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El régimen de Daniel Ortega debió meter un enorme recorte al saldo de donación del año pasado para maquillar el grado de dificultad que afrontó en ese año en la obtención de recursos no reembolsables, según refleja el informe de liquidación del Presupuesto General de la República divulgado por el Ministerio de Hacienda y Crédito Público.
Además, el reporte refleja uno de los niveles de obtención de donaciones más bajo de los últimos años, convirtiéndose en casi inexistente y sin peso dentro de las finanzas públicas, por la continua salida de donantes desde que Daniel Ortega llegó al poder en el 2007.
El reporte oficial muestra que el año pasado, a inicios el Gobierno envió a la Asamblea Nacional un proyecto de presupuesto que incluía un saldo de donación por 1,068.1 millones de córdobas. Sin embargo, hasta septiembre, en su penúltimo reporte de ejecución presupuestaria, la dictadura solo había conseguido que los donantes le entregaran el 26.6 por ciento, lo que ya reflejaba la dificultad para destrabar esos fondos.
Ante esa dificultad y para evitar revelar uno de los mayores fracasos de la dictadura en la obtención de recursos no reembolsable de los últimos años, el Ministerio de Hacienda decidió aplicar un tijeretazo a dicha partida en el informe de liquidación, lo que le permitió publicar una cifra que a simple vista parece exitosa.
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Dictadura sin capacidad de movilizar recursos
En el informe de liquidación el régimen quitó toda referencia al presupuesto inicial en el reglón de donaciones y en su lugar solo publicó la cifra final de recursos que recibió, la cual fue de 689.4 millones de córdobas, de los cuales y pese a ajuste drástico, solo pudo ejecutar el 90.2 por ciento. Es decir, que pese al recorte, no pudo conseguir ni siquiera obtener el ciento por ciento de esos fondos.
«Lo que la dictadura está mostrando ahí es una vez más que ya no tienen capacidad para movilizar recursos frescos, ya menos donantes están dispuestos a seguir financiando a un régimen que ha acabado con la institucionalidad del país. Inclusive ni China está dispuesto a llenar ese vacío, que en su momento Ortega pensó que podría sustituir ese abandono de los donantes con Pekín o Rusia», afirma un economista que por temor a represalias pide no ser citado.
El especialista señala que hay una intención real de ocultar el verdadero fracaso, porque cuando se presenta un informe de liquidación se debe partir de la cifra inicial, luego la actualizada y finalmente lo ejecutado. «Pero acá se muestra un interés claro de que no se refleje en el informe de liquidación ese rotundo fracaso. Recordemos que en años anteriores solo por donaciones entraban millones de dólares, pero ahora ya son algunos pocos millones».
De hecho, cuando Ortega llegó al poder, en el 2007 todavía los donantes entregaron en recursos 266.1 millones de dólares, pero desde entonces estos fondos se han ido reduciendo aceleradamente hasta ubicarse el año pasado en unos 19.17 millones de dólares.
Pero qué donantes aún le quedan a Ortega y cuáles a última hora decidieron no darle los recursos comprometidos a medida que pasaron los meses del 2025, que lo forzó a hacer un maquillaje en el informe para ocultar el nuevo fracaso.
La reconfiguración de los donantes principales
Según Hacienda, el año pasado la Unión Europea le había prometido 527.2 millones de córdobas inicialmente, pero al final solo le entregó 280.2 millones de córdobas, es decir 247 millones de córdobas menos de lo comprometido, para una reducción del 46.85 por ciento.
El Programa Mundial de Alimentos (PMA) se colocó por primera vez como el segundo donante más importante de la dictadura desplazando al Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE) y al Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que finalmente desistió de entregarle 175 millones de córdobas que había prometido a inicios del 2025.
La dictadura evitó un mayor fracaso porque consiguió que el PMA, a última hora y sin previa asignación inicial, le entregara un donativo por 199.4 millones de córdobas, compensando el cese de recursos por parte del BID.
En tanto, el BCIE en un principio había comprometido 64.9 millones de córdobas y finalmente solo le entregó 28.5 millones, una caída significativa comparada con años anteriores cuando este organismo soportaba las finanzas de la dictadura dentro de los cooperantes no reembolsables.
Igual fracaso experimentó la dictadura con el Banco Mundial, pese a que este organismo había comprometido 11.2 millones de córdobas, al final solo entregó 7.4 millones de córdobas.
Hasta la misma China le falló a Ortega en materia de cooperación no reembolsable. En un principio Pekín le dijo al régimen que le donaría 3.7 millones de córdobas, pero al final solo le entregó 1.2 millones de córdobas.
Entre los pocos países bilaterales que aún le quedan a Ortega figura España, que también le ajustó a la baja el desembolso. Inicialmente se comprometió a entregarle 39.6 millones de córdobas, pero al final solo le facilitó 30.3 millones de córdobas.
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En el caso de Kuwait, había prometido 60.7 millones de córdobas, pero solo le entregó al régimen de Ortega 10.2 millones de córdobas.
Pese a este fracaso con casi todos los pocos donantes que aún le quedan a Ortega, la dictadura asegura en el informe de liquidación que el año pasado consiguió ejecutar es del 90.2 por ciento de toda las donaciones, pero sin hacer mención a los montos inicialmente comprometidos y que desde septiembre del año pasado avizoraba una histórica subejecución.
Hasta septiembre, Hacienda tenía reportes que del monto esperado solo habían obtenido el 26.6 por ciento, una subejecución profunda respecto al nivel que ahora aparece en el reporte de liquidación.
«Estamos observando que hasta los organismos multilaterales se han alejado de Ortega. Recordemos que antes de toda la crisis política del 2018 el régimen hacía alarde de su capacidad de obtener préstamos y donaciones por parte del BID, el BCIE y el Banco Mundial, ahora vemos que está más solo que nunca», sentencia el economista.
Desde que Ortega llegó al poder ha entablado una guerra contra los donantes, que ha incluido descalificaciones y desplantes a los embajadores, muchos de los cuales se retiraron del país. La principal razón: la demanda de democracia en Nicaragua y las constantes denuncias de fraudes electorales en los diversos procesos que han habido desde el 2007.


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