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El régimen familiar de los codictadores se llena la boca ostentando innegables obras de progreso al pueblo nicaragüense, entre las que destacan la remodelación aún inconclusa de la Pista Héroes y Mártires, antes Pista Juan Pablo II, la que cuenta con flamantes pases a desnivel que indudablemente han venido a cambiar la cara de Managua.
También ha avanzado la construcción de la Carretera Costanera que seguramente tendrá un impacto positivo en las playas del Pacífico de Nicaragua, y está en proceso la ampliación del Aeropuerto de Managua y plantas de energía fotovoltaica que ayudarán al cambio necesario de la matriz energética reduciendo la dependencia de la energía generada a base de hidrocarburos.
¿Pero, a qué costo llegan estas importantes obras de infraestructura?
En primer lugar, estas obras se pagan con la conculcación de las libertades ciudadanas del pueblo nicaragüense, el exilio de miles y la apatridia de centenares de ciudadanos, porque según la narrativa oficial estos hechos dolorosos han creado “un clima de paz” al que atribuyen el desarrollo de dicha infraestructura. El costo político y social es mayor que el beneficio visual. Definitivamente que progreso sin libertad humana no es deseable.
En segundo lugar, estas obras no son rentables porque se pagan en base al desmesurado endeudamiento externo, ya no con el financiamiento blando de las instituciones multilaterales como el BID y el Banco Mundial, que era requisito indispensable durante los gobiernos de los 16 años de la frustrada primavera democrática.
Son financiados a préstamos comerciales, y en el caso de los anunciados proyectos de infraestructura financiados por los chinos, con préstamos onerosos como es el caso del publicitado Aeropuerto de Punta Huete, por lo demás innecesario y destinado a ser un gran fracaso.
Esta abultada deuda externa recae sobre las generaciones futuras y su pago estrecha las finanzas nacionales, pero la mayor deuda que ha adquirido la dictadura, que un día deberá pagar con creces, es la deuda de libertad.
Un tercer costo importante es la opacidad financiera con que son financiados estos proyectos que está siempre envuelta en una nebulosa de intereses donde con toda seguridad hay corrupción, tanto nacional y externa. El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente. Con el control absoluto de todo el aparato estatal, la fiscalización de estas obras es una quimera.
Finalmente, un cuarto elemento del costo que conlleva el desarrollo de estas obras de infraestructura es la altísima carga impositiva que pesa sobre el pueblo nicaragüense para costear los fondos del tesoro, particularmente sobre el empresariado que han visto estrecharse sus márgenes de ganancias al punto que muchas empresas no logran sobrevivir la vorágine recaudatoria.
El autor es periodista, político y escritor nicaragüense, ex preso político desterrado y autor del libro testimonial “Destinos heredados” y “Un cauce hacia la democracia”. Fue codirector de LA PRENSA de 1981 a 1984.