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El avión con deportados inicia el descenso hacia San Pedro Sula, la segunda ciudad más importante de Honduras. El piloto anuncia que están a punto de aterrizar y hasta ese momento, al nicaragüense Juan Barilla lo liberaron de las cadenas de pies, manos y cinturas que lo tenían inmovilizado desde que lo montaron al vuelo para deportarlo desde Estados Unidos.
“Te hacen sentir como un criminal” dice este hombre de 35 años originario de San Miguelito, Río San Juan. No era la primera vez que lo montaban en un avión para expulsarlo de un país. Primero lo hizo la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo el 9 de febrero de 2023 cuando lo mandaron a Washington junto a otros 221 presos políticos.
Esta segunda vez, Estados Unidos decidió expulsarlo de su territorio como parte de la guerra que mantiene Donald Trump en contra de los inmigrantes. “Todo fue muy injusto”, reclama Barillas, aunque reconoce que él cometió el error de conducir en estado de ebriedad, lo cual provocó su detención y lo puso en la mira del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE).

En Estados Unidos trabajaba como electricista, la profesión a la que también se dedicaba en Nicaragua antes de ser encarcelado en septiembre de 2020 en una finca donde se encontraba con otros miembros del Movimiento Campesino, en Chontales.
Tras 29 meses preso, en los que sufrió torturas y malos tratos por funcionarios de La Modelo, fue desterrado a Estados Unidos.
Para esta entrevista solicita no hablar de ubicaciones ni direcciones por temor a los tentáculos represivos del régimen Ortega Murillo. Lo único que puede revelarnos es que está en alguna parte de Honduras bajo un programa de protección temporal de la Agencia para los Refugiados de Naciones Unidas (Acnur). Este incluye alojamiento, alimentación y trámites migratorios por un período de tres meses.
Llegó a Honduras el 29 de noviembre del año pasado. Aunque agradece el apoyo que le da Acnur, Barrilla sostiene que no puede quedarse en Honduras porque teme ser asesinado por los tentáculos represivos del régimen de Daniel Ortega que ya han cobrado la vida de otros opositores como Rodolfo Rojas, aparecido muerto en Honduras, y Roberto Samcam, asesinado en Costa Rica.
¿Cómo está tras un mes de haber sido deportado?
Estoy bien, con salud gracias a Dios, pero todo esto ha sido un proceso bastante complicado, adaptarme al lugar. Vos sabes que venimos de un país (Estados Unidos) que es super diferente en muchas áreas de la vida. Ahora que me encuentro aquí es un giro en la vida inesperado, es como un choque mental. Gracias a Dios me estoy empezando a adaptar en este entorno que no es el mejor, pero es lo necesario para seguir adelante y reintegrarme nuevamente a la sociedad.
¿Cuándo fue deportado?
Fui deportado el 29 de noviembre del 2025, ya tengo un mes aquí en Honduras.
¿Cómo ha sido su adaptación?
Pues aquí las organizaciones Cáritas, Acnur, me han brindado apoyo y otras organizaciones de inmigración también que nos han dado el apoyo. Yo me siento muy agradecido con estas personas que nos están dando la mano para seguir adelante con nuestra vida. Este mes ha sido como de descanso, de meditación, de poner en orden los pensamientos, mis sueños y mis anhelos, y adaptarme ahora a este nuevo lugar, a este nuevo país. Ha sido como un nuevo comienzo, como una nueva vida, yo lo veo así.
¿Ha sentido temor de estar en Honduras?
Pues sinceramente hay riesgo siempre. Es un riesgo bastante latente porque yo vengo de ser expulsado de Nicaragua por una dictadura. A mi país yo no puedo regresar y el riesgo latente es por la persecución que se le está dando a las personas como nosotros. Nuestros verdugos no están solo a nivel nacional, si no que la represión ya es transnacional. Honduras es un país muy cercano a Nicaragua y claro que existe un riesgo de que vayan a intentar hacerme algo. Tengo miedo de que aquí me puedan matar. Si hubiera la posibilidad yo emigraría a un tercer país, pero la verdad ahorita no tengo los recursos.
¿Cómo se sintió al ser deportado por el país que lo recibió hace casi tres años cuando fue desterrado de Nicaragua?
Yo siento que fue un proceso bastante injusto. Me hicieron prácticamente como que era como cualquier otro inmigrante deportado. Yo tenía todos los argumentos y todas las pruebas necesarias para pelear mi asilo en Estados Unidos, pero lastimosamente pues como están las leyes ahorita no me dieron oportunidad de presentar mi caso de asilo, sino que directamente la Fiscalía le pide al juez que yo sea removido hacia Honduras y no me dejan presentar mi asilo.
Yo siento que violentaron mi derecho porque cuando estás en un proceso de asilo, tenían que haberme dejado allá en Estados Unidos para seguir peleando por mi caso de asilo. Entonces yo siento que el gobierno fue injusto. Yo no podía hacer nada porque estaba en manos de ellos.

