arquitectura institucional e internacional que jugó —y sigue jugando— un papel importante en no sólo preservar la paz si no que en fomentar el crecimiento económico y social mundialmente. Me refiero a instituciones como las Naciones Unidas, el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.
El autor fue canciller de Nicaragua y director del Banco Mundial. Vive en Washington después de ser desterrado por la dictadura Murillo-Ortega