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Hace solamente tres semanas, Laureano Ortega Murillo asistió junto al cocanciller Valdrack Jaenstchke a la celebración del aniversario número 47 de la Revolución Islámica en la Embajada de Irán en Managua. La reunión fue ampliamente divulgada por los medios de la dictadura y Ortega Murillo habló de “revoluciones hermanas”, quizá olvidando que el término que ha usado su padre es “revoluciones gemelas”.
Entre la actitud del régimen hacia la teocracia iraní el mes pasado, y la actitud actual, hay un mundo de distancia, lo que evidencia cómo la dictadura Ortega Murillo tanto abandona a sus antiguos aliados criollos como a los internacionales cuando se trata de garantizar su supervivencia.
En menos de 60 días el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha ordenado fuertes acciones en contra de regímenes autoritarios que son aliados cercanos del régimen de Nicaragua
El 3 de enero apresó al dictador de Venezuela, Nicolás Maduro; en febrero ordenó un embargo a los envíos de petróleo a Cuba que está asfixiando al septuagenario régimen castrista; y este mes, junto con Israel, realiza bombardeos en Irán de tal magnitud que bien podrían acabar con la sanguinaria teocracia que gobierna ese país desde 1979.

Escuetas palabras ante la muerte del “líder supremo”
El líder supremo de Irán, el ayatolá Alí Jameneí, murió el primer día de los bombardeos de Estados Unidos e Israel en Irán, pero a la fecha, la dictadura de los Ortega Murillo apenas ha publicado un escueto comunicado donde no mencionan por su nombre a los ejecutores de la operación militar. Tampoco se ha conocido que decretaran duelo nacional.
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Aunque Ortega visitó durante 2007 a Jameneí y también al entonces presidente del país, y segundo del “líder supremo”, Mahmud Ahmadineyad —muerto en recientes bombardeos— la marcada distancia ahora es clara. No se ha anunciado que la conformación de la delegación oficial a las honras fúnebres del fallecido líder iraní.
Fuerte contraste con reacción a muerte de Raisi
El 19 de mayo del 2024, el presidente de Irán, Ebrahim Raisi, murió en un accidente aéreo en su país. Raisi había visitado oficialmente Nicaragua en junio de 2023. Ante la muerte del mandatario persa, la dictadura Ortega-Murillo expresó condolencias oficiales y “su máxima solidaridad” con Irán y fue notorio el desfile de funcionarios encabezados por el entonces canciller Denis Moncada Colindres y todos los hijos del dictador para firmar el libro de condolencias que dispuso para tal efecto la Embajada de Irán en Managua.

“Hemos participado todas las instituciones de nuestro Estado, Gobierno, en firmas del libro de condolencias en la Embajada de la República Islámica de Irán en Managua”, dijo en esa ocasión la vicepresidenta Rosario Murillo, a través de medios oficiales.
Murillo manifestó entonces que su gobierno delegó al ministro asesor del régimen para África, Medio Oriente y Países Árabes, Mohamed Lashtar, y al embajador Ramón Moncada Colindres (hermano del canciller) para participar en las ceremonias funerarias de Raisí y su comitiva, a los que tildó de “mártires de la República Islámica de Irán”.
En junio de 2025, Ortega y Murillo condenaron otro ataque de Israel a Irán en que fueron eliminados el jefe del Estado Mayor del Ejército, Mohamad Hosein Baqeri, y el entonces comandante en jefe de la Guardia Revolucionaria, Hossein Salamí.
Además se confirmó el fallecimiento de científicos y otros cargos militares. Aparentemente consternados, una delegación de funcionarios —encabezada por la ministra de Salud y el viceministro de Relaciones Exteriores de Nicaragua— firmó un libro de condolencias en la embajada persa en Managua. En los medios, controlados por Murillo, llamaron «Estado genocida» a Israel.
Firman otra vez libro de condolencias
Aquella posición contrasta con su postura esquiva para hacerlo ahora. Este cuatro de marzo, el cocanciller Jaenstchke encabezó otra delegación, pero esta vez los oficialistas solo expresaron su solidaridad con «el noble y valiente pueblo» de Irán.

Otro tema es el «duelo nacional». Aunque en la Constitución Política de Nicaragua no existe un artículo específico que lo regule detalladamente, ni que establezca cuántos días deben decretarse o en qué casos procede, la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo lo ha utilizado para mostrar su pesar ante el fallecimiento de líderes internacionales de aquellos países que les son más cercanos ideológicamente.
Siete días de duelo por el “comandante eterno”
Con la muerte del presidente de Venezuela, Hugo Chávez Frías, el 5 de marzo de 2013, el gobierno de los Ortega-Murillo decretó siete días de duelo nacional. Las banderas fueron izadas a media asta en instituciones públicas y se realizaron actos oficiales y homenajes en Managua y algunos departamentos. Este es uno de los duelos internacionales más extensos decretados por el régimen.
Ese mismo año, la dictadura de Nicaragua decretó tres días de duelo nacional por la muerte de Nelson Mandela, expresidente de Sudáfrica, líder de la lucha contra el apartheid y ganador del Premio Nobel de la Paz. Este Decreto Ejecutivo No. 37-2013 fue aprobado el 5 de diciembre de 2013 y ordenó que la bandera permaneciera a media asta en edificios públicos durante ese período.
Con Fidel Castro impusieron “récord”
Por la muerte del dictador cubano Fidel Castro Ruz, el 25 de noviembre de 2016 —quien para entonces ya era expresidente de Cuba—, el régimen decretó nueve días de duelo nacional; también se organizaron diversas actividades públicas recordando al anciano dictador comunista cubano. Este es el período de duelo más prolongado decretado por el Gobierno de Nicaragua en toda su historia.