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Las probabilidades de cambio en Nicaragua han aumentado. Esto hace importante irse preparando mental y psicológicamente ante los posibles escenarios, al igual que ser cautelosamente optimistas. Porque no hay nada más difícil en política que predecir —la historia siempre ha sido una sucesión de sorpresas inesperadas— y también porque las cosas no suelen ser sencillas. A veces hay efectos dominó felices, como cuando tras la caída del muro de Berlín se desplomaron todas las dictaduras comunistas del Este de Europa. Hay otros que son más complicados, como la primavera árabe que comenzó en Túnez en 2010 y se extendió a Egipto, Libia, Siria y Yemen. En el primero de estos países llevó a una nueva dictadura, en el segundo a la anarquía, en el tercero a una guerra civil de muchos años.
¿Qué tan probable es que la administración Trump saque a los Murillo-Ortega? Pedro Joaquín Chamorro, en su artículo del viernes pasado “¿Por qué no habrá extracción en el Carmen?” señalaba entre las razones de su escepticismo la ausencia en Nicaragua de petróleo, su insignificancia estratégica, el no estar los Mu-Or acusados de narcotráfico y lo complicado que es realizar una extracción. Argumentos todos válidos, pero no definitivos. Extracción a lo Maduro probablemente no habrá, aunque en el caso de Nicaragua sea mucho más fácil. Cierto es también que Trump quizás no le preste mucha atención por su pequeñez y carencia de petróleo. Pero sí hay, al menos cinco factores, que probablemente inclinarán la balanza a favor de que Estados Unidos emplee alta presión para cambiar el régimen.
Uno es lo fácil que es arrinconar al gobierno nicaragüense. Su dependencia de dólares provenientes de dicho país es tremenda. Washington puede imponerle sanciones y medidas restrictivas devastadoras. Otro es la nueva doctrina Donroe, corolario de la Monroe: la expresa determinación de la administración actual a no permitir en las Américas gobiernos amigos de sus enemigos. Nicaragua califica con mucho entre ellos: Íntima aliada de Rusia, Irán y China, pipe de Maduro y Cuba —China tiene planeado construir un aeropuerto desproporcionado para el país y con cierto significado estratégico—. El régimen ha hecho además lo imposible por servir de puente para la emigración ilegal a Estados Unidos; es abiertamente considerado ilegítimo, y está completamente aislado y desprestigiado por su desmedida represión. Imaginemos las consecuencias que todo esto tendría si además llegara a descubrírsele nexos con el narcotráfico
Un tercer factor es que para el ego de Trump sería una medalla haber eliminado durante su presidencia a las tres dictaduras neocomunistas del continente. Ya Cuba está en su mira. El Wall Street Journal (23,01,2026) acaba de citar sus palabras dirigidas a sus gobernantes: “Yo sugiero fuertemente que ellos hagan un arreglo antes de que sea muy tarde”. Un cuarto factor es Marco Rubio. Él no querrá terminar su rol de secretario de Estado sin haber derrotado estas tiranías. Para lograrlo le quedan posiblemente tres años más. Y una quinta razón: lo difícil que será para Murillo imponer la dinastía dado su dudoso soporte interno y la crisis interna del FSLN.
Dentro de los escenarios derivables de estas realidades uno de los más probables es que Estados Unidos, directamente o con la CIA, intentará abrir primero un proceso de transición en el país, ya sea abordando o conspirando con elementos del ejército. Sus mecanismos de persuasión serán fuertes: zanahoria o garrote, incluso posibles ultimatos con algún amago de buques o sobrevuelos militares.
Ante esta posibilidad la oposición debe entonces prepararse: primero produciendo una coalición con suficiente coherencia y reconocimiento para legitimarla como interlocutor en el proceso; segundo, ofreciendo un buen plan o programa para el día después; tercero, cabildeando intensamente en Washington y, cuarto, estando dispuesta a negociar y hacer concesiones con quienes manden. A nadie gusta esto, pero si la caída estrepitosa del régimen no aparece en el horizonte, habrá que abrirse a otras alternativas. Carlos Alberto Montaner (RIP) decía al respecto: “Si el camino es el de las urnas habrá que dialogar con el tirano. No se puede aguardar a que, voluntariamente, se meta en el calabozo para que lo fusilen a la mañana siguiente. No lo hará. Hay que pactar la paz, aunque sea con la nariz tapada”.
El autor es sociólogo e historiador. Autor del libro En busca de la tierra prometida. Historia de Nicaragua 1492-2019.