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La mañana del 10 de enero de 2026, los medios oficiales del régimen sandinista transmitieron la ceremonia de reinauguración de la Universidad Católica Redemptoris Mater, ahora rebautizada como “Universidad Católica Cardenal Miguel Obando y Bravo”.
Entre funcionarios universitarios, apareció tras muchos años de silencio y alejado de cámaras, el sacerdote Eddy Montenegro, quien, con paso lento, cabellera blanca y apoyado en un bastón, se acercó para bendecir la nueva placa.
La figura de Montenegro, otrora mano derecha del cardenal Miguel Obando y Bravo, recordaba el último eslabón visible del círculo de sacerdotes que acompañaron a Obando en su último y polémico trecho de la historia contemporánea de Nicaragua.
Este Montenegro, al igual que otros de sus antiguos compañeros de sotana, transitó de los reflectores sobre Obando al más bajo perfil, una travesía que también siguieron otros sacerdotes con lealtades personales y políticas al cardenal Obando. ¿Quiénes eran y qué fue de ellos?
De la mano de sacerdotes exiliados en Estados Unidos y Costa Rica y un periodista investigador de los asuntos católicos, ubicamos sus destinos.
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El último leal
Montenegro fue, desde los años 90, una de las figuras más cercanas al cardenal: secretario personal, asesor y finalmente miembro del Consejo Superior de la Universidad Católica Redemptoris Mater; representó la continuidad de la visión pastoral y política de Obando tras su muerte en junio de 2018.
Fue uno de los pocos que defendió públicamente la reconciliación del cardenal con Daniel Ortega en los años 2000, justificándola como un acto de “paz cristiana” y no “como oportunismo político”.
Tras la muerte de Obando, Montenegro se mantuvo vinculado a la universidad bajo la gestión de la familia Rivas Reyes, parientes del expresidente del Consejo Supremo Electoral, Roberto Rivas Reyes, artífices de los fraudes electorales a favor del FSLN entre 2008 y 2018.

Francisco Burk Castrillo Talley
El sacerdote Castrillo Talley fue el encargado de la liturgia y de las ceremonias en los últimos años de Obando.
También encontró refugio en la universidad, donde su papel ha sido mayormente administrativo, así como en Radio Estrella del Mar, una de las pocas y últimas emisoras católicas activas en Nicaragua que opera en la capilla de Las Sierritas de Santo Domingo.
De acuerdo con un excolega de congregación exiliado en Costa Rica, el padre Castrillo cumplió en diciembre pasado 36 años desde su ordenación sacerdotal por parte del cardenal Miguel Obando en la parroquia Santo Domingo en Las Sierritas de Managua.
Según este sacerdote, el vínculo de Castrillo con el grupo cercano a Obando “fue siempre más pastoral que ideológico: estuvo donde estuvo Obando, pero tras la muerte del cardenal y los escándalos de Roberto Rivas, el padre Castrillo optó por el silencio y la liturgia, evitando pronunciamientos y evitando aparecer en cosas públicas”.
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Neguib Kalil Eslaquit
El sacerdote Neguib Kalil Eslaquit fue, durante los primeros años del retorno sandinista, uno de los sacerdotes más críticos con el régimen Ortega Murillo.
Su voz, magnificada desde la sección Religión y Fe del Diario LA PRENSA contrastaba con el silencio de otros miembros del círculo de Obando y llegó a denunciar en homilías el abuso de poder y la desigualdad social en el país.
Sin embargo, con el tiempo, terminó alineándose a la línea radical a favor de Ortega y aun se le recuerda cantándole, guitarra en mano, a la ventana del Mercedes Benz de Rosario Murillo.
Tras la muerte de Obando, los sucesos de abril de 2018 y la posterior radicalización del régimen, Eslaquit adoptó un bajo perfil más orientado a lo pastoral, pero sin abandonar el apoyo político al régimen, según la información del sacerdote exiliado en Costa Rica.
Eslaquit, sacerdote Eudista con 34 años de carrera sacerdotal, aún sigue al frente de la parroquia de Nuestra Señora de los Dolores, en Carazo.
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Padre Antonio “Toño” Castro
El padre Antonio Castro, conocido como Padre Toño, sigue en su parroquia de Nuestra Señora de la Merced, en el oriente de Managua.
De edad avanzada, 80 años, ha limitado sus apariciones públicas y litúrgicas, pero según quienes lo frecuentan, todavía mantiene una actitud cercana con las políticas del régimen, aunque al margen de las disputas eclesiásticas.
Fue muy cercano a Obando, quien lo ordenó diácono en 1971. Se mantuvo leal a él en sus dos facetas: como líder de la Iglesia en los duros años 80 cuando el FSLN los consideraba enemigos y luego en la década del 2000 cuando el cardenal se plegó a Ortega.
En octubre del año pasado escandalizó a la comunidad católica de su parroquia al oficiar una misa al fusilador cubano-argentino Ernesto “Che” Guevara.
Antes ya había oficiado otras en memoria de Fidel Castro, Hugo Chávez y Tomás Borge Martínez.

