LA PRENSA en mi memoria

Escuchá esta nota
0:00 / 0:00
1.0x

Lista de reproducción

  • No hay más artículos para escuchar

Hay instituciones que no se explican únicamente por su trayectoria, sino por la forma en que atraviesan la vida íntima de las personas y la historia colectiva de una nación. En el centenario de LA PRENSA escribo estas líneas desde ese cruce entre lo personal y lo público, entre la memoria de una niña en Jinotega y la conciencia de una ciudadana que ha encontrado en sus páginas un espacio para alzar mi voz, denunciar injusticias y visibilizar la importancia del Estado de derecho como garantía de la democracia.

Mi relación con este periódico comenzó antes de que yo pudiera comprender el significado de la libertad de expresión o el valor de la prensa independiente. Comenzó con una escena cotidiana: la de mi vecino, don Félix Palacios, recibiendo los ejemplares impresos para luego organizar su entrega a los voceadores, mientras esperaba el bus de mi colegio en la acera de mi casa. Recuerdo que la llegada del periódico era un acontecimiento; los vecinos se acercaban para comprar un ejemplar, comenzaban a hablar, a debatir entre ellos, mientras los voceadores corrían entre los carros con los ejemplares bajo el brazo. Sus voces no solo anunciaban los titulares, sino que esparcían la verdad y las aspiraciones de libertad.

Con el tiempo entendí que aquel ritual cotidiano formaba parte de algo mucho más grande. LA PRENSA no era únicamente un medio de comunicación: es “el periódico de los nicaragüenses”; en sus páginas están las rupturas institucionales, las luchas democráticas, las voces silenciadas y las esperanzas de un pueblo que merece vivir en libertad. Ha sido testigo de la historia y, al mismo tiempo, actor en la defensa de los valores republicanos.

Mi propia vida terminó encontrándose con ese mismo periódico que marcó mi infancia. Pasé de ser la niña que esperaba su llegada en una calle de Jinotega a ser entrevistada en sus páginas. Cada cobertura la he vivido como un acto que trasciende lo personal, para formar parte de una historia colectiva.

He vivido en carne propia lo que significa enfrentar a un régimen que criminaliza la palabra, que convierte la nacionalidad en castigo y que pretende borrar a quienes piensan distinto. En ese camino, este periódico ha sido más que un referente histórico; ha sido la confirmación de que la verdad tiene raíces profundas en nuestra cultura política.

Hoy, desde el exilio y desde mi propia condición de perseguida política, sé que el periodismo libre no es solo una garantía institucional: es una forma de hacer patria. Cuando el régimen ocupó las instalaciones de LA PRENSA y expulsó a sus periodistas, no solo atacó a un medio de comunicación; intentó quebrar una continuidad histórica de resistencia cívica.

Por eso, este texto no es solo un recuerdo personal, sino un acto de gratitud y reconocimiento. Así como este periódico ha marcado la vida nacional, también ha marcado mi vida. En esa coincidencia se revela su verdadera dimensión: la de ser, más que un medio, una parte esencial de lo que somos como nicaragüenses y de lo que nos negamos a dejar de ser: un país que, incluso en las horas más oscuras, se resiste a callar, porque el periodismo independiente es una condición indispensable para cualquier transición democrática real. Sin verdad documentada no hay memoria. Sin memoria, no hay justicia. Y sin justicia, no hay libertad ni democracia.

La autora es jurista. Máster en Derecho Constitucional.

×

El contenido de LA PRENSA es el resultado de mucho esfuerzo. Te invitamos a compartirlo y así contribuís a mantener vivo el periodismo independiente en Nicaragua.

Comparte nuestro enlace:

Si aún no sos suscriptor, te invitamos a suscribirte aquí