Régimen cumple 19 años de manipular la fe. Sacerdotes tildan de «hipocresía» a Murillo

"¿Cómo ellos pueden decir amamos al prójimo como Dios los ha amado? Cuando todo lo que ellos hacen es contradictorio", dijo a LA PRENSA el padre Nils Hernández, sacerdote de origen nicaragüense

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«Hacer el bien sin mirar a quien» es lo que, según la codictadora Rosario Murillo, ha estado haciendo el régimen que lidera junto a su esposo, Daniel Ortega, los últimos 19 años. En medio de una marcada retórica religiosa, Murillo defendió estas casi dos décadas de gobierno absoluto en su mensaje habitual del 7 de enero.

«Nuestra Nicaragua (es) bendita, prosperada, victoriosa porque somos pueblos de Dios, somos pueblo de fe, somos pueblo creyente, devoto, y sabemos que el máximo mandamiento de Cristo Jesús, príncipe de la paz, es amarnos los unos a los otros», pronunció la codictadora.

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Esto contrasta con una política de hostilidad que ha desplegado contra el clero católico nicaragüense en particular, pero además contra organizaciones opositoras y cualquier foco de resistencia a su agenda, sobre todo en los últimos años desde el estallido social de 2018.

«Resulta profundamente cínica esa afirmación de Rosario Murillo», dijo a LA PRENSA el sacerdote Edwin Román, uno de los religiosos más célebres en ser perseguido por la dictadura en Nicaragua. Según Román, la realidad documentada señala más bien lo opuesto.

«Rosario frecuentemente recurre a un discurso hippie y de ‘humos’ cargado de ‘amor y paz’ en sus aburridas y floreadas alocuciones diarias. Sin embargo, continúa cometiendo violaciones a los derechos humanos, cientos de asesinados, torturas, desapariciones, persecución política y religiosa», acusó el religioso.

Él mismo fue víctima de esta represión, lo que lo llevó al exilio en 2021.

«Silencian al pueblo, censuran a la prensa, privan de nacionalidad a cientos de nicaragüenses y a otros niegan retornar al país. Confiscan bienes, atacan a la Iglesia católica, encarcelan a obispos, sacerdotes, periodistas, campesinos, estudiantes; a todo aquel que se les oponga haciendo valer sus derechos de protesta cívica», continuó.

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«Calificar estos años de ‘amor al prójimo’ es ignorar el sufrimiento de millones de nicaragüenses víctimas de la represión, exilio y miedo en la actualidad. Rosario Murillo es una mujer diabólica y sin amor, el mejor ejemplo lo tiene en sus sentimientos para su propia hija en el exilio», concluyó Román.

Por su parte, el padre Nils Hernández, párroco de origen nicaragüense que oficia desde la iglesia Reina de Paz, en Waterloo, Iowa, Estados Unidos, se pregunta: «¿Cómo ellos pueden decir amamos al prójimo como Dios los ha amado? Cuando todo lo que ellos hacen es contradictorio al mandamiento de Dios».

El padre Hernández valora los 19 años de dominio sandinista sobre los asuntos de Nicaragua como uno de los peores momentos para las relaciones entre el clero y el Estado de Nicaragua, pero además como «el desastre más grande y catastrófico» de origen humano que ha vivido el país.

«Estamos hablando de un tiempo de miseria. Y los responsables de todo eso son ellos. Porque esta gente lo único que ellos quieren es acaparar para ellos mismos y a ellos no les importa el pueblo. Ellos lo que hacen nada más es manipular la fe», condenó.

Decenas de procesiones han sido prohibidas en Nicaragua por la dictadura sandinista. Foto: LA PRENSA

Mensaje es «cínico y mentiroso»

«No creo que sea un mensaje ni siquiera para sus bases», comentó otro religioso que residía en Nicaragua, pero que ahora se encuentra en el exilio y pidió a LA PRENSA proteger su identidad. «Yo creo que las bases no se ven ni como buenas ni como malas. Solamente soportan la realidad que se impone», agrega.

El religioso tildó el mensaje de Murillo como una expresión «cínica, mentirosa» e incluso «idólatra». Y a la codictadora la caracterizó como una tirana cuya palabra «todo lo impone» sobre el país.

Desde que la Iglesia se posicionó a favor de manifestantes pro-democracia durante el estallido social, la dictadura que lidera Murillo ordenó profanaciones, medidas restrictivas, vigilancia policial constante y prohibiciones de procesiones tradicionales, especialmente en Semana Santa, contra la institución.

Organismos de derechos humanos e investigadores independientes han documentado miles de agresiones contra religiosos católicos, llegando incluso a expulsar del país a un total de 300 religiosos católicos (entre clérigos y consagrados).

Esta cifra incluye aproximadamente a entre 150 y 160 sacerdotes (diocesanos y religiosos), 4 obispos (como Rolando Álvarez, Silvio Báez, Isidoro Mora y otros), seminaristas, diáconos y cerca de cien monjas, muchas forzadas a salir tras la cancelación de sus congregaciones y confiscación de propiedades.

La investigadora Martha Patricia Molina, en su informe independiente Nicaragua: una Iglesia perseguida, ha recopilado, hasta la séptima entrega, 1,010 acciones de ataques contra la Iglesia católica, sus autoridades y feligreses, desde el estallido social de 2018.

Estos ataques incluyen asedios, impedimentos y prohibiciones arbitrarias, cierres y confiscaciones ilegales, e incluso mensajes de odio y retórica denigrante amplificada desde todas las plataformas del Estado, según detalla la investigación de Molina.

Política Daniel Ortega Nicaragua archivo

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