Taller docentes nicaragüenses. Foto: MINED

Taller docentes nicaragüenses. Foto: MINED/Referencial

Docentes en Nicaragua: salarios de sobrevivencia, deducciones asfixiantes y un silencio impuesto

Una maestra en Nicaragua enfrenta el alto costo de la vida con un salario que apenas sobrepasa los diez mil córdobas mensuales. Profesores no soportan la marginación de su labor

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El lunes 26 de enero de este año, una mujer a quien llamaremos Claudia despertó poco antes de las cinco de la mañana. Claudia es maestra en una escuela primaria en el norte del país. Al traspasar el portón central del colegio se convierte en “la profe”, respondiendo a la demanda de decenas de niños, madres y padres de familia, así como de sus compañeras maestras.

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La mujer, de 35 años, habló con un equipo de LA PRENSA en condición de anonimato. Dice que “las cosas no andan bien”, en referencia al riesgo que corre como empleada pública si sus superiores se enteran de que brindó una entrevista a un medio de comunicación independiente.

Claudia cumplió el año pasado 11 años de servicio y, pese a ello no puede evitar emocionarse cada primer día de clases. Reconoce que su labor como maestra de primaria es fundamental para la sociedad, pero bajo el ropaje de “la profe” hay una preocupación latente: su salario no cubre sus necesidades ni las de su familia.

Con un salario que apenas sobrepasa los diez mil córdobas mensuales, se enfrenta a una canasta básica que cerró el año 2025 en más de 20,800 córdobas. La pregunta es inevitable: ¿cómo hace para sobrevivir? “Hago de tripas corazón”, responde con resignación.

Entre la comida y las emergencias familiares, Claudia estira cuanto puede su salario. Hace un año intentó obtener un préstamo bancario para cambiar el techo de su casa. 

“El zinc parece pascón y me urgía, pero no me lo dieron. Me preocupa porque ya estamos en febrero y a la vuelta de la esquina llegan mayo y junio y regresan las lluvias”, lamenta.

El bajo salario convierte a los maestros en sujetos no aptos para créditos bancarios. Con suerte, algunas financieras acceden a prestarles dinero, pero con intereses mucho más altos.

El testimonio de Claudia no es aislado. Ella y miles de docentes sufren en silencio una marginación sostenida por el Estado.

Una docente jubilada relata: “No tenemos acceso a financiamiento por el nivel de salario, que no llega ni a 250 dólares. Para los bancos no somos rentables. Cómo estaremos de mal que pocos maestros tienen vivienda propia; o alquilan, como yo, o viven en la propiedad de otros familiares”.

Deducciones pesan más que los incentivos

La Unidad Sindical Magisterial en el exilio, con sede en Costa Rica, recreó con datos reales el comprobante de pago de un docente de primaria regular del área urbana en Nicaragua. El documento, basado en un cheque real, vuelve a poner en evidencia la precariedad salarial que enfrenta el magisterio, uno de los gremios más golpeados por la política laboral de la dictadura Ortega Murillo.

Según el desglose, el salario bruto asciende a 11,383.44 córdobas mensuales. Sin embargo, tras aplicar las deducciones obligatorias, el ingreso real se reduce a 10,143.73 córdobas. Más de 1,239 córdobas son descontados cada mes.

Comprobante de salario de docentes de primaria y secundaria enero 2026. Foto: Unidad Sindical Magisterial.

Las deducciones incluyen 796.84 córdobas por cotización laboral, 337.99 córdobas por impuesto sobre la renta y 104.88 córdobas por aporte sindical obligatorio al Cgten-Anden. Estos descuentos consumen una parte significativa de un salario que ya es insuficiente para cubrir la canasta básica.

El documento también refleja los llamados incentivos: 280 córdobas por título profesional, 55 córdobas por capacitación y 100 córdobas del Fondo de Fortalecimiento de las Competencias Educativas del Magisterio (FCEM). Estas cifras resultan marginales frente al peso de las deducciones.

Particularmente llamativo es el pago por antigüedad. Con 23 años de servicio, el docente recibe 460 córdobas adicionales, equivalentes a 20 córdobas por cada año trabajado. Este escalafón es considerado irrisorio y no reconoce la experiencia acumulada ni el compromiso de décadas de servicio.

Incluso con más de dos décadas de carrera, un maestro apenas logra superar los diez mil córdobas netos al mes. Para muchos, este ingreso no alcanza para cubrir alimentación, transporte, servicios básicos ni gastos familiares, obligándolos a endeudarse o a buscar trabajos adicionales.

El análisis del cheque confirma lo que el gremio denuncia desde hace años: salarios estancados, escalafones simbólicos y deducciones que pesan más que los incentivos. Mientras el discurso oficial exalta al magisterio, la realidad refleja abandono y desvalorización profesional.

Convenios y contradicciones

Organismos internacionales tienen datos preocupantes en cuando a la brecha salarial entre docentes de diferentes países de Centroamérica. Panamá paga a sus maestros hasta 2,025 dólares mensuales, mientras Nicaragua registra el salario más bajo de la región, no alcanza los 300 dólares.

El Presupuesto General de la República para 2026 asignó 19,047.2 millones de córdobas al sector educación, un incremento del 2.9 %, equivalente a 405 millones más que el asignado en el 2025, estos números no incidirán en el salario.

El 5 de diciembre de 2025 se firmó el Convenio Colectivo 2025-2028 entre Anden-FNT (Asociación Nacional de Educadores de Nicaragua-Frente Nacional de Trabajadores) y el Ministerio de Educación. Sin embargo, no incluye reajuste salarial.

