El discurso de odio que la dictadora Rosario Murillo ha reavivado en la última semana contra los medios independientes y la oposición es consecuencia del fracaso del régimen para establecer su narrativa, consideró este viernes 24 de abril el politólogo José Antonio Peraza.
Murillo ha sido señalada desde 2018 por cometer crímenes atroces. Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Unión Europea y Suiza la han sancionado por su responsabilidad en la represión de los nicaragüenses. Sin embargo, ella sin ruborizarse calificó la mentira como un “crimen de lesa humanidad”. De esa manera pretendió descalificar a sus críticos y ubicarse en el territorio de la “verdad verdadera”.
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Peraza afirmó que el hecho que el orteguismo culpe a los medios independientes, precisamente “por tergiversar” el discurso oficial, se debe a que la dictadura nunca asume las responsabilidades de sus actos.
La comparación con los Somoza
Lo otro es el fracaso de su estrategia propagandística, como recuerda el politólogo. “A pesar de los recursos invertidos, queda al descubierto su incongruencia: son una vulgar dictadura familiar, igual o peor que los Somoza”, aseguró.

Además de controlar las redes territoriales del partido, las instituciones y los actores represivos, la dictadora Murillo es la responsable del control del discurso público y la propaganda, junto a su hijo Daniel Edmundo Ortega Murillo. A pesar de ser una protagonista activa de conculcar sus derechos a los nicaragüenses para prolongarse en el poder, ella se quejó el miércoles 22 de abril de los “mentirosos” para marcar una semana en que volvió a sus descalificaciones habituales a sus críticos.
“A quienes han matado, asesinado, bueno, allá ellos, nosotros sabemos que todo mal se paga y no es que nadie vaya a ninguna persona, porque después dicen que se amenazó, hay unos expertos en mentiras, los propagandistas de la mentira, esos que no han acabado de suceder algo cuando ya están inventando y magnificando que es una tragedia en Nicaragua. Las tragedias que ellos generaron e inventan”, acusó en su primera intervención.
El 23 de abril siguió con sus diatribas. Arremetió nuevamente contra los que mienten, mientras ratificó que ellos (dictadura) dicen supuestamente la verdad. La semana concluyó de manera intensa este viernes cuando ella afirmó que está segura de que no se sienten bien consigo mismos quienes están contra la «paz».
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“Ojalá que esos corazones agrios, que han sido carcomidos por el mal, puedan tomar conciencia que el primer nivel de daño se lo hacen ellos mismos, sus familiares; no creo que alguien pueda sentirse bien haciendo daño. Ni siquiera aquellos que están cegados por la envidia y ambición”, expresó.
El falso discurso de la “paz”
Durante años, el monólogo oficialista ha intentado fijar sin éxito el mensaje de que el régimen cuida la “paz”. En 2018, miles de ciudadanos salieron a las calles a protestar pacíficamente. Fueron calificados como terroristas por el régimen. Murillo incluso fue quien en la cúpula alentó con encono la respuesta del Estado con calificativos como “minúsculos” o “vampiros”, dirigidos a los opositores.
La consecuencia fue una represión brutal. Para hacerla efectiva, este ataque a los civiles estuvo en manos directas de una estructura organizada, en la que participó la Policía, grupos parapoliciales y miembros del partido oficialista, según organismos de derechos humanos.
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Al declararse víctima de un intento de golpe de Estado, financiado desde el extranjero, la dictadura montó el discurso con el que se valdría para perseguir a sus críticos. Unos terminaron presos, muertos y otros exiliados. La represión ahora es transnacional también.
“El Estado nicaragüense ha desarrollado una estrategia intrincada y adaptativa para suprimir la disidencia, que ha evolucionado desde una represión inicial violenta y desproporcionada de protestas legítimas generalizadas hasta tácticas altamente focalizadas con alcance global. Esta estrategia abarca las privaciones arbitrarias de la nacionalidad, expulsiones forzadas y prohibiciones de entrada, confiscaciones de bienes, denegaciones de pasaportes, alteraciones o eliminaciones de documentos del Registro Civil y vigilancia generalizada”, explicó un informe del Grupo de Expertos de Naciones Unidas en Nicaragua (GHREN) en septiembre de 2025.
