¿Es estructuralmente sólida la economía de las stablecoins?

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Las famosas imágenes de 1940 del puente Tacoma Narrows (en el estado de Washington), con sus pronunciadas ondulaciones, siguen siendo impactantes hoy en día, precisamente porque este tipo de fallos se han vuelto muy raros. El colapso puso de manifiesto cómo las tensiones imprevistas pueden derribar incluso las estructuras mejor diseñadas, y la ingeniería civil moderna ha asimilado esta lección, permitiendo que los usuarios de hoy crucen puentes a diario sin pensarlo dos veces. 

Generalmente, depositamos la misma confianza en nuestra infraestructura financiera. Billones de dólares se mueven globalmente cada día, y el sistema ha demostrado ser en gran medida seguro y consistente, aunque no siempre barato ni eficiente. Esta fiabilidad es esencial, porque si las personas no pueden realizar pagos ni transferir fondos, la confianza en el dinero y las instituciones financieras se desmoronará, lo que podría provocar desorden social y político. 

La infraestructura financiera actual se basa en sistemas de transferencia de dinero que apenas han cambiado en décadas. Sin embargo, ahora las cadenas de bloques descentralizadas están moviendo dinero de formas innovadoras y fascinantes que posibilitan nuevas aplicaciones. A medida que este novedoso software se populariza mediante las stablecoins y la tokenización, las dudas sobre su fiabilidad dejan de ser un detalle técnico para convertirse en una preocupación sistémica. 

La aprobación de la Ley GENIUS (Guiding and Establishing National Innovation for US Stablecoinsya ha abierto la puerta a que las instituciones financieras reguladas emitan tokens en blockchains con un valor nominal de un dólar. Muchos prevén un crecimiento explosivo en la emisión y el uso, y Citigroup estima un volumen de stablecoins de entre 100 y 200 billones de dólares para 2030. Y los dólares tokenizados son solo una parte de esta tendencia más amplia. Según Larry Fink, CEO de BlackRock, nos encontramos en «el inicio de la tokenización de todos los activos». Con este fin, el Congreso pretende aprobar un proyecto de ley de infraestructura del mercado de criptomonedas que formalice otros activos digitales, tal como lo hizo la Ley GENIUS con las stablecoins

Estos esfuerzos parecen dar por sentado que la infraestructura financiera necesaria para respaldar las stablecoins y los activos tokenizados es estable, robusta y confiable. Pero no se debe dar nada por sentado. La infraestructura financiera tradicional, basada en los registros contables proporcionados por los bancos centrales y comerciales, opera con una tecnología centralizada bien conocida. De hecho, ya sustenta la mayoría de los servicios de internet actuales, lo que garantiza la claridad sobre quién es responsable cuando surgen problemas. 

Por el contrario, las cadenas de bloques son descentralizadas. No existe una entidad responsable final, y esa es precisamente su esencia. Implican participantes potencialmente anónimos (que podrían estar en cualquier parte del mundo) que ejecutan nuevos protocolos distribuidos y se basan en diversos incentivos (propios de la criptoeconomía) para garantizar la seguridad y el correcto funcionamiento. Así, si bien la descentralización abre nuevas oportunidades para la innovación y la competencia, lo que reduce los costos, la era de la Ley GENIUS también conlleva nuevos riesgos

Si las stablecoins y los activos tokenizados se vuelven sistémicamente importantes, las blockchains se convertirán en infraestructura sistémicamente importante. Aunque las blockchains más grandes, Bitcoin Ethereum, han sido en su mayoría confiables en los últimos años, no todas las blockchains son iguales. Muchas utilizan diferentes protocolos, criptografía, incentivos y técnicas de gobernanza, y muchas han sufrido ataques y retrasos. Solana, por ejemplo, sufrió interrupciones de varias horas en 2023 y 2024, y la red Base de Coinbase detuvo las transacciones en 2023 y nuevamente en 2025. Estos incidentes fueron superables precisamente porque las blockchains aún no están ampliamente integradas en el ecosistema financiero general, ni son centrales para los pagos de hogares y empresas. 

Pero el sector está evolucionando rápidamente. Cada año se lanzan blockchains con diseños radicalmente nuevos, y los componentes centrales de las principales redes, como Ethereum, se rediseñan con frecuencia. Los reguladores carecen de la experiencia necesaria para evaluar estas tecnologías, que a menudo se implementan sin el nivel de escrutinio que se espera de la infraestructura crítica; y los intermediarios, como las plataformas de intercambio de criptomonedas y los emisores de stablecoins, no siempre dejan claro a los usuarios que los activos en diferentes blockchains conllevan riesgos muy distintos. 

Actualmente, la mayoría de las transacciones con stablecoins se realizan en blockchains menos consolidadas, como Binance Smart ChainTRON. Existe una gran diferencia entre la seguridad y la fiabilidad de estos sistemas y la de Bitcoin Ethereum, que han sido objeto de un mayor escrutinio. 

La estabilidad financiera no solo depende del tipo de activos que respaldan el dinero, sino también de si la infraestructura que lo gestiona funciona de forma predecible bajo presión. Sin embargo, el enfoque actual hacia las cadenas de bloques es como pedir a los usuarios del transporte público que decidan cuál de entre decenas de puentes en competencia es lo suficientemente seguro para circular. Esta situación solo ha sido tolerable porque las criptomonedas siguen rigiéndose por el principio de «el comprador asume el riesgo«: se esperan fallos y las pérdidas se asumen de forma privada. 

Sin embargo, a medida que las stablecoins y los activos tokenizados se extienden por las finanzas institucionales, esta filosofía se volverá insostenible. Las instituciones deberán especificar claramente qué blockchains son adecuadas para actividades de importancia sistémica, cómo se gestionarán los fallos operativos y quién será el responsable final si la tecnología falla. Y si quienes tienen la responsabilidad intentan eludirla, los reguladores deberán exigirles que rindan cuentas. 

Los puentes fallan no porque los ingenieros malinterpreten la física, sino porque las suposiciones sobre seguridad ya no se corresponden con el uso que se les da a las estructuras. El mismo riesgo ahora afecta a los fundamentos digitales del dinero. Las cadenas de bloques descentralizadas son realmente prometedoras. Si se utilizan con criterio, ofrecen oportunidades reales para modernizar la infraestructura financiera y ampliar el acceso a los mercados. Pero a medida que su papel se expande, los sistemas que las sustentan deben diseñarse y regularse con el mismo cuidado en la resiliencia que la sociedad espera de cualquier infraestructura crítica. 

La autora es directora de la Iniciativa de Moneda Digital en el MIT Media Lab. 

Copyright: Project Syndicate, 2026.  
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