Rosario Murillo

Rosario Murillo. Foto/Presidencia.

Murillo dice sin ruborizarse: «La mentira es un crimen de lesa humanidad»

Dictadora Murillo intenta distorsionar la realidad en un nuevo discurso de odio. Sin embargo, su régimen es acusado de haber cometido crímenes atroces

Rosario Murillo volvió este jueves “a la carga” con su discurso de odio y su habitual desfachatez. En su alocución en los medios oficialistas, la dictadora atacó a los «traidores» que mienten y los acusó de cometer “crímenes de lesa humanidad”.

Pero Murillo se encuentra sancionada desde 2018 por Estados Unidos por su responsabilidad en la represión. También la castigaron desde entonces Canadá, Suiza y la Unión Europea. Es objeto además de una investigación penal y tiene orden de captura internacional emitida desde diciembre de 2024 por un tribunal de Argentina, donde figura como corresponsable de crímenes atroces junto con su esposo Daniel Ortega y otros diez funcionarios.

“Hay quienes piensan que decir la verdad es un descaro, nosotros pensamos que mentir es un pecado capital, sobre todo cuando la mentira sirve para destruir, cuando la mentira es la base de crímenes de lesa humanidad”, dijo Murillo.

Este jueves, fiel a su estilo, ha mezclado anuncios de propaganda estatal con lenguaje religioso, mientras ha dejado claro que el oficialismo defiende la «verdad» y que «la verdad se toca, se vive, se siente y es verdad verdadera de un pueblo que es presidente».

La manipulación del lenguaje

Murillo está al mando del Consejo de Comunicación y Ciudadanía, a través del cual coordina la propaganda de los medios oficialistas con su hijo Daniel Edmundo Ortega Murillo, pero además ella controla las redes territoriales del partido, los resortes institucionales y también los actores involucrados en la represión.

El concepto propagandista de la verdad verdadera es con el que quieren imponer su visión de la realidad. Según ellos, fueron objeto de un supuesto golpe de Estado en abril de 2018, pero lo que pasó realmente es que ordenaron la represión contra los ciudadanos que protestaban pacíficamente. Según la Organización de Estados Americanos (OEA), las víctimas fatales fueron 355, entre el 18 de abril de 2018 y el 31 de julio de 2019.

En Nicaragua la Policía se ha convertido en el principal brazo represor del régimen Ortega Murillo. LA PRENSA/ Archivo
En Nicaragua la Policía se ha convertido en el principal brazo represor del régimen Ortega Murillo. LA PRENSA/ Archivo

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Exmiembros del FSLN han afirmado que Murillo dio la orden «vamos con todo» para atacar a los manifestantes. Desde los micrófonos de los medios oficialistas, ella avivaba el odio llamando «minúsculos» a sus críticos. Todo un diccionario de insultos. Pero este año ha usado la palabra paz, el eufemismo con el que mantienen a la sociedad bajo la represión.

En abril de 2025, por ejemplo, el Grupo de Expertos en Derechos Humanos sobre Nicaragua (GHREN) publicó un informe en que identifica a 54 funcionarios del régimen y los señala como responsables de “graves violaciones de derechos humanos” en Nicaragua. La lista es encabezada, como era de esperarse, por Daniel Ortega y Rosario Murillo.

El día que Ortega la incriminó

Pero hay que recordar que también el mismo Ortega la ha incriminado en ocasiones como el 9 de febrero de 2023, cuando él intentando exaltar en apariencia su figura, la hizo corresponsable del destierro a Estados Unidos de los 222 presos políticos.

«(…) Iba a los Estados Unidos el embajador en los días anteriores, (…) entonces me dice Rosario, ¿y por qué no le decimos al embajador que se lleven ya a todos estos terroristas? Decile vos, le digo yo, tal vez lo escuchan allá. Realmente no se me ocurría a mí, porque no se trataba de negociar nada, ¡esto debe quedar bien claro», dijo Ortega a sus bases sandinistas el mismo día del destierro.

Antes de estas nuevas manifestaciones de odio de parte de ella, los dictadores habían mantenido acallada su retórica antiestadounidense. Eso después que la Fuerza Delta del Ejército de Estados Unidos capturó en enero a su “aliado” Nicolás Maduro de Venezuela. Ahora el dictador suramericano y su esposa Cilia Flores enfrentan un proceso en una corte de Nueva York por delitos de narcotráfico.

En silencio tras captura de Maduro

A pesar que Maduro era un aliado cercano, el régimen Ortega Murillo tardó casi 14 horas para emitir un comunicado en que exigió su liberación. Días después, el dictador condenó el hecho y lo catalogó como un “acto de terrorismo internacional”.

Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, enfrentan un proceso en EE.UU. que puede ser histórico.
Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores enfrentan un proceso en EE.UU. que puede ser histórico.

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Desde entonces, Murillo midió sus palabras, mientras la presión estadounidense cuestionó su legitimidad, presionó a Cuba con un bloqueo petrolero y eliminó al ayatolá Alí Jamenei, líder de Irán, a quien los orteguistas consideran un régimen gemelo.

La noche del lunes, Ortega arremetió contra Donald Trump tildándolo de padecer “desquiciamiento mental” y lo acusó de aplicar una “política terrorista” en el mundo. Al día siguiente, Murillo dijo que ese discurso fue brillante.

Cinismo tras cinismo

Acto seguido, Murillo se lanzó el miércoles 22 de abril contra quienes “han matado” y son “mentirosos”, que, según ella, “inventan y magnifican” tragedias en Nicaragua.

Los dictadores de Nicaragua en un acto el 20 de abril. LA PRENSA
Los dictadores de Nicaragua en un acto el 20 de abril. LA PRENSA

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Este jueves, la dictadora dijo también que “cuando se atenta contra un pueblo bueno, de fe, cristiano, que camina en paz, en seguridad para ejercer el derecho a trabajar y prosperar, la mentira es un crimen contra ese pueblo, por lo tanto, es un crimen de lesa humanidad”.

La codictadora intenta vender también un falso discurso de paz, mientras organismos defensores de derechos humanos continúan documentando sus actos represivos. Una muestra concreta son las más de 28 mil procesiones religiosas prohibidas desde 2019 hasta abril de 2026, según la abogada e investigadora Martha Patricia Molina. Otro pueden ser las 47 personas prisioneras de la dictadura, 11 de ellas en condición de desaparecidas, reportadas por el Mecanismo para el Reconocimiento de las Personas Presas Políticas.

“El descaro de quienes mienten y se sirven de su propia condición de traidores a su propia sangre, pueblo, a su tierra para mentir y hacer daño y quieren seguir haciendo daño, pero ya está claro en esta Nicaragua nuestra que con la mentira no se va a ninguna parte porque gracias a Dios cualquiera que camina por las calles… sabe cuál es la verdad”, dijo Murillo sin ruborizarse.

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