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La dictadora Rosario Murillo, señalada de cometer delitos de lesa humanidad y de dirigir un Estado totalitario que ha conculcado las libertades a los nicaragüenses, aseguró este martes 3 de febrero que el planeta “nos pertenece a todos los pueblos del mundo» y agregó que «Dios nos puso en la tierra para ser hermanos no para matarnos unos a otros, sino para amarnos unos a otros”.
Así lo dijo en su alocución del mediodía, que suele ser una mezcla de propaganda y manipulación religiosa. En esta ocasión ocupó su espacio en los medios oficialistas para asegurar que están trabajando por la “paz, fortaleciendo la paz”. Murillo dio estas declaraciones tres días después de la muerte del ayatolá Alí Jameneí, en el segundo golpe propinado contra sus aliados por la administración de Donald Trump, después de la captura el 3 de enero del dictador venezolano Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores.
Aunque Murillo mantiene desde enero un tono esquivo de críticas a Estados Unidos —que ha demandado la libertad de los presos políticos y ha sancionado a funcionarios nicaragüenses involucrados en la represión—, ella sostuvo este martes que cada acontecimiento en el mundo impacta en la vida de todos, al tratarse de un mundo interconectado y sostuvo que “no es la codicia, ni la avaricia, ni la supremacía o el afán de lucir superiores lo que puede movernos, sino la hermandad, es el legado y es el mandato del Príncipe Jesucristo nuestro Señor”.
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“No solo es que sucede en un lugar, que es un evento lejano, no, todo en este mundo interconectado nos afecta, nos impacta y por eso la oración es el bien supremo. Es la potente oración, pedir a Dios, aceptar humildemente el gran poder de Dios y decir vamos fortaleciendo la paz y el derecho a vivir tranquilos, seguros… Dios nos puso en la tierra para ser hermanos no para matarnos unos a otros sino para amarnos”, afirmó en una aparente crítica a EE. UU.
Sus palabras en favor de la paz contrastan con la violenta represión que el Estado ha realizado contra los nicaragüenses y la Iglesia católica en particular. Según el padre Edwing Román, exiliado en Miami a consecuencia de la persecución, las palabras de Murillo reflejan su hipocresía y en ellas intenta proyectarse como una gran defensora de la “verdadera fe”, mientras acusa a la Iglesia de “traidora, golpista o servidora del demonio”.
Edwing Román: “No tiene moral y nunca ha creído en Dios”
Román, reconocido por su apoyo a las víctimas de la represión en 2018 y su defensa de los derechos humanos, tiene una opinión formada sobre la manipulación de la dictadora, con la que ella busca legitimarse frente a sus fanáticos.
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“Rosario Murillo es cínica e hipócrita. La Sangre de Cristo también se ha derramado en miles de nicaragüenses que, junto a Daniel Ortega, ha enviado a asesinar, incluyendo la quema de niños. No tiene moral y nunca ha creído en Dios. Usa el nombre Sagrado de Nuestro Señor Jesucristo y de la religión por motivo propagandístico y engañar a los ignorantes, apoyada en sus voceros a sueldo”, afirmó.

Desde 2018, la persecución religiosa ha provocado que 309 sacerdotes se hayan exiliado, entre ellos cuatro obispos, según la investigadora Martha Patricia Molina. Ella ha dado seguimiento a este tema y ha señalado que en el mismo período se han registrado más de 20 mil agresiones, la prohibición de las procesiones religiosas, la confiscación de 43 propiedades y la expulsión también del nuncio apostólico en 2022.
Nils Hernández: “La Chayo se quiere lavar las manos”
De acuerdo con el sacerdote nicaragüense Nils de Jesús Hernández, exiliado desde los años ochenta y conocido como el “padre vandálico”, el llamado a la oración y a la paz, desde una perspectiva cristiana, siempre será valioso y pertinente. El religioso sostiene que la oración no es una evasión de la realidad, sino “apertura confiada a Dios en medio de ella”.

El sacerdote nicaragüense Nils Hernández. Foto/Cortesía
Hernández hizo ver que orar por la paz implica también trabajar por la justicia, promover la verdad, defender la libertad y respetar los derechos fundamentales.
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“Este discurso está muy manipulado para presentar una realidad que niega lo que la dictadura ha hecho. Sus acciones han tenido consecuencias sociales e históricas para Nicaragua y el mundo y ahora la Chayo se quiere lavar las manos hipócritamente acusando a otros de hacer lo mismo que ella ha hecho con un discurso sesgado, y de amor y paz, cuando es hipócrita. Un discurso que está totalmente manchado con crímenes de lesa humanidad”, afirmó el sacerdote.
Hernández reafirmó su compromiso con la defensa de la dignidad de “un Dios histórico que vive en los pobres, perseguidos, exiliados, encarcelados, silenciados, expatriados, desnacionalizados, expropiados, silenciados a la fuerza y los que no pueden hablar más, porque fueron acribillados por las balas criminales de los que ejecutaron la limpieza del 2018. Ser nicaragüenses no es olvidarse de la memoria histórica de un pueblo perseguido y sufrido, pero que con fe en Dios vamos a vencer a la dictadura”, añadió.
Según las cifras de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), 355 personas murieron en el contexto de las protestas reprimidas por el Estado, entre el 18 abril de 2018 y el 31 de julio de 2019. De ellos, 27 fueron niños, niñas y/o adolescentes. El régimen de Irán, por el que Murillo pide la paz, ha sido señalado también de graves abusos de derechos humanos. Ambos se consideraban «revoluciones gemelas», porque los ayatolás y sandinistas accedieron al poder en 1979. En realidad, si algo los hermana, es la aplicación del terror contra sus críticos y ciudadanos en general.