José Antonio Zepeda, firmando el Convenio Colectivo 2025-2028 entre Anden-FNT y el Ministerio de Educación. Foto: La Primerísima

Según Radio La Primerísima, los acuerdos contemplan entrega de lentes, viáticos, ayudas económicas por fallecimiento, seguro colectivo de vida y atención médica especializada, pero la urgencia salarial no aparece.

Uno de los firmantes, el secretario general de Anden, José Antonio Zepeda López, afirmó que el convenio prioriza beneficios médicos y seguros. La partida destinada al convenio es de 126 millones de córdobas.

No obstante, Zepeda lleva años alejado de las aulas y desde 2022 es diputado del Parlamento Centroamericano, sus intereses responden al régimen sandinista. Habla de diálogo y educación de calidad, pero no aborda el salario ni la calidad de vida docente.

“Hay una estrategia educativa, donde los maestros y maestras tienen el compromiso de actualizar los conocimientos y de seguir trabajando para tener espacios educativos de calidad y primordialmente la formación y práctica de valores, y obviamente todo el esfuerzo que hace el Gobierno Sandinista para lograr que se tenga una educación pública y de calidad”, dice convencido Zepeda en el espacio radial Al Día.

Mientras, en los pasillos de las escuelas, el maestro que se queje públicamente de los bajos salarios se expone al despido o a represalias más graves. Anden es el único canal sindical permitido y está desacreditado.

“El convenio colectivo ni siquiera lo escriben los maestros, no se consulta con nosotros, las representaciones departamentales son anuladas, los que están allí de Anden se acomodaron a su propio beneficio, prácticamente vendieron al magisterio y es un secreto de Estado hablar de salario”, critica duramente un maestro. 

Gabriel Putoy: “El magisterio está harto”

Las condiciones del magisterio en Nicaragua han alcanzado un punto crítico, advirtió el docente exiliado Gabriel Putoy, quien lanzó duras denuncias sobre los salarios de hambre, la pérdida de derechos laborales y el silenciamiento forzado de los maestros que aún permanecen en las aulas.

“El salario del maestro no alcanza ni para sobrevivir. Estamos hablando de docentes con 20 o 25 años de servicio que reciben apenas diez mil córdobas al mes. Eso no paga ni la comida básica de una familia”, afirmó Putoy, al describir lo que calificó como una política deliberada de empobrecimiento.

“Al maestro le quitan de su cheque, pero no le garantizan salud, no le garantizan pensión digna y no le garantizan ni respeto. Es un robo legalizado”, denunció.

Putoy señaló que el deterioro salarial ha obligado a miles de docentes a buscar ingresos fuera del sistema educativo. 

“Hoy el maestro vende buñuelos, vende refrescos, vende helados después de dar clases. Llega a su casa a seguir trabajando para poder comer. Eso no es vida, eso es sobrevivencia”, dijo.

“Antes el maestro tenía acceso a especialistas y medicamentos. Hoy lo mandan con una pastilla genérica y lo regresan al aula aunque esté enfermo. Aquí se castiga la enfermedad”, afirmó.

Putoy denunció casos extremos que evidencian, a su juicio, la deshumanización del sistema “hay maestras pacientes de cáncer a las que, después de un año de subsidio, las obligaron a volver a clases. Les dijeron: o regresa o pierde el trabajo. Eso es cruel, eso es inhumano”, expresó.

El docente también acusó al Ministerio de Educación de utilizar la presión psicológica como método de control. “Al maestro lo amenazan, lo trasladan lejos de su casa, lo humillan frente a sus compañeros. Todo es para quebrarlo, para que renuncie, para que se vaya”, sostuvo.

Putoy fue tajante al referirse a los sindicatos oficialistas y a la Comisión Tripartita. “No representan al magisterio. Representan al régimen. Negocian salarios de miseria y guardan silencio mientras el maestro se hunde”, afirmó.

Sobre el éxodo docente, advirtió que la situación ya es insostenible. “Desde 2018 más de mil maestros han salido del país. Solo en las primeras semanas de este año ya van más de diez. No se van por gusto, se van porque los persiguen”, dijo.

El educador también denunció la sustitución de maestros calificados por personal sin formación “han sacado a profesionales con título para meter empíricos obedientes. Aquí no importa la educación, importa la lealtad política”, afirmó.

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Putoy concluyó con una advertencia directa: “Están destruyendo el sistema educativo desde adentro. Sin maestros dignos no hay educación, y sin educación no hay país. Pero el régimen prefiere el silencio y el miedo antes que maestros con derechos”, concluyó.

«Tengo que planear»

Al final de la jornada, cuando el aula queda en silencio, Claudia regresa a casa. Por las noches enciende el noticiero del Canal 4 y escucha hablar de inversiones chinas, de cooperación rusa, de crecimiento económico y de un país que, “va mejor”. Ella no logra reconocerse en esa narrativa. Nada de eso llega a su mesa, y su techo sigue «pasconeado».

Claudia ama ser maestra. Ama enseñar a leer, corregir cuadernos y ver a sus alumnos avanzar. Pero en Nicaragua, esa vocación parece condenarla a la pobreza. Ser maestra no es sinónimo de estabilidad, sino de sacrificio y silencios impuestos. Mejorar ya no es un deseo, es una urgencia que define si se come o no, si se resiste o se abandona el aula.

Antes de despedirse, vuelve a pedir anonimato “por favor, no vaya a decir mi nombre”, y agrega, “la dejo, ya tengo que planear”, así me anuncia que la llamada debe terminar.

Planificará su clase del día siguiente, pero también cómo estirar el salario, cómo cubrir los gastos básicos y cómo sobrevivir un mes más. Su historia resume la realidad de miles de maestros: planear no el futuro, sino la subsistencia.

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