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La congresista republicana de la Florida, María Elvira Salazar, llamó «el diablo mismo» a la dictadora sandinista, Rosario Murillo, al condenar enérgicamente los ataques a la libertad religiosa en Nicaragua bajo el régimen sandinista durante una audiencia titulada Defendiendo la libertad religiosa alrededor del mundo.
La reunión se realizó ante el Subcomité del Hemisferio Occidental de la Comisión de Asuntos Exteriores de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, en la que acusó a Murillo de intentar «sustituir a Dios» con el régimen en la vida de los nicaragüenses, mientras describía con sus palabras a un Daniel Ortega dependiente de las decisiones tomadas por su esposa.
«Así que ese es un mensaje muy claro, que ahora se lo voy a transmitir específicamente a Rosario Murillo, que es el diablo mismo y que por eso está orientando a su esposo a no permitir que este tipo de actividades sucedan en el territorio nicaragüense», afirmó Salazar para recalcar que para ambos el «juego ha terminado».
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La congresista republicana por Florida, de origen cubano, vinculó el patrón de represión en Nicaragua con lo que ocurre en Venezuela y Cuba. Salazar trabajó en Nicaragua como periodista para Univisión y tomó su experiencia personal para dar peso a sus argumentos. «Conozco Nicaragua muy bien. Viví allí, y vi de primera mano cómo los nicaragüenses son las personas más católicas en el hemisferio occidental», agregó.
Entre la lista de agresiones, enumeradas por la legisladora, está la expulsión de centenares de figuras religiosas por predicar o rezar en público. Según la investigadora Martha Patricia Molina, la cifra sería de 306 personas religiosas entre 2018 y 2025, entre estas cuatro obispos que se encuentran exiliados. Además, al menos 43 propiedades de la Iglesia católica han sido confiscadas.
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«Mil iglesias católicas han sido atacadas. En 2024, pastores evangélicos pertenecientes a este grupo llamado Mountain Gateway Ministries fueron arrestados con cargos falsos y sentenciados a décadas en prisión solo por llevar el evangelio», continuó la legisladora.
Dichas ofensas han sido corroboradas por distintas instancias, como la Comisión Internacional de Libertad Religiosa de los Estados Unidos (USCIRF), que ha calificado a Nicaragua como un «país de preocupación particular» por las violaciones sistemáticas a la libertad religiosa documentadas desde el estallido social de abril de 2018.
«El año pasado, Ortega expulsó a las monjas Clarisas, obligándolas a huir de sus conventos casi con nada. Y no sólo eso, las monjas de Teresa de Calcuta o de la Madre Teresa (también) tuvieron que huir. Tuvieron que irse porque Ortega no les permitiría continuar practicando y sirviendo a esas personas que vivían» en el Mercado Oriental de Managua, recalcó.
Además, denunció la prohibición de procesiones durante la Semana Santa y la Cuaresma y las más de seis mil organizaciones no gubernamentales que han sido cerradas. Salazar repitió su mensaje directo a Ortega y a Murillo, pronunciándolo en español: «Su juego ha terminado, que creo que es hora de que entiendan que las cosas están cambiando en el Hemisferio Occidental, y lo primero que deben hacer es no tocar a esas comunidades basadas en la fe, los católicos, los evangélicos o cualquier otra ONG que les esté ayudando».
Según Salazar, los nicaragüenses desde hace tiempo han estado esperando que «Estados Unidos les preste atención y les devuelva esas libertades religiosas, derechos civiles y humanos». La republicana insiste ahora en que la administración Trump hará la diferencia.
«Todos vieron lo que pasó en Venezuela»
«La buena noticia es que… Donald Trump (es presidente). Todos vieron lo que pasó en Venezuela», dijo en referencia al derrocamiento del dictador venezolano y aliado del régimen de Nicaragua, Nicolás Maduro, en un operativo militar estadounidense el 3 de enero.
«Estas son tres tiranías… Nicaragua, Venezuela y Cuba en el Hemisferio Occidental que no han permitido durante décadas que las comunidades de fe florezcan y prediquen de la manera que quieran, (pero) gracias a Dios hay un líder en la Casa Blanca que entiende la importancia de la libertad, la democracia, la economía de libre mercado y los derechos religiosos en el Hemisferio Occidental», continuó.
El Departamento de Estado ha mantenido también la presión sobre el régimen de Nicaragua, que regresó a Nicaragua al «co-canciller», Denis Moncada, a quien había enviado a Washington como encargado de negocios desde diciembre pasado sin resultados concretos, mientras los pronunciamientos de la administración Trump han enfatizado en las últimas semanas las demandas de la libertad de los presos políticos y las crítica a la falta de legitimidad de la dictadura.
En días recientes, por ejemplo, dijeron a Murillo que se había inventado una «copresidencia», un cargo creado en reformas constitucionales en 2025 para equiparar jerárquicamente su cargo al de Ortega, mientras subordinaban a todos los poderes del Estado y eliminaban la independencia de los mismos.
En 2025, además, la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR) impuso un arancel progresivo hasta el 15 % (a un plazo de dos años) de no corregirse los abusos en materia de estándares democráticos, derechos humanos y prácticas política comercial que Estados Unidos considera injustas. Este miércoles 4 de octubre, la OEA sesionó también y urgió que se pusieran a las violaciones de derechos humanos.