Este martes 24 de febrero se cumple el cuarto aniversario y comienza el quinto año de la guerra de Rusia contra Ucrania. Se trata de la guerra de agresión contra un país más pequeño y mucho menos fuerte que la gran potencia atómica rusa, cuyo autocrático presidente Vladímir Putin sueña con restablecer el antiguo imperio ruso que primero fue zarista y después comunista.
Rusia y Ucrania tienen las mismas raíces históricas, étnicas y culturales, incluso sus idiomas son muy parecidos (ambos de alfabeto y escritura cirílica) y casi siempre sus pueblos fueron considerados como hermanos. Pero el relato bíblico y la historia enseñan que siempre ha habido hermanos como Caín.
La guerra de Rusia contra Ucrania comenzó el 24 de febrero de 2022, con una invasión que según Putin y sus generales terminaría victoriosa al cabo de una semana, con la ocupación de Kiev, la capital ucraniana. Putin dijo que se trataba de una “operación militar especial”, para no reconocer que se trataba de una guerra contra el país vecino más pequeño, pero terminó atascado ya por cuatro años.
Los historiadores aseguran que la actual guerra de Rusia contra Ucrania es el mayor conflicto militar convencional que ha ocurrido en Europa, desde la Segunda Guerra Mundial. Se desconoce la cifra exacta de víctimas humanas causadas por esta guerra, pero se calcula que hasta principios de 2026 habían muerto más de doscientos mil combatientes de los dos bandos y más de 25 mil personas civiles.
Hay que subrayar que las bajas militares en su gran mayoría son del bando ruso, pero las víctimas civiles casi todas son ucranianas, porque la guerra de Rusia y Putin contra Ucrania consiste en gran medida en el lanzamiento de drones explosivos contra viviendas, hospitales, escuelas, asilos, vías ferroviarias, centrales energéticas, etc. Para Putin, las personas civiles no son “víctimas colaterales” de la guerra, sino su objetivo militar directo.
También la guerra de Rusia contra Ucrania ha provocado la mayor crisis de refugiados en el continente europeo desde la Segunda Guerra Mundial. Más de 7.3 millones de ucranianos han debido abandonar su país y más de 7.1 millones se han desplazado internamente. Además, la guerra ha causado incalculables daños ambientales y puesto en peligro la disponibilidad de alimentos para la gente.
Pero después de cuatro años de guerra, a pesar de su gran superioridad militar, territorial y poblacional Rusia no ha podido vencer a Ucrania, porque los ucranianos defienden su patria, su libertad y su democracia, y tienen por lo tanto una inmensa superioridad moral sobre sus agresores rusos.
Sin embargo, es muy difícil, por no decir imposible, que Ucrania pueda ganar esta guerra, no solo porque los rusos atacan directamente a la población civil ucraniana para quebrantar su moral y su capacidad de resistencia. Es que, además, la ayuda de los países amigos de Ucrania se ha debilitado y eso ha permitido a Rusia apoderarse hasta de un 20 por ciento del territorio de Ucrania. Y es muy difícil que lo devuelva, o que los ucranianos lo pudieran recuperar.
El Estado de Nicaragua se ha involucrado en esa guerra, porque el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo que lo representan ilegítimamente, por motivos ideológicos y políticos o por intereses materiales que desconocemos, respalda en los escenarios internacionales la agresión de Rusia contra Ucrania. Aparte del régimen de Nicaragua, solo el de Corea del Norte ha respaldado la anexión rusa de los territorios ucranianos. Incluso aliados estrechos de Rusia, como Bielorrusia, Cuba, Venezuela, Irán, Eritrea, y otros, le han dado apoyo político y diplomático, pero no se han atrevido a darle un reconocimiento explícito a la anexión rusa de los territorios ucranianos.
Finalmente, hay que recordar que en marzo de 2023 la Corte Penal Internacional (CPI) emitió orden de arresto contra Vladímir Putin, por la acusación de crímenes de guerra, crímenes de lesa humanidad y genocidio cometidos durante la agresión militar contra el pueblo ucraniano. De manera que los codictadores Ortega y Murillo de Nicaragua deberían ser reconocidos y acusados por la justicia internacional como cómplices de Vladímir Putin.