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Douglas Castro: Ortega es “incómodo” y “presa fácil” para Trump

El sociólogo y economista analiza la intervención en Venezuela que acabó con la captura de Nicolás Maduro, además de la reacción del régimen Ortega Murillo.

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Si bien Nicaragua no es prioridad para Estados Unidos en este momento, la relación que mantienen Daniel Ortega y Rosario Murillo con Rusia y China podría ponerlos en la mira de Donald Trump, considera el sociólogo y economista Douglas Castro. 

Graduado de la Universidad de Oxford y establecido en Londres en donde continúa su preparación académica, Castro, de 37 años, ha seguido de cerca los últimos acontecimientos en Venezuela, los cuales tienen repercusión directa en Nicaragua al ser uno de los principales aliados del régimen Ortega Murillo. 

En esta entrevista, Castro habla sobre una posible ventana de negociación para los Ortega Murillo, tras la captura de Nicolás Maduro. Además, señala que “en Nicaragua cualquier cosa es posible”, por lo que no descarta que Estados Unidos ejecute una operación similar a la que emprendió en Caracas el 3 de enero y acabó con el dictador venezolano detenido y declarando por narcotráfico ante un tribunal neoyorquino. 

Por otro lado, Castro responde a la pregunta de si la captura de Maduro y la intervención de Estados Unidos en Venezuela fue correcta. “Se podría decir que fue una acción ilegal”, dice e inmediatamente remata: “Era intolerable la dictadura de Maduro para toda América Latina, pero América Latina no hizo nada”. 

¿Cómo ve al régimen Ortega Murillo en medio del contexto geopolítico actual? 

Yo lo veo en su posición más débil. Lo trato de contrastar con todo lo que pasó en el 2019. Es decir, Ortega en las protestas del 2018 anticipó que el escenario internacional se iba a poner a su favor y una de las variables claves era la salida de Donald Trump, la llegada de Andrés Manuel López Obrador (en México), la llegada de Lula da Silva (en Brasil), la llegada de Petro (en Colombia). Y no estoy diciendo que estos actores sean aliados de él, sino que son menos beligerantes en la crítica a la dictadura de Nicaragua. 

Esa apuesta le salió bien y pensó que la apuesta iba a seguir teniendo buenos resultados en el caso de mejorar sus relaciones con China, estrecharlas aún más con Rusia y ya no digamos con Venezuela y Cuba. Sin embargo, China no está respondiendo a como se esperaba que fuera a responder, Rusia ni digamos. Y estamos viendo que sus dos principales aliados están, como dicen en el barrio, desnucados, con poca posibilidad de mantenerse con fuerza. La apuesta internacional es quizás el flanco más débil de la dictadura y eso genera presiones a lo interno. Si no pues nos remitimos a la investigación que publicó LA PRENSA de cuál ha sido la reacción de paranoia absoluta ante la captura de Maduro y eso va generando muchas vulnerabilidades y posibilidades de que se hagan grietas a lo interno.

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Douglas Castro, exiliado nicaragüense y graduado de Oxford. ARCHIVO

Entonces a largo plazo esa estrategia de la que habla terminó colapsando para Ortega y Murillo. 

Para mí sí. Hay que reconocer que Ortega es un gran apostador y cuando vos apostás mucho, podés perder mucho a como podés ganar mucho. En el caso de él, yo creo que esa apuesta férrea de sostenerse a costa de todo, de aislamiento internacional total, de solo alinearse a estos países antidemocráticos, antioccidentales, le puede costar caro. 

Si no, miremos Venezuela. ¿Qué es lo que está haciendo Venezuela actualmente? Invocando el derecho internacional, invocando la soberanía. Es decir, solo falta que vayan a poner la denuncia a la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Es decir, todo lo que ellos desecharon en estos últimos años ahora sienten que les podría servir para defenderse de las pretensiones totalmente brutales de la administración Trump para ejercer su dominio y poder en América Latina. 

¿Cree que la administración Trump tenga en la mira a Ortega, así como al régimen de Maduro? 

Yo no creo que lo tenga totalmente en la mira, pero no deja de ser incómodo y no deja de ser una presa fácil. La dictadura de Nicaragua ha sabido jugar un juego interesante que es criticar, por un lado, pero salirse de la mira. Volar bajo el radar, tratar de tener buenas relaciones y no incomodar al gobierno de Trump. Sin embargo, no hay que olvidar que quien está dirigiendo la política hacia América Latina es Marco Rubio. Él es una persona que sabe totalmente cómo funciona Nicaragua. Es impresionante el conocimiento que él tiene sobre Nicaragua y en determinado momento eso puede generar alguna política fuerte contra la dictadura en Nicaragua, pero hay que ser claros y reconozcámoslo, Nicaragua no es prioridad. Está muy lejos de ser prioridad ahorita. 

¿Por qué Nicaragua no es prioridad para Estados Unidos? 

