LA PRENSA: sustento para una visión de nación 

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La celebración del centenario de LA PRENSA es un acontecimiento singular en un país como el nuestro, acostumbrado a vivir con borrón y cuenta nueva, y donde nuestra indómita historia, que ha carecido de los rieles de una visión de nación, se ha burlado de la grandilocuencia de los discursos sobre revoluciones “irreversibles” y “nuevas eras”. Tarde o temprano también se burlará de la retórica aburrida de los codictadores que hoy actúan como si fueran eternos.

El aniversario de LA PRENSA, que hoy conmemoramos, resulta aún más notable si se considera la brutal represión a la que este Diario ha sido sometido, así como los dos terremotos que destruyeron sus instalaciones en 1931 y 1972. Sin embargo, lo más admirable de LA PRENSA es la perseverancia en sus principios rectores, resumidos en el lema: “Al servicio de la verdad y la justicia”. Estos principios son aspiracionales, ya que ni la verdad ni la justicia son plenamente alcanzables. Por ello, los cristianos se refieren a la idea de que solo son posibles en el “más allá”, en el Reino de Dios.

En este sentido, la verdad y la justicia en la tradición de LA PRENSA son valores normativos que han perdurado durante cien años de lucha y esfuerzo. Podríamos argumentar que LA PRENSA no se ajustó a la verdad y a la justicia en este u otro momento; o que sacrificó uno de estos valores para salvar el otro; o hacer cualquier otra objeción sobre la consistencia ética de este periódico, pero no podemos negar la obstinada presencia de las ideas de la verdad y la justicia en el quehacer periodístico de LA PRENSA.

Es posible, entonces, argumentar que las ideas de libertad y justicia que forman el marco normativo de LA PRENSA se han logrado institucionalizar, lo cual, en la definición sociológica de este concepto, no significa simplemente que se hayan transformado en una organización periodística duradera, sino algo más complejo y poderoso: se han legitimado como pautas que cualquiera que desee hablar en nombre de LA PRENSA debe considerar. Pablo Antonio Cuadra, codirector del periódico, junto con Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, lo dice mejor: “La historia de La Prensa para mí es la historia, ciertamente heroica, de esa fidelidad. A La Prensa se le pueden achacar todos los defectos que se quieran: caídas, omisiones, apasionamientos, fallas, etc., pero ha mantenido encendidas, contra todos los vientos y riesgos, las dos antorchas principales que iluminan la vida democrática: la de la Libertad y la de la Justicia”.

Por todo esto, es necesario rendir tributo hoy, en el primer centenario de LA PRENSA, a la memoria del doctor Pedro Joaquín Chamorro Zelaya, quien asumió la dirección del periódico dos años después de su fundación y lo encauzó sobre los rieles de la verdad y la justicia, que su hijo, el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, adoptó hasta hacerlos parte integral del modus operandi del Diario. Chamorro Zelaya, como escribió su hijo con ocasión del quincuagésimo aniversario de la fundación de LA PRENSA, “fue el iniciador de lo que podría llamarse el carácter del periódico mantenido hasta la fecha”.

Jaime Chamorro Cardenal, otro de los directores del periódico, en ocasión del octogésimo aniversario de la fundación del Diario, reafirmó el marco normativo de LA PRENSA, contextualizándolo en la dura década de los 1980: “Pedro Joaquín como los que lo hemos seguido en la conducción de esta institución, creemos que para lograr un mejor bienestar al pueblo nicaragüense hay que promover tanto las empresas que dan trabajo como la justicia social para los que trabajan en ellas”.

También es necesario saludar hoy a todas las personas que, desde diferentes posiciones dentro de la organización, han luchado para que “al servicio de la verdad y la justicia” no degenere en un simple eslogan, sino que siga siendo un horizonte que nos obliga a creer en la posibilidad de un futuro mejor; de una Nicaragua mejor; de una sociedad democrática “basada en un régimen que cree las condiciones económicas, sociales y políticas que satisfagan las demandas del pueblo; una sociedad justa e igualitaria, donde no falten el pan, la educación, la salud y el techo para todos; una comunidad nacional unida por la confraternidad y no separada por el odio”, como lo soñó Pedro Joaquín Chamorro Cardenal.

LA PRENSA fue la plataforma desde la que el Mártir de las Libertades Públicas luchó para hacer realidad su sueño, y el altar donde derramó su sangre. Por eso, me atrevo a sugerir que la mejor forma de celebrar el primer siglo de vida de LA PRENSA es impulsar el estudio de su historia y, en especial, del pensamiento de Pedro Joaquín Chamorro Cardenal y de Pablo Antonio Cuadra. En sus escritos se encuentran los elementos de una posible visión para superar la insoportable levedad de nuestro pensamiento político y salir de la miseria material y moral en la que nos encontramos.

No basta, pues, con recordar el nacimiento de LA PRENSA en esta fecha. Es necesario comprender el pensamiento recogido por este Diario y apreciar su esfuerzo por domesticar nuestra historia, propugnando por la verdad, en un mundo y en una Nicaragua donde la mentira y las medias verdades florecen como la mala yerba; y, al mismo tiempo, luchando por la justicia frente a dictaduras de derecha y de izquierda y, en la actualidad, frente a una ultraderecha que nos invita a despojar la idea de la justicia de su dimensión social: algo que Pedro Joaquín Chamorro Cardenal hubiera rechazado categóricamente porque, para él, los gobiernos de un país como Nicaragua, deben ser “instrumento[s] encaminado[s] principal y casi exclusivamente al beneficio de los más pobres, mientras haya pobres”, un objetivo que no anulaba la prioridad que, para el director mártir de LA PRENSA, tenía el valor de la verdad que, políticamente, encuentra su mejor expresión en las libertades públicas y la democracia.

Hagamos votos para que LA PRENSA siga el camino trazado por sus fundadores. Hagamos votos, también, para que, en nuestro país, se asienten la verdad y la justicia y que, de esa forma, nuestra nicaraguanidad se imponga por encima de nuestros egoísmos e ideologías.

El autor es doctor en Ciencias Políticas. Profesor retirado de Western University de Canadá y exinvestigador asociado del Instituto de Historia de Nicaragua y Centroamérica (IHNCA).

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