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El pasado domingo 1 de febrero estuve pendiente y maravillado siguiendo las elecciones en Costa Rica que es la democracia ininterrumpida más antigua de Latinoamérica y una de las pocas democracias plenas en el mundo, en contraste debo decir, con su vecina Nicaragua donde impera una de las peores dictaduras del mundo.
Más allá de los resultados indiscutibles que dieron la victoria por un amplio margen del 48.3 por ciento de los votos a Laura Fernández Delgado, del Partido Pueblo Soberano, como primer eslabón de comparación vale destacar que ella es la sexta presidente costarricense electa desde el 2007 en que Ortega llegó al poder por segunda vez.
Entre el 2006 y el 2010 gobernó Oscar Arias Sánchez en su segundo período; del 2010 al 2014, Laura Chinchilla Miranda; del 2014 al 2018, Luis Guillermo Solís Rivera; del 8 de mayo de 2018 al 8 de mayo del 2022, Carlos Alvarado Quezada; del 8 de mayo de 2022 al 8 mayo de 2026 el actual presidente Rodrigo Chaves Robles, y del 8 de mayo de 2026, al 8 de mayo de 2030 gobernará la actual presidenta electa Laura Fernández Delgado, de apenas 39 años, segunda mujer presidenta de Costa Rica y la presidente número 50 de esa ejemplar democracia.
Mientras en las últimas “elecciones” en Nicaragua en noviembre del 2021 todos los precandidatos y el liderazgo opositor guardaban prisión, en la última jornada electoral en Costa Rica el pueblo salió a las calles entrelazando sus banderas partidarias para celebrar, más que una elección, una verdadera fiesta electoral.
Algunas observaciones que me llamaron la atención durante la transmisión en vivo de esta fiesta electoral son las siguientes:
El espíritu de alegría que permeaba en los comandos de campaña de los diferentes candidatos, tanto los ganadores como los perdedores, así como las calles de San José se vestían de banderas multicolores el propio día de las elecciones, sostenidas por el pueblo costarricense bailando con la alegría de una celebración y sin exhibir notas discordantes.
La velocidad con que el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) dio a conocer los primeros cortes del escrutinio y aunque inicialmente un candidato, Laura Fernández, superaba a los demás con un 53 por ciento de los votos, no se apresuró a cantar victoria hasta que el Tribunal Supremo de Elecciones dio a conocer los resultados con una inmensa mayoría de los votos que daban una ventaja irreversible a la candidata del Partido Pueblo Soberano (PPSO).
Que a pesar de que eran 20 candidatos presidenciales, con el 97 por ciento de las mesas escrutadas por el TSE, la votación se concentró únicamente en dos: Laura Fernández, del PPSO que obtuvo el 48.3 por ciento, y Álvaro Ramos, del Partido Liberación Nacional (PLN) que obtuvo el 33.44, sumando entre ambos un 81.74 por ciento de los votos.
Los candidatos perdedores fueron concediendo la victoria a la candidata ganadora en orden de menos a más votos obtenidos e hicieron un llamado a trabajar unidos por Costa Rica y a desplegar únicamente la bandera nacional: azul, blanco, rojo, blanco, azul guardando las banderas multicolores partidarias para la próxima fiesta electoral dentro de cuatro años.
De igual manera, la presidente electa Laura Fernández en sus primeras palabras prometió trabajar por todos los costarricenses sin distingo de colores políticos y a guardar las banderas partidarias, a pesar de haber sido favorecida con un fuerte mandato electoral que también le otorgó 31 de 57 diputados en la Asamblea Legislativa, es decir, con mayoría simple. Sin embargo, vale decir, que el pueblo no le dio “un cheque en blanco”, o sea, una mayoría calificada requerida de 38 diputados que le hubieran permitido hacer un gobierno sin contrapesos legislativos.
Me llamó mucho la atención que el Tribunal Supremo de Elecciones no aparecía oficialmente con pompa en cadena nacional —como en otros países— dando los cortes del escrutinio, sino que los daba en línea en tiempo real a los medios de comunicación sin mayores pretensiones de reconocimientos. Sin embargo, quedó más que claro y es admirable, la confianza absoluta de los 20 contendientes y del pueblo costarricense en general, en la imparcialidad y profesionalismo de su sistema electoral.
Concluyo con la siguiente reflexión de un nicaragüense que observó con genuina admiración, una vez más, la celebración de una fiesta electoral en nuestra vecina y lejana Costa Rica: elecciones como en Costa Rica… ¿por qué no?
Dicho sea de paso y ahondando en la reflexión, este fue el titular principal de LA PRENSA de la cobertura periodística y la pregunta que formuló el Diario al gobierno sandinista el 9 de febrero de 1982, cuando regresé de esa nación después de cubrir el proceso electoral que tuvo lugar febrero de ese año en que resultó electo el expresidente Luis Alberto Monge.
La pregunta, que data de hace 44 años, durante los cuales hemos visto transcurrir a 12 presidentes costarricenses, incluyendo a la presidente electa Laura Fernández tiene hoy más que nunca, actualidad y validez para nuestra querida Nicaragua.
El autor es periodista, político y escritor nicaragüense, ex preso político desterrado y autor del libro testimonial “Destinos heredados” y “Un cauce hacia la democracia”. Fue codirector de LA PRENSA de 1981 a 1984.