¿Por qué dice que la Fiscalía no le permitió presentar su caso de asilo?
Antes de cumplir los 6 meses de haber estado en Estados Unidos yo metí mi solicitud de asilo. De hecho, yo ya había ido a tomarme las huellas, me habían tomado la foto y yo solo estaba esperando la entrevista de miedo creíble. Lo que pasó fue que infringí la ley y me puse a manejar tomado. Eso fue lo que me perjudicó. Yo estuviera bien, pero pasó eso que me afectó muchísimo.
¿Cómo fue detenido?
Era un fin de semana y yo me fui a trabajar al área de Luisiana. Yo vivía en Miami, pero me salió un trabajo. En la segunda semana que estaba en ese proyecto, un sábado, pues me puse a tomarme unas cervezas y cuando ya estaba saliendo de la gasolinera me paró la Policía. Ahí me mira que ando tomado e inmediatamente me montó la patrulla y me llevó a una estación de Policía en Luisiana. Me hicieron las pruebas y salí por encima del nivel medio de alcohol.
Me pusieron una pena de 112 días y estuve detenido ese tiempo en la cárcel del condado. Hasta cuando salgo libre, la misma Policía me dice: “No, no te podemos soltar porque tenemos que ver si viene ICE por tí. Si en 72 horas no viene ICE, tú te vas libre”. Lastimosamente ICE llegó en el último minuto, ya en el último día.
¿Qué le dijeron los de ICE?
Llegaron a recogerme y de ahí me trasladan a un centro de detención de ICE. Ahí estuve desde julio hasta noviembre.
¿Cómo eran las condiciones?
En la cárcel del condado eran buenas las condiciones porque la policía de Estados Unidos no te golpea, pero sí lo que te hacen es un golpe psicológico con ese montón de cadenas en los pies, manos, de cinturones por todos lados. Vas con cadenas como un criminal. En esa cárcel había solo morenos y éramos pocos los latinos, entonces sí había un poco de racismo por parte de los morenos.
Gracias a Dios no fue mucho el tiempo que pasé ahí, pero también ya sabía lo que era estar en una cárcel porque en las condiciones en las que estaba en Nicaragua en La Modelo, pues eran super diferentes.
Y en el centro de detención de ICE, ¿cómo eran las condiciones?
Bueno, a mí me llevan al Winn Correctional Center de Luisiana, en el condado de Winfield. Ahí fue bastante traumático. Ahí no hay muchos latinos, sino que hay gente de Asia, de Europa, de todos lugares del mundo. Sinceramente estaba mejor en la cárcel del condado que en el centro de atención de ICE. Ahí te meten en unas enfriadoras, unos cuadros con alrededor de 45 o 50 personas en cada una. Y lo guardias son racistas. Lo peor de todo si era el encierro y pensando tantas locuras. Se me pasaba por la mente todo el proceso que viví en Nicaragua que fue bastante duro. 29 meses preso allá en La Modelo.
En el centro de detención de ICE te sacan al patio una o dos veces al día, pero a veces ni te sacan. La comida era lo peor. Ni los perros se la comen. Te daban una papa molida, con supuestamente una torta de carne, pero eso era como cartón comprimido, pura harina molida. Como una vez por semana te daban arroz con unos frijoles que eran grandísimos y llevaban de esas tortitas que parecían cartón. Muchas personas a veces ni comíamos.
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Y yo decía: “¿Por qué me pasan estas cosas a mí? Yo no he hecho nada malo. Yo no he robado, yo no he matado, yo no he violado. Yo soy una persona que trabajo”. Es cierto, que tengo el vicio de a veces de tomarme mis cervezas los fines de semana, pero sinceramente ha sido injusto conmigo todo esto.
¿Estuvo encadenado?
Todo el proceso. Desde que te sacan a las cortes, que si vas en el bus, cuando te llevan al aeropuerto vas con cadenas. Y son buses que son otras hieleras porque son fríos. Desde que salís de la unidad vas encadenado de pies, manos y cintura. Para comer no te quitan las cadenas. Para ir al baño no te quitan las cadenas. Tenés que hacer tus necesidades, tu comida así mismo, encadenado, a como se puede.
Al avión te suben encadenado y cuando ya faltan alrededor de unos 10 a 15 minutos antes de aterrizar y bajarte es que te quitan las cadenas. Pero todo ese proceso desde que salí de Luisiana hasta que llegué a Honduras, pasé encadenado.

¿En qué momento ordenan su deportación?
Tuve cinco cortes. En todas me representé solo porque no tenía para pagar un abogado de inmigración. Le presenté mi caso al juez y ese juez ya me había otorgado prácticamente el asilo. Él me dice que en la segunda corte tengo que llevar una carta de una persona responsable de mí, y cuando llego a la tercera corte, me habían cambiado al juez. Este era un juez mucho más severo. Le presento la carta a este nuevo juez y no me agarra la carta. Me dice que tengo un mes para meter otra solicitud de asilo, entonces la meto.
La última corte mía fue el 15 de octubre del 2025 y el juez me dice que me va a hacer la entrevista de miedo creíble y en lo que el juez empieza a hacer las primeras preguntas, se levanta el fiscal y le dice: “Juan Barillas ha estado casi 3 años preso en Nicaragua. Ha sido víctima contra la tortura y el gobierno de Estados Unidos tiene un acuerdo con el gobierno de Honduras para recibir a personas como él. Yo pido que él sea removido a Honduras para que le brinde la protección que Estados Unidos no le puede brindar”.
Entonces, yo levanto la mano y le digo al juez que tengo miedo de que me manden a Honduras, que es un país peligroso, que está cerca de Nicaragua y que tengo miedo de que el gobierno de Honduras me entregue a Nicaragua. Y él me dice: “ese alegato tuyo no es válido. Tú eres elegible para ese acuerdo, tú clasificas para ese acuerdo así que vas a ser removido a Honduras”. Así fue la cosa.
¿No apeló la decisión del juez?
Ya no quería apelar porque ya no quería seguir preso y tuve que aceptarla. Después de eso pasé un mes y medio para que me sacaran de estar preso.
¿Cómo lo recibieron las autoridades en Honduras?
Pues aquí me recibieron muy bien. Lo primero que pues fue lo más rico que yo miré era la comida, unas baleadas deliciosas con frijolitos que me comí, y ha sido muy bueno el trato. Pero lo que sí me queda es el miedo a como le digo de que vengan aquí a hacerme algo.
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