Los hijos del poder y el poder real, el caso de Cuba, México, Venezuela y Colombia

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Los hijos del poder son el cáncer de la izquierda latinoamericana. En México está Andy López, en Venezuela está Nicolasito Maduro, en Argentina Máximo Kirchener, en Colombia Nicolás Petro y ahora en Cuba, Raúl Rodríguez, alias el Cangrejo.

La crisis de Cuba nos estalló una verdad en la cara, un secreto a voces: los hijos del poder son el poder real en muchos países. Su ADN puede más que su CV y su genealogía pesa más que cualquier ideología.

Cuba no es ni nunca ha sido una revolución

Es un negocio familiar mal administrado, que ha destruido y consumido la riqueza de toda una nación. Raúl Castro heredó el poder de Fidel y está listo a transferirlo a su nieto favorito Raúl Rodríguez, alias el Cangrejo.

Raulito ha sido señalado de liderar las pláticas con Estados Unidos. A diferencia de muchos cubanos, este se caracteriza por disfrutar de yates pomposos, autos lujosos y cocina gourmet. Algunos lo llaman la Delcy Rodríguez de La Habana.

El esquema de negocios de familia es el favorito de la izquierda

En Venezuela, Nicolás Maduro y sus narcosobrinos hicieron grandes fortunas. Efraín Campo Flores y Francisco Flores fueron arrestados por la Agencia de Control de Drogas de Estados Unidos (DEA) en 2015 y posteriormente fueron liberados en una negociación con la administración Biden.

Al igual que en Cuba, en Venezuela Maduro tenía su heredero

Es Nicolás Maduro Guerra, alias Nicolasito. Por años manejó los negocios sucios del dictador y en 2019 fue sancionado por ser pieza clave en los movimientos petroleros, el oro de sangre, coltán y otros minerales.

En Nicaragua todos los hijos del clan Ortega Murillo tienen algo en común: poco talento y mucha riqueza. En 19 años de dictadura han creado millonarias empresas de construcción, medios televisivos, transporte, banca, etcétera. Laureanito es el heredero al trono izquierdista.

En México AMLO, como buen revolucionario, se dedicó a sacar de la pobreza a muchos, principalmente a los miembros de su familia. Durante su sexenio y en la actualidad, no han faltado denuncias de presunta corrupción sobre Pío López Obrador, Martín López Obrador y Andy López Beltrán.

Andy López, quien ocupa el cargo de secretario ejecutivo de Organización Nacional de Morena, para muchos tiene un poder político y económico superior al de la misma presidenta Claudia Sheinbaum. En México su palabra es la ley.

En Colombia el hijo de Gustavo Petro también es otro poderoso izquierdista, aunque con menos éxito

Nicolás Petro se enredó en un escándalo por enriquecimiento ilícito y lavado de activos. No pudo burlar las sólidas instituciones de su país.

Honduras y el pasado gobierno del familión también gozaron del poder

La expresidenta Xiomara Castro se caracterizó por empoderar a un amplio espectro de miembros de su familia en áreas cercanas. Su esposo, hijos, cuñados, sobrinos. No existió límites. Nepotismo puro y duro.

Carlos Zelaya, cuñado de la expresidenta Castro, aparece en un video negociando medio millón de dólares con el cártel de Los Cachiros. Zelaya reveló que la mitad de este dinero era para su hermano, Mel Zelaya, conocido como el Comandante.

En Argentina el pasado gobierno de Cristina y los Kirchner demostraron cómo una familia puede empobrecer y carcomer a una nación rica y próspera en nombre del pueblo. Una vez más el ADN jugó un papel clave en la política y el poder real.

Cuba, México, Colombia, Nicaragua y la dictadura de Venezuela tienen mucho en común. Los hijos del poder han corroído y corrompido sus organizaciones políticas y en algunos casos todos los estamentos del Estado.

La izquierda radical que se jacta de honesta y revolucionaria miente. Son organizaciones depredadoras familiares que arrasan y abusan de los bienes del Estado. No es casualidad es un modelo pobrecista que solo genera decadencia, miseria e impunidad. Afortunadamente Latinoamérica ya está cambiando. Enhorabuena.

El autor es periodista exiliado, exembajador ante la OEA y exmiembro del Cuerpo de Paz de Noruega (FK). Es exalumno del Seminario de Seguridad y Defensa del National Defense University y el curso de Liderazgo de Harvard.

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