El inesperado reto de Ortega a Trump

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El lunes por la noche el codictador de Nicaragua Daniel Ortega dejó a un lado el discurso cauteloso con el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, el cual venía manteniendo desde la “extracción” de su aliado Maduro el 3 de enero pasado en Venezuela y prácticamente retó al presidente Trump a que le administre la misma receta.

En una sorpresiva intervención en cadena nacional, Ortega llamó a Trump asesino, “desquiciado mental”, terrorista y le pasó la cuenta de la resolución de La Haya favorable en los 80 que consideró aún vigente, omitiendo como acostumbra mencionar que la demanda fue desestimada y archivada durante el gobierno de Violeta Barrios de Chamorro.

Entre otras cosas, pidió a Trump que libere a Maduro y le recordó a Trump que en Nicaragua han muerto soldados norteamericanos desde los tiempos de William Walker (que no eran soldados, sino filibusteros) hasta en los años 30 durante la intervención que combatió Sandino.

Por otro lado, Ortega demandó la suspensión de las sanciones, las que en una clara referencia a sus hijos Maurice Facundo y Daniel Edmundo sancionados recientemente, dijo que las están aplicando “escurcando a ver a quién sancionan”.

Ortega omite convenientemente que todos sus hijos y nueras forman parte del aparato estatal y la corruptela, lo que ha elevado el nepotismo a niveles jamás vistos en la historia de Nicaragua. La dinastía viola flagrantemente la Ley 438 de servidores públicos que establece que “en todos los poderes del Estado y sus dependencias, no podrá recaer el nombramiento en personas que tengan parentesco dentro del cuarto grado de consanguinidad y segundo de afinidad con la autoridad que hace este nombramiento, y en su caso con la persona de donde hubiere emanado esta autoridad”, es decir que ni sus hijos, ni las nueras deberían de ser funcionarios, ni su consuegro Francisco Díaz, debería de ser jefe de la Policía. Nicaragua ha sido transformada en un Estado para la familia.

Al estar tan enraizados en el aparato del Estado y sin mérito alguno, es natural que las sanciones estadounidenses recaigan también sobre ellos, si los hijos de Ortega fueran ciudadanos comunes y corrientes estarían lejos del “radar” de las sanciones internacionales.

El afán de continuismo dinástico ha llevado al régimen de Ortega Murillo a exponer a su familia a la misma suerte que ellos enfrentarán tarde o temprano, como en cualquier monarquía absolutista de la edad media.

Con sus bravuconadas Ortega se está exponiendo a no pasar desapercibido por Trump, a quien le gusta que lo reten como a un chavalo de barrio y es capaz de aceptar el reto a como ya lo ha dejado demostrado con el caso de Maduro, de quien Ortega tuvo esta vez el coraje de pedir su liberación.

Todo el discurso de Ortega giró también en torno a la paz, una paz que no concede a su propio pueblo, porque la paz no es solo la ausencia de guerra, sino la ausencia de represión y la vigencia plena de todas las libertades ciudadanas.

No olvidemos que otro de los recientemente sancionados, el comisionado general Luis Cañas, el poderoso viceministro del Interior, ha sido ascendido por ser el verdugo de miles de nicaragüenses que la dictadura niega el derecho de residir en su propio país dejándolos en estado de apatridia de facto. Cañas ha sido otro de los “escurcados” del Departamento de Estado para ser sancionado por las violaciones más elementales a los derechos humanos como lo es el derecho a tener patria.

¿Por qué el cambio de discurso de Ortega? Creo que la política de cautela designada como “operación cusuco” era impulsada por la codictadora Rosario Murillo, pero con las sanciones a sus dos últimos hijos de la familia dinástica y al negocio familiar del oro, Ortega no se pudo aguantar y volvió a sus viejas andanzas, sacando pecho ante el presidente norteamericano que no le gustan las provocaciones.

El autor es periodista, político y escritor nicaragüense, ex preso político desterrado y autor del libro testimonial “Destinos heredados” y “Un cauce hacia la democracia”. Fue codirector de LA PRENSA de 1981 a 1984.

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