Se va a escuchar un poco cínico, pero es que no tenemos petróleo, no tenemos ningún tipo de recurso. Nicaragua no tiene prácticamente ningún valor geoeconómico, geoestratégico. El único tema que yo creo que es la principal prioridad de Trump es negar el acceso a los adversarios geopolíticos de Estados Unidos en América Latina. En pocas palabras, América para los americanos, América para Estados Unidos. Sin que nadie pueda ejercer influencia en el hemisferio occidental, nada más que Estados Unidos. 

Eso sí puede poner a Nicaragua en el escalafón de prioridades. Es decir, si Nicaragua se sigue relacionando con China y Rusia se puede poner en la mira de Trump. Y es por eso por lo que yo creo que Nicaragua va a tratar de bajar el gas y tratar de suavizar su relación con estos países. 

Ortega salió a hablar sobre la captura de Maduro casi dos semanas después y no había reaccionado tan beligerante como se esperaba, ¿por qué cree que fue así? 

Creo que hay que analizar la primera reacción que está en consonancia con todo lo que hizo el bloque bolivariano, es decir, la misma Venezuela y Cuba. Porque ellos tienen décadas acusando a Estados Unidos de imperialismo, de intervencionista, hablando prácticamente de un molino de vientos contra un espantapájaros y ahí viene el lobo y cuando realmente llegó el lobo se quedan callados. 

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Eso es porque tienen terror a la intervención y al uso de la fuerza de parte de Estados Unidos, porque ellos saben que es prácticamente incontestable, es decir, el poder de Estados Unidos fue abrumador. Rusia intentó hacer lo mismo con Zelenski, capturarlo, y fueron liquidados por las fuerzas ucranianas. Estados Unidos demostró que sí puede hacerlo y extraer a un líder extranjero. Y con la diferencia de que Venezuela está más lejos de Estados Unidos que Ucrania de Rusia. 

Ortega acusó a Estados Unidos de terrorismo. 

Ortega quiso mostrar un poco de fortaleza, como decir: “No estamos acalambrados”. El hecho de que él sea una persona mayor, que se especule que esté gravemente enfermo, que no aparezca durante varias semanas, lo mínimo que tenía que hacer cuando apareciera, que por lo menos dijera “pío”. Es todo un tema de estrategias de comunicación. 

Entonces es un mensaje más que todo dirigido a sus bases. 

Sí, para mí es más para calmar a sus bases porque de alguna u otra forma, no sabemos qué canales de comunicación tienen con la administración de Estados Unidos. Ellos liberaron a varios presos políticos luego de que la Embajada dijera que era hora de que liberaran. 

¿Qué consecuencias podría traer para Ortega y Murillo que se les vincule en el juicio por narcotráfico en el que está siendo juzgado Nicolás Maduro? 

En la acusación que hace la Fiscalía de Estados Unidos prácticamente se habla de que Nicaragua es una de las vías de tránsito en esta relación de narcotráfico entre Maduro y los carteles mexicanos con destino a Estados Unidos. Es decir, Nicaragua está en la mira y eso no es casualidad. Además, que históricamente siempre ha sido acusado, si no miremos este best seller de Carlos Lehder, uno de los líderes del Cartel de Medellín, donde prácticamente tiene un capítulo donde habla de toda la trama nicaragüense y del involucramiento de la Revolución Sandinista con el Cartel de Medellín en los años ochenta. 

Yo creo que las consecuencias serían gravísimas para Nicaragua que se les vincule con pruebas. No creo que Nicolás Maduro vaya, como decimos en Nicaragua, a bombear a Ortega. Aunque quién sabe, esta gente muchas veces se muestra como valiente y a la hora de la hora flaquean. 

Douglas Castro tiene 37 años. Es sociólogo y economista. ARCHIVO

Tras la captura de Maduro ha habido mucha especulación de que esto mismo pueda suceder con Ortega. ¿Es posible en Nicaragua este escenario? 

Bueno, todo es posible. Si vos me preguntabas eso antes de que capturaran a Maduro, todo el mundo te iba a decir que es imposible, pero vimos claramente que cuando un poder de la magnitud del de Estados Unidos se propone algo de eso, tiene casi todas las herramientas para hacerlo. En Nicaragua todo es posible, pero yo creo que Ortega no ha contrariado los intereses reales de Estados Unidos. 

Si a Ortega se le ocurriera poner bases chinas, bases rusas, ahí sí sería factible perfectamente, pero más que especulaciones y análisis de nosotros, miremos lo que hace la dictadura. El hecho de que estén en paranoia, que estén incrementando más su seguridad, te dice que ellos sí lo tienen como un escenario y no ahorita, si no desde siempre. Ortega es una persona sumamente precavida. Entonces, ellos no lo descartan, pero yo creo que, como pueblo de Nicaragua, como opositores, hay que evitar que nuestra acción política se base en ese tipo de esperanza que no está en nuestras manos. 