Monseñor Bismarck Carballo
Monseñor Bismarck Carballo Madrigal es, quizás, el nombre más conocido del anillo cercano a Obando; se dio a conocer por el escándalo mediático que vivió en 1984, cuando fue víctima de una operación de descrédito por parte del sandinismo.
Bismarck Carballo, uno de los sacerdotes a quien Obando más protegió según el padre exiliado en Costa Rica, se mantuvo como colaborador del cardenal incluso en los tiempos de reconciliación con Ortega, cuando gran parte del clero se le distanció.
En la actualidad, Carballo sigue como párroco de la iglesia Espíritu Santo, en la colonia Maestro Gabriel de Managua, de bajo perfil, con apariciones esporádicas en los medios de la familia Ortega Murillo.
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Obispo René Sócrates Sándigo
Este sacerdote fue, en su cercanía con Obando, uno de los más afines a la vida pastoral, pero crítico contra la postura política antisandinista de Obando en los años 80 y 90.
De acuerdo con la versión de uno de los sacerdotes exiliados, el sacerdote Sándigo siempre fue proclive a la cercanía de la Iglesia católica con los poderes políticos del momento.
Lo fue con la administración de doña Violeta Chamorro, con Arnoldo Alemán, fue cercano al presidente Enrique Bolaños y lo sigue siendo con la dictadura Ortega Murillo.
“Algunos podrían decir que es pragmático y otros que es, por decirlo de otro modo, ajeno a las diferencias políticas, aunque a todas luces no se incomoda con el actual régimen”, dice este sacerdote exiliado en Costa Rica.
De aquel círculo cercano a Obando, es el único que aun se maneja públicamente activo y afín al régimen.

Otros nombres
El periodista exiliado Emiliano Chamorro, editor por muchos años de la sección Religión y Fe del Diario LA PRENSA, recuerda que el grupo cercano de Obando incluyó a figuras como Boanerges Carballo, hermano de Bismarck, vinculado a la Universidad Católica, identificado con el régimen y en tareas administrativas.
«La mayoría de los miembros de la Conferencia Episcopal de Nicaragua eran discípulos del cardenal Obando y Bravo, incluyendo a Leopoldo Brenes aun cuando fue consagrado cardenal, pero no todos vieron con agrado la decisión de monseñor Obando de unirse a Ortega. Eso causó una división profunda en el clero», recuerda Chamorro.
«Cuando el cardenal aparece en las tarimas con Daniel Ortega, muchos sacerdotes me confesaron que se sintieron traicionados y hasta abandonados, porque voltearon a ver a Polito (Leopoldo Brenes) y no le vieron la estatura que tuvo Obando y Bravo. Es más, hasta Brenes se vio más cercano con Murillo», dice.
No hay que olvidar que el actual cardenal Leopoldo Brenes fue ordenado episcopalmente en 1988 por Obando y Bravo.
Brenes, o Polito como le llaman con cariño en los corrillos religiosos, se sostuvo como cercano a Obando, su mentor, aun cuando fue consagrado cardenal en 2014 por el papa Francisco.
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El nuevo liderazgo del clero
En ese lapsus de Obando con Ortega fue cuando surgieron las figuras de Silvio Báez y Rolando Álvarez, junto a monseñor Mata, como el nuevo liderazgo crítico de la Iglesia, dice Chamorro.
El periodista recuerda a otros sacerdotes que, pese al giro del cardenal Obando, siguieron fieles a su figura, como monseñor Bosco Vivas Robelo, fallecido en 2020, auxiliar de Obando y luego obispo de León. Murió distanciado de Obando; monseñor Abelardo Mata, retirado y enfermo, fue auxiliar de Obando en los 80, luego obispo de Estelí y hasta 2018 una de las voces más críticas contra la dictadura Ortega Murillo.
A ese grupo perteneció también monseñor Bernardo Hombach, obispo emérito de la Diócesis de Granada, amigo cercano a la vida pastoral de Obando, pero distanciado de su giro ideológico desde 2002 cuando este se reconcilió con Ortega.
También perteneció a ese grupo, recuerda Chamorro, en la última fase de vida sacerdotal de Obando, monseñor Jorge Solórzano, obispo de la Diócesis de Granada, quien pese a haberse manifestado crítico ante el régimen, mantuvo la cercanía con Obando hasta el fin de sus días.

