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Los medios independientes informaron que el sábado 21 de marzo fue excarcelada Nancy Enríquez, ciudadana miskita que era diputada suplente en la Asamblea Nacional como representante de esa comunidad indígena del Caribe Norte de Nicaragua.
Nancy Enríquez, incansable defensora de los derechos de los pueblos indígenas y presidenta del partido miskito Yatama, fue encarcelada arbitrariamente el 1 de octubre de 2023. Después, en una farsa de juicio realizado en secreto dentro de la cárcel, en el que no se respetaron sus derechos al debido proceso, Nancy Enríquez fue condenada por la dictadura a ocho años de prisión, bajo la inventada acusación de “menoscabo a la integridad nacional” y “propagación de noticias falsas en perjuicio del Estado de Nicaragua y la sociedad”.
Apenas hace dos semanas, LA PRENSA dedicó a Nancy Enríquez su comentario editorial en homenaje al Día Internacional de la Mujer, en el que denunciamos que ella, además de ser presa política sufría un doble ultraje discriminatorio adicional por su condición de mujer y de persona indígena.
En esa oportunidad exigimos la libertad de Nancy Enríquez, lo mismo que de otras dos mujeres presas políticas que permanecen en la cárcel, Salvadora Pérez y Angélica Chavarría. Y de todos los demás presos políticos algunos de los cuales están en condición de desaparecidos.
Ahora nos alegramos al saber que Nancy Enríquez ha sido excarcelada. Es cierto que no le han devuelto su libertad, porque es una práctica perversa de la dictadura excarcelar a las personas presas políticas sin dejarlas en auténtica libertad. Pero al menos ahora está en su hogar, disfrutando la compañía y el cariño de sus seres más queridos.
También en estos días la dictadura publicó unas fotografías o tomas de video, en las que se ve al preso hasta entonces desaparecido Bayardo Arce Castaño, en una sala de la prisión en compañía de un hermano. Como es bien sabido, Arce es un antiguo comandante de la Revolución Sandinista y exalto operador de la dictadura actual, que cayó en desgracia ante sus camaradas superiores y ahora está preso acusado de graves delitos de corrupción.
Cabe señalar que el Mecanismo para el Reconocimiento de las Personas Presas Políticas (MRPP) ha incluido a Bayardo Arce en su registro de prisioneros y desaparecidos, pero no como preso político sino como víctima de los procedimientos arbitrarios del régimen para castigar a quienes califica como sus enemigos.
En el caso de Bayardo Arce, el Mecanismo explica que su enfoque para incluirlo en su lista “está basado en los criterios de protección de derechos. No implica valoración alguna sobre la responsabilidad penal de la persona detenida o procesada debidamente por otros hechos”.
A Bayardo Arce, así como a otras personas que formaron parte de la dictadura, pero ahora sufren la represión del mismo régimen, el Diario LA PRENSA los ha calificado como “presos kármicos”, una categoría especial que es distinta a la de presos políticos y presos comunes.
El preso kármico, explicamos en el editorial del pasado martes 17 de marzo, “es alguien que habiendo formado parte del aparato represivo, administrativo o de propaganda de una dictadura, o habiendo colaborado activamente con ella mediante el oportunismo político, como por ejemplo el transfuguismo, termina siendo encarcelado por el mismo sistema que ayudó a sostener”.
El preso kármico sufre de parte de la dictadura las mismas arbitrariedades y vejámenes crueles que le inflige a los presos políticos. De eso no cabe ninguna duda. Pero los presos kármicos no son castigados por la dictadura porque han luchado por la libertad y la democracia, o porque aspiran a ellas. En realidad, los presos kármicos “pagan las consecuencias de sus acciones de distinta clase en favor de la instalación, mantenimiento y operaciones de la dictadura que les retribuye con represión sus buenos servicios”. Porque, como bien dice el dicho popular, “muy mal le paga el diablo al que bien le ha servido”.
Los presos kármicos, repetimos, también son víctimas de la dictadura, igual que los presos políticos. Y los ultrajes que reciben son condenables. Pero está muy claro que no son prisioneros de la misma calidad de los presos políticos.