¿Condonó el cristianismo la esclavitud? 

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Nadie, en tiempos de Cristo, se oponía a la esclavitud. En el mundo antiguo, y en prácticamente todas las culturas del mundo se la veía como una ley de la naturaleza, como algo destinado a existir siempre. Más de la mitad de los habitantes del Imperio Romano eran esclavos. Las cumbres del pensamiento griego, Platón y Aristóteles, la había justificado. Para la mentalidad reinante los esclavos eran una especie de raza inferior, apta solamente para labores físicas. No eran gente sino mercancía. Eran tratados como animales de trabajo y sus dueños podían hacer con ellos lo que quisieran, incluso matarlos.

Pero vino Cristo que, sin proclamas vociferantes, protestas o espadas, sembró un mensaje tan revolucionario, tan nuevo y radicalmente distinto, que doquiera que se recibía iba sacando a los esclavos de su postración y erosionando los cimientos culturales y psicológicos de la esclavitud.

Su mensaje no nos sorprende hoy, tan acostumbrados estamos a oírlo, pero en sus tiempos era tabú o incomprensible; un quiebre total con los valores de su época. Cristo proclamó, con palabras y hechos, que todos los hombres son iguales ante Dios sin consideración de clase, estatus, color o conducta. Él abrazó a todos; a prostitutas y recaudadores corruptos, a judíos y centuriones romanos, a justos y pecadores. A los leprosos, de quienes todos huían con asco, Cristo los tocaba.

San Pablo lo expresa en Gal.3:28: “Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús. Uno de los textos paulinos que más dinamitaron el concepto de la esclavitud se encuentra en su breve carta a Filemón. En ella le dice que le manda de regreso a su esclavo prófugo, Onésimo, pidiéndole que le acoja como “amado y fiel hermano que es uno de nosotros”.

Con los esclavos plenamente reconocidos como humanos y cristianos, los sacerdotes comenzaron a exhortar a sus dueños que los liberaran. Como corolario comenzaron a producirse matrimonios mixtos. En el año 649, Clovis II, rey de los francos, se casó con su esclava Bathilda. En el siglo XI San Wulfstan y San Anselmo hicieron campaña para extinguir los últimos vestigios de esclavitud: “No hombre, ningún cristiano, puede ser considerado legítimamente como propiedad de nadie”. Ya para el siglo XII la extinción de esta inhumana institución había prácticamente desaparecido del mundo medieval.

Es a partir de siglo XV cuando la esclavitud tuvo un gran repunte con la aparición del colonialismo. Y fue la Iglesia la primera en condenarla. En 1430 el papa Eugenio IV, en su bula Sicut Dudum, amenazó con excomunión a quienes la practicaran. En 1537 el papa Pablo III repitió lo mismo, Y si se pregunta, cuál fue la voz más fuerte contra la esclavitud de los indígenas en el siglo XVI, la respuesta unánime es: Fray Bartolomé de las Casas.

Algo similar sucedió en Inglaterra y Estados Unidos. En la primera fue el fervoroso evangélico, William Wilberforce (1759-1833), quien lideró la campaña contra el tráfico de esclavos logrando que para 1833 fuese declarado ilegal en todo el imperio británico. En Estados Unidos la carga de luchar contra la esclavitud recayó en hombres y mujeres cristianos, entre ellos George Whitefield, el mayor predicador americano de los años 1700. Les dijo a los blancos que pensaran en los niños esclavos como niños iguales a los suyos. En 1774, el evangelista Juan Wesley vociferó en contra de los mercaderes de esclavos. A estos nombres se añadirían luego el de los más destacados abolicionistas, cristianos manifiestos todos como como John Brown, Harriet Tubman y Frederick Douglass.

Los campeones de la lucha antiesclavista no fueron, como pretenden algunos, los pensadores liberales de la ilustración. Voltaire la defendió. Comte la ignoró. Locke, tan justamente celebrado por sus aportes a la democracia, estuvo asociado con empresas esclavistas y ayudó a redactar las leyes que la permitieron en las Carolinas. El gran Thomas Jefferson tuvo 600 esclavos.

Fue la ética cristiana, fundada en el mensaje de Cristo sobre la dignidad e igualdad moral de todos los seres humanos, la fuerza decisiva para acabar la esclavitud en Occidente y en muchos otros rincones. Nunca terminará de entender el mundo lo que le debe al Resucitado.

El autor es sociólogo e historiador. Autor del libro En busca de la tierra prometida. Historia de Nicaragua 1492-2019.

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