No todos eran sandinistas
“Muchos de estos obispos y sacerdotes admiraban al cardenal por su papel de pastor y mediador, pero no necesariamente compartían su acercamiento al régimen sandinista”, dice el periodista investigador de asuntos religiosos, Israel González.
El comunicador católico advierte que es un error colocar en un mismo plano “como sandinistas” a todos los obispos y sacerdotes que tuvieron relación con el cardenal Miguel Obando y Bravo.
Para él, existe una diferencia fundamental entre los obispos que mantuvieron una cercanía pastoral con una figura central de la Iglesia nicaragüense y un grupo reducido de sacerdotes que, en su momento, acuerpó de manera más directa al exarzobispo de Managua.
“Una cosa es obispos que tenían una cercanía pastoral con alguien a quien siempre vieron con respeto por su investidura cardenalicia”, señala. Otra muy distinta es “el grupito de sacerdotes que acuerparon al cardenal”, subraya.
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Presencias transitorias
González recuerda que, tras la muerte de Obando y Bravo, durante un período breve algunos de esos sacerdotes continuaron asistiendo a actos públicos del régimen.
Sin embargo, aclara que esa visibilidad fue temporal y que, con el paso del tiempo, la mayoría optó por un perfil extremadamente bajo.
Hoy, afirma, “ni siquiera se puede hablar de un grupo de sacerdotes nicaragüenses que sea un ‘apoyo moral’ al régimen orteguista”.
La noción de un bloque clerical organizado que respalde al poder político carece, a su juicio, de sustento en la realidad actual.
Para explicar esta distinción, el periodista recurre a una analogía tomada del ámbito universitario. Compara la relación con Obando y Bravo con la admiración que un estudiante de la extinta UCA podía sentir por un profesor destacado por su trayectoria profesional.
“Uno puede respetar o admirar lo que ese profesor ha hecho en su carrera, sus reportajes o su desarrollo profesional, sin que eso implique compartir sus decisiones personales, su vida privada o su pensamiento político. Son niveles distintos de relación, y confundirlos lleva a interpretaciones forzadas”, dice.

Generación episcopal
González sitúa esta reflexión en un contexto histórico más amplio: la mayoría de los obispos nicaragüenses que estuvieron en funciones hasta 2018 pertenecen a una generación que presenció todo el desarrollo del arzobispado de Obando y Bravo.
En ese periodo, dice, vieron al pastor religioso, pero también al mediador político que marcó de forma decisiva la historia de Nicaragua en los últimos cincuenta años.
Esa trayectoria explica, según González, la existencia de una admiración legítima por su figura.
“No se trata, en muchos casos, de adhesión ideológica, sino del reconocimiento a un personaje central de la Iglesia y de la vida pública del país”, dice.