A propósito, ha habido un debate muy fuerte. Por una parte, se aplaude la captura de Maduro, pero por otra también se condena una intervención militar. 

Si nos ceñimos al derecho internacional, la acción que ejecutó Estados Unidos se podría decir que fue una acción ilegal. Eso en el mundo del derecho, en el mundo normativo, prácticamente en el mundo ideal. Pero en el mundo de los hechos hay que reconocer que el derecho internacional últimamente está bastante socavado. Desde el momento que Rusia invade Ucrania no hay una posición totalmente abierta de rechazo a eso, porque muchas de las personas que reclaman la intervención estadounidense no han dicho nada con respecto a lo que hace Rusia. 

En el caso de Venezuela, era intolerable la dictadura de Maduro para toda América Latina, pero América Latina no hizo nada, el sistema interamericano no hizo nada, el sistema universal de derechos humanos no hizo nada. Entonces, el que haya intervenido Estados Unidos y que fuera así y que esa haya sido la única forma de poder sacar a Maduro del poder demuestra que las otras vías fracasaron. ¿Qué no hizo la oposición para provocar una transición pacífica del poder en Venezuela? ¿Fue una acción que no está en el derecho internacional? Sí. ¿Maduro es un criminal, un dictador que merece ser capturado y encarcelado? Sí. 

Por otro lado, mientras esto sucedía en Venezuela, en Nicaragua hubo cambio de encargado de negocios y se habla de que Denis Moncada estaría en Washington estableciendo posibles negociaciones. ¿La captura de Maduro abrió una ventana de negociación para Ortega y Murillo? 

Ellos siempre van a buscar las negociaciones, lamentablemente ellos siempre buscan negociaciones con alguien de afuera, con un extranjero. Con ese pragmatismo no me cabe ninguna duda que están buscando algunas ventanas de negociación con Estados Unidos. Este es un régimen altamente sensible a la fuerza. No es sensible a las razones y viendo todo el despliegue de fuerza que está teniendo Estados Unidos en la actualidad, están teniendo muchísimos incentivos y miedo también, y están tratando de abrir esos canales. 

A mí no me asustaría para nada que ellos estén tratando de entablar esas negociaciones. Ellos sin asco se sientan con quien sea, sino también miremos a sus aliados. El mismo chavismo está en la mesa de negociación, prácticamente es un régimen títere de Trump y están negociando con él para preservar el poder. 

Y ante ese panorama de una posible negociación, ¿cómo está la oposición nicaragüense? 

Mirá en el caso de Venezuela, a pesar de que la oposición no estuvo tan articulada, ahí hubo ciertas aperturas que permitieron primarias e ir a elecciones. En Nicaragua estamos ante un régimen más radical y maduro. Entonces, la oposición es bastante precaria. Si la oposición de Venezuela es precaria, es decir, María Corina Machado no está teniendo el papel que debería de tener con Edmundo González. En ese contexto, teniendo toda la fuerza porque ganaron con más de 70 por ciento de las elecciones, ahora imaginate el caso de Nicaragua. Es una posición más precaria, pero yo lo que quiero destacar es que el discurso ha sido coherente. El consenso siempre ha sido el mismo, que en Nicaragua se necesita una salida negociada, esa salida negociada pasa por entablar las condiciones para que haya elecciones libres, que haya una transición pacífica. 

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Y miremos que en Venezuela estaba pasando prácticamente lo mismo. Sí, hubo una acción de fuerza, pero esa acción de fuerza te está llevando a un planteamiento que es la hoja de ruta que planteó Marco Rubio: estabilización, liberación y después democratización. Yo creo que eso es perfectamente coherente con la línea que se ha sostenido en Nicaragua y que eso así debería de ser. Creo que falta camino por recorrer, aunque todo está sobre la mesa, pues todo puede cambiar de la noche a la mañana. 

¿No cree que deberían los opositores ya ir buscando esa cohesión de cara a ese momento? 

Yo creo que sí, siempre se necesitan alianzas, coordinaciones. También creo que hay que ser bastante claro en el sentido de que la democracia es disenso. Los que no toleran el disenso son las dictaduras, siempre debe de haber diferencia. Lo que no debería ser tolerable son ese tipo de cuestiones de ataques o agresiones, que yo lo veo más que todo en redes, pero no de actores centrales de la oposición, sino de sectores un poco más marginales. Pero sí se necesita pues una instancia de coordinación formalmente establecida. 

Miremos el caso de Venezuela, pues yo creo que, si en Venezuela la oposición tuviera aún más fuerza, tuviera más coordinación, más cohesión, yo creo que estaría en una mejor posición. Hay que tener cuidado de buscar la unidad absoluta o la unidad ideal. Hay que reconocer que eso no es así, se necesita coordinación, se necesitan alianzas, se necesita negociación, mucho diálogo al interno entre la oposición para prepararse para esos momentos, para momentos de cambio que no te agarren desprevenidos. 

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