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La expulsión sorpresiva del embajador de España en Nicaragua, Sergio Farré Salva y su número dos, Miguel Mahiques Núñez, ha indignado a los políticos españoles como la exdiputada europea socialista, Soraya Rodríguez, quien asegura que no existe ninguna explicación desde el punto de vista del derecho internacional.
Rodríguez, exportavoz del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), se reconoce como una de las legisladoras que participó activamente para imponer sanciones del Parlamento Europeo al círculo más cercano de los dictadores de Nicaragua, Daniel Ortega y Rosario Murillo.
“Nicaragua es un sueño de libertad, porque hay un pueblo que resiste y lucha contra esta dictadura”, explica la abogada en este breve cuestionario que aceptó responder a LA PRENSA.
Actualmente Soraya Rodríguez desarrolla su profesión en el ámbito privado y colabora con distintas organizaciones defensoras de derechos humanos.
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Doctora Rodríguez, ¿le sorprende lo ocurrido en Nicaragua con su embajador? ¿Por qué?
Lamentablemente no me sorprende mucho. El régimen totalitario de Ortega y Murillo lleva demasiado tiempo en una deriva autoritaria insoportable. Con la reciente expulsión de nuestro embajador y de su número dos, Nicaragua da su último portazo a la diplomacia y se acerca más al abismo autoritario de un régimen que se halla cada día más aislado.
Si me pregunta usted, ¿por qué? Yo creo que debemos buscar una respuesta en clave de relato interno, bajo la retórica de la soberanía y la no injerencia, posiblemente el régimen ha querido lanzar un mensaje de fortaleza, cuando en realidad, en mi opinión, con este gesto sólo demuestra que cada día la dictadura está más sola, más débil y que tras los últimos movimientos en Venezuela Ortega y Murillo se sienten menos seguros.
¿Hay alguna manera de evaluarlo desde el punto de vista del derecho internacional?
Desde el punto de vista del derecho internacional no hay explicación. El embajador Sergio Ferré y su segundo son unos funcionarios ejemplares y excelentes profesionales que conocen perfectamente la labor y funciones que les corresponde en su función de representación del estado español.
Su trabajo en la embajada española ha sido impecable como el de sus predecesoras en la embajada. Ahora bien, España ha sido, y me siento como española orgullosa de ello, el país que sin duda más cerca está del pueblo nicaragüense y más firme ha sido en la denuncia del régimen.
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Dar la nacionalidad a los nicaragüenses, que lo serán siempre, convertidos en apátridas por Ortega, es una buena muestra de esta cercanía, solidaridad y cariño de la sociedad española con la nicaragüense. De ahí se deriva sin duda esta hostilidad constante de los Ortega con España. Sergio Ramírez decía esta semana en una entrevista que Ortega está “en una irritación permanente” con España. Es una buena definición.
¿Cómo valora la respuesta de España y debería haber alguna de la UE?
La respuesta del Gobierno de España es impecable. En aplicación del principio de reciprocidad la retirada del embajador nicaragüense era necesaria. Desgraciadamente como dije al principio no es la primera crisis diplomática que sufrimos con el régimen de Ortega. La Unión Europea ha manifestado su compromiso con el pueblo de Nicaragua. El 29 de septiembre del año pasado el Consejo de la Unión Europea prorrogó formalmente las medidas restrictivas contra el régimen nicaragüense hasta el 15 de octubre de 2026.

Ha establecido sanciones personales que alcanzan a Rosario Murillo y a miembros de su círculo más cercano. Como usted sabe en la pasada legislatura yo participé muy activamente desde el Parlamento Europeo para conseguir estas sanciones.
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¿Qué es hoy Nicaragua?
Desde mi posición que es la de estar en contacto con la oposición en el exilio, en contacto con familias de presos políticos y con nicaragüenses acosados y perseguidos, solo puedo decir que hoy es una de las peores dictaduras de América Latina. Una dictadura cruel y corrupta. Ortega y Murillo han creado un Estado capturado por la corrupción y lo han convertido en una empresa familiar. Es un régimen represivo que sólo ha traído dolor, sufrimiento y pobreza a los nicaragüenses. Pero también Nicaragua es un sueño de libertad, porque hay un pueblo que resiste y lucha contra esta dictadura y espero y deseo que muy pronto pueda transitar por el camino hacia la restauración de la democracia.