Credibilidad cero del régimen
El discurso oficialista no tiene credibilidad. Las transmisiones en vivo de Murillo solo cuentan con algunos seguidores, pero la granja de troles con la que trabajan intenta amplificar sin éxito el mensaje.
La evidencia sobre las violaciones a derechos fundamentales son contundentes. Los organismos de derechos humanos han documentado las graves violaciones de derechos humanos y la comunidad internacional ha sancionado a Murillo, sus hijos, y a varios presuntos responsables de la represión.
Según el mismo grupo de expertos de Naciones Unidas, 54 funcionarios integran la cadena de mando de estos abusos de 2018. Entre ellos están Ortega y Murillo. Sin embargo a pesar de las evidencias, los dictadores cuentan con el respaldo de China y Rusia que dicen no interferir en los “asuntos internos” de sus socios.
Los insultos de Ortega a Trump
Las descalificaciones de Murillo contra los medios y opositores coincidieron esta semana con los insultos de Ortega al presidente de Estados Unidos, Donald Trump. La pareja de dictadores tenían casi cuatro meses en silencio tras la captura en enero por tropas estadounidenses del dictador venezolano Nicolás Maduro. Ese fue un golpe al tratarse de un aliado que fue esencial para la construcción del poder totalitario que ellos ejercen en Nicaragua sin ningún contrapeso.
El 20 de abril, Ortega aseguró que Trump no estaba en sus cinco sentidos y afirmó que Estados Unidos ya no hallan a quién sancionar. Esa fue su reacción al castigo impuesto por el Departamento del Tesoro a sus hijos Daniel Edmundo y Maurice Ortega Murillo, pero también a varias empresas en el sector del oro, una de ellas relacionada directamente con la familia en el poder: El Grupo Minero Xiloá, S.A. (Grumixsa).
“El otro tema es de lo que acaba de suceder, posiblemente Daniel Ortega como ya está viejo, está acostumbrado a vociferar. No se ha dado cuenta, o no lo interiorizan, de que estamos en un mundo diferente. No son los ochenta, ni la administración Biden, ni la primera administración Trump. Aquí hay un cambio geoestratégico de Estados Unidos”, explicó.

El politólogo Peraza se refería a la aplicación por Trump ahora de la doctrina Monroe: “América para los americanos”. Esta política es aplicada por el secretario de Estado, Marco Rubio. Y eso deja por fuera del escenario en la región a potencias extranjeras como China y Rusia. Pero Ortega mantiene relación con esas dos potencias precisamente, a las cuales Estados Unidos considera enemigas.
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Tras la captura de Maduro, Estados Unidos presionó también a la dictadura de Cuba con el bloqueo petrolero y mantiene actualmente conversaciones con su dirigencia. Con Ortega y Murillo, el Departamento de Estado ha demandado el retorno de la democracia y la libertad de los presos políticos, mientras ha dirigido críticas a Rosario Murillo por su ilegitimidad.
“Ellos (Ortega y Murillo) tienen un serio problema en su base, porque se han jactado de ser antimperialistas y creo que piensan que ellos se pueden seguir manteniendo con ese discurso. Lo que pueden es salir lastimados con la retórica”, advirtió Peraza.
Ciudadanía confía en medios independientes
Según la última encuesta de Hagamos Democracia (HD), publicada a finales de marzo, la ciudadanía confía en los medios de comunicación independiente (83.8 %). Tan solo una mínima parte de la población (16.2 %) los encuentra poco creíbles.
“Los medios independientes conservan altos niveles de credibilidad, mientras la oposición es valorada mayoritariamente como regular o mala. A su vez, una amplia mayoría respalda una negociación con la dictadura, acompañada por EE. UU., para buscar condiciones de transición democrática”, destacó el informe de HD.
El estudio lo realizaron en 40 municipios del país y abordó la situación económica y política del país, así como otros temas de interés como la vigilancia a la que son sometidos por el Estado tanto la ciudadanía en general como los empleados públicos. Por su credibilidad, los medios independientes han sido perseguidos. Al menos 308 periodistas y trabajadores de medios han tenido que irse al exilio desde 2018 para seguir informando sobre Nicaragua, a medida que Murillo intenta imponer su reino de mentiras.