Embajador de EE. UU. en Cuba Mike Hammer, con el sacerdote José Conrado. Foto: Redes sociales.

Embajador de EE. UU. en Cuba Mike Hammer, con el sacerdote José Conrado. Foto: Redes sociales. U.S. Ambassador to Cuba Mike Hammer with priest José Conrado. Photo: Social media.

En Cuba aún hay algunas libertades que los Ortega Murillo eliminaron en Nicaragua

La visita del diplomático estadounidense Mike Hammer a un sacerdote en Cuba evidenció el contraste con Nicaragua, donde la libertad de movilización no existe

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En medio del hostigamiento, la intimidación y la represión promovida por la dictadura castrista de la Habana contra Mike Hammer, jefe de Misión de la Embajada de Estados Unidos en la isla, su reciente visita a un sacerdote católico cubano, evidencia un contraste significativo entre la libertad de movilización y pensamiento que aún permite la dictadura cubana; y la radicalización de los Ortega Murillo, que en los últimos años por acciones menos visibles que esa, han encarcelado y desterrados a sacerdotes.

Como parte de su labor diplomática Hammer se trasladó a la provincia de Trinidad, donde en una acción de hostigamiento político, una turba trató de impedir que se reuniera con el sacerdote católico José Conrado Rodríguez. Sin embargo, pudo hacerlo.

«Tuve el placer de reunirme de nuevo con el padre Conrado en Trinidad. Me inspira cada vez que hablo con él», dijo el funcionario a través de sus redes sociales.

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Turba lo hostigó después de la reunión

Pero también denunció que al salir de la parroquia fue objeto de insultos y gritos por parte de una turba progubernamental.“Cuando salí de la parroquia unas pocas comunistas, seguramente frustradas por lo mal que va la revolución, me gritaron obscenidades”, denunció el diplomático en sus redes sociales. Entre los gritos que recibió se escucharon consignas como “asesino”, “genocida” y “títere de Donald Trump”.

Ante el hostigamiento sufrido por Hammer, la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental del Departamento de Estado de Estados Unidos emitió un pronunciamiento en el que exigió al régimen cubano cesar las acciones represivas.

“Nuestros diplomáticos continuarán reuniéndose con el pueblo cubano, a pesar de las tácticas fallidas de intimidación del régimen”, señaló el organismo.

Nicaragua expulsa diplomáticos

Pese al acto de intimidación y hostigamiento, a Hammer no lo expulsaron de Cuba ni tomaron represalias contra el sacerdote. Esto contrasta con el autoritarismo que se vive en Nicaragua, donde Daniel Ortega y Rosario Murillo han respondido con medidas extremas ante gestos mucho menos visibles.

Un ejemplo reciente es la expulsión del embajador de España en Managua, Sergio Farré Salvá, y también del ministro consejero de la misión diplomática, Miguel Mahiques Núñez. El régimen, sin ofrecer una explicación pública oficial sobre los motivos, los expulsó antes de cumplir dos meses de misión, por lo que su estancia fue muy breve.

Dicho acto fue considerado por la Unión Europea como una decisión “unilateral, injustificada e inaceptable”. El bloque comunitario exhortó al gobierno a revertir la medida y permitir que la diplomacia y el diálogo continúen. Pero los dictadores no entienden de correcciones.

Religiosos encarcelados y desterrados

Casos similares se han repetido con representantes diplomáticos de la Organización de Estados Americanos (OEA), la Unión Europea (UE), y agencias de la Organización de Naciones Unidas (ONU), a cuyos representantes los han expulsado, forzándolos a abandonar el país, en algunos casos por expresar preocupaciones sobre las violaciones de los derechos humanos, y en otros por motivos desconocidos.

Pero la persecución no se limita al ámbito diplomático. En Nicaragua, han encarcelado y desterrado a sacerdotes, por acciones menos visibles que reunirse con un diplomático, o por expresar críticas al régimen, tal como lo hace el padre José Conrado Rodríguez en Cuba.

El caso más emblemático es el del obispo Rolando Álvarez, condenado a 26 años de cárcel bajo la acusación del delito de traición a la patria, tras negarse a abandonar el país en un vuelo en el que en febrero de 2023 desterraron a 222 presos políticos. Un año después al obispo Álvarez también lo desterraron al Vaticano.

También persiguen a los periodistas

Pero Álvarez no es el único, en abril de 2024 también desterraron al obispo de Siuna, Isidoro Mora. Lo que provocó su destierro fue que oró durante una misa por monseñor Álvarez. Lo mismo ocurrió con el obispo de Jinotega, Carlos Herrera a quien en noviembre de ese año lo desterraron a Guatemala junto a su asistente. En su caso fue por exigir a funcionarios de la Alcaldía que respetaran, ya que estaban realizando una actividad en el atrio de la iglesia que no permitía que los feligreses escucharan la misa.

Estos obispos se suman a una amplia lista de sacerdotes encarcelados y desterrados que supera los trescientos. Lo mismo ha ocurrido con congregaciones de religiosas a las que además de expulsarlas del país les han confiscados sus bienes.

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Incluso el ejercicio del periodismo marca otra diferencia clave. En Cuba, Hammer invitó recientemente a periodistas a una actividad diplomática, aunque se les negó el acceso. En Nicaragua, el simple hecho de ejercer la profesión ha provocado la detención, el destierro, el exilio y el despojo de la nacionalidad de cientos de periodistas, y la confiscación de medios de comunicación.

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