La semana pasada hubo en el mundo, propiamente en el Reino Unido y Estados Unidos (EE. UU.), dos hechos que fueron como lecciones magistrales, no teóricas sino prácticas, de la superioridad de la democracia con su componente esencial del Estado de derecho, sobre cualquier otra forma de gobierno y de convivencia social.
En el Reino Unido, un hermano del rey Carlos III fue llevado a la cárcel para ser interrogado sobre un caso de corrupción y le han abierto un proceso judicial para determinar si es inocente o culpable, y si fuera el caso condenarlo a presidio. La noticia fue impactante, porque desde 1647, cuando durante la revolución inglesa el entonces rey Carlos I fue encarcelado, y después ejecutado, ningún monarca o miembro de la familia real británica había ingresado en una cárcel en condición de acusado de algún delito.
Algunas personas opinan que se le ha dado mucha importancia a ese caso, solo porque se trata del hermano del rey británico, pero la monarquía es obsoleta y debería desaparecer.
Sin embargo, lo relevante en este caso no es que un miembro de la familia real fuera encarcelado, sino la confirmación en la práctica del principio y regla esencial de la democracia y el Estado de derecho, de que nadie debe estar por encima de la ley por muy poderoso que pueda ser. Eso es lo que se debe valorar y aprender la lección, sobre todo por quienes adversan a la dictadura y aspiran a sustituirla con un Estado democrático.
El otro hecho trascendental en el mismo sentido ha sido el fallo de la Suprema Corte de Justicia de EE. UU. que invalidó la mayor parte de los aranceles impuestos mediante decretos por el presidente Donald Trump a casi todos los países del mundo. A pesar de que a seis de los nueve jueces integrantes de la Suprema Corte se les llama conservadores, y por eso partidarios de Trump, tres de ellos sumaron sus votos a los tres calificados como afines al Partido Demócrata para asestarle al primer mandatario el revés más contundente en lo que va de su segunda administración.
Acerca de esa sentencia de la Suprema Corte de Justicia estadounidense, una eminente jurista democrática nicaragüense nos hizo llegar una parte de la opinión que emitió el juez Neil Gourach para sustentar su voto contra los aranceles de Trump.
La cita es un poco extensa, pero vale la pena incluirla aquí para que los interesados —que ojalá fuesen todos los lectores de LA PRENSA— la conozcan y reflexionen sobre lo que dijo el juez Gourach, autor de varios libros entre ellos Una república, si puedes conservarla.
El juez Gourach, a quien se le llama conservador porque fue postulado para el cargo por el presidente Trump, razonó: “Para quienes creen que es importante que la Nación imponga más aranceles entiendo que la decisión de hoy será decepcionante. Lo único que puedo ofrecerles es que la mayoría de las decisiones importantes que afectan los derechos y responsabilidades del pueblo estadounidense (incluyendo el deber de pagar impuestos y aranceles) se canalizan a través del proceso legislativo por una razón…
“Sí, legislar puede ser difícil y llevar tiempo. Y sí, puede ser tentador eludir al Congreso cuando surge un problema apremiante. Pero la naturaleza deliberativa del proceso legislativo fue el propósito central de su diseño. A través de ese proceso, la Nación puede aprovechar la sabiduría combinada de los representantes electos del pueblo, no solo la de una facción o un hombre…
“Allí la deliberación modera los impulsos y el compromiso de transformar los desacuerdos en soluciones viables. Y dado que las leyes deben obtener un apoyo tan amplio para sobrevivir al proceso legislativo, tienden a perdurar, permitiendo a las personas ordenadas planificar sus vidas de maneras que no pueden cuando las reglas cambian día a día. En general, el proceso legislativo ayuda a garantizar que cada uno de nosotros tenga un interés en las leyes que nos gobiernan y en el futuro de la Nación”.
Agregó Gourach que “para algunos, hoy en día, el peso de esas virtudes es evidente. Para otros, puede que no parezca tan obvio. Pero si la historia sirve de guía, la situación cambiará y llegará el día en que quienes se sientan decepcionados por el resultado de hoy apreciarán el proceso legislativo como el baluarte de la libertad que es.”
Eso es el Estado de derecho. Y es el espíritu, la enseñanza y el legado de la casi siempre vibrante democracia de EE. UU. que precisamente en este año celebrará el 250 aniversario de su fundación. Y la lección es tan necesaria como oportuna porque como ha escrito la periodista Rachel Lu, editora asociada de la revista Law & Liberty (Ley y Libertad en español): “Cuando una sociedad entera parece estar perdiendo de vista la importancia de la libertad, es fundamental encontrar puntos de contacto que les ayuden a recordar por qué importa”.