Alex Hernández estuvo detenido en dos ocasiones y luego fue desterrado por la dictadura Ortega Murillo. CORTESÍA

Alex Hernández: “Mi forma de luchar este año fue prepararme”

El desterrado político habla sobre sus días en la cárcel, lo que más extraña de su querida Catarina y lo que espera para su vida tras haber concluido su maestría.

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Su casa, su familia y sus vecinos en Catarina es lo que más extraña Alex Hernández en estas fechas navideñas. Tras haber sido desterrado en 2023, este joven de 34 años carga con el peso emocional de estar lejos de los suyos, pero también haber estado en prisión y sufrir malos tratos. 

“Si yo tuviera que escoger entre la violencia física y la violencia psicológica, me quedaría con la física”, comenta al recordar sus días encarcelado por la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo. 

Fue detenido en dos ocasiones. Primero en septiembre de 2018 por participar en las protestas de su natal Catarina y fue liberado en marzo del siguiente año. Luego, el 23 de agosto de 2021 y solamente salió hasta que la dictadura lo subió en un avión y lo envió al destierro.

Hernández comenta que le ha sido difícil hacer amigos tras ser desterrado. CORTESÍA

En el exilio ha tratado de reinventarse. Trabajar para sobrevivir y estudiar con la mirada puesta en su futuro. Recientemente concluyó una maestría en Administración de Empresas en la Dominican University of California junto a otros cuatro desterrados políticos. 

En esta entrevista habla sobre sus días en el destierro, los malos tratos que vivió en la prisión y lo que más le hace falta de Nicaragua en estos tiempos porque para él “estar en el exilio es jodido”. 

Ya casi se cumplen tres años de su destierro 

En lo anímico bien y en término de salud física también. Y en cuanto a la salud mental, pues uno siempre sigue sanando porque estar en el exilio es jodido. Más ahora en estos días que se vienen estas fechas de diciembre, que para algunos pasan desapercibidas, pero para nosotros sí son importantes. 

¿Cómo son estas fechas para usted? 

Esta va a ser la quinta Navidad consecutiva sin ver a mi familia. Estuve preso en 2021 y 2022, y ya después nos mandaron para acá. No es que uno se acostumbre a la falta de la familia, pero uno aprende a sobrellevarla. Lo bueno es que tengo bastantes amigos. La Navidad pasada, por ejemplo, la pasé en la casa de unos amigos, compartimos. Igual para fin de año. Entonces buscamos cómo crear comunidad y los amigos vienen siendo la familia que uno sí elige. 

¿Qué cree que estaría haciendo en estas fechas si estuviera en Nicaragua? 

Probablemente preparándome para la cena familiar del 24. Mi familia es grande, siempre ha sido de fiesta, bastante bulliciosa, con mucha gente, con mucha comida, con mucha celebración, preparándonos para ir a misa el 24, cenar y después esperar la medianoche. La tradición de la familia, pues. 

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¿Tiene planes para este año? 

En realidad, no sé dónde voy a estar porque todo depende del horario del trabajo. Nos dan libre el 25, pero uno tiene que trabajar el 24. No sé dónde voy a estar, pero voy a estar con amigos. Eso es seguro. 

¿En qué está trabajando? 

Trabajo en una tienda de empeño. Soy PTM (Para Toda Mierda). Vendedor, cajero, de todo. Ya tengo 1 año y 3 meses ahí. 

¿Antes de eso tuvo otro empleo? 

Mi primer trabajo fue en un hotel. Ahí fue bastante complicado porque era trabajar con estas compañías que contratan casi siempre a gente como por debajera, aunque yo tenía todos mis papeles, pero la mayoría de mis compañeros de trabajo eran personas que no tienen papeles y que tienen que inventarse. Y por ende, la compañía abusaba mucho. No tenía ningún tipo de beneficio, ni seguro ni horas extras, ni horas de enfermedad, o sea, absolutamente nada, solo el salario por el horario. O sea, lo que trabajaba era lo que ganaba. Y trabajaba de 11 de la noche a 7:30 de la mañana. Lo fregado era que vivía a dos horas del trabajo. Básicamente pasaba 12 horas fuera de mi casa en función del trabajo. 

¿Cómo ha hecho con el idioma? 

Con mi inglés machacado ahí medio pude afinar tomando clases de noche, y también tenía que tomar inglés por la maestría. Como siempre he trabajado en ventas, entonces no fue tan difícil acomodarme a este segundo trabajo en la tienda de empeño. 

En la tercera fila, a la derecha, con el brazo alzado, Alex Hernández junto a otros excarcelados y exiliados políticos tras graduarse de una maestría en Estados Unidos. CORTESÍA

¿Cómo se dio la oportunidad de estudiar su maestría? 

Este fue un programa que ya tenía la universidad. Se llama Global MBA. Ahí participan alumnos de todo el mundo. Pero también el acercamiento que tuvo NAHRA (Nicaraguan American Human Rights Alliance) que hizo las gestiones para que esta oportunidad se abriera a nicaragüenses. 

Lo que hizo la universidad fue dar la oportunidad de que pudiéramos participar, pero al final de cuenta esta maestría es una deuda que nosotros adquirimos con el Estado porque el programa es de algo que se llama Fondo Federal de Ayuda para Estudiantes, que te presta a vos el dinero para estudiar. O sea, no es beca. Es un préstamo que nosotros ahora le debemos al Estado y que una vez terminada hay que comenzar a pagar. Más que una deuda es una inversión, lo quiero dejar claro. Porque es una inversión para el futuro. 

¿Qué lo motivó a estudiar esta maestría? 

Siempre me motivó el hecho de no quedarme quieto. Este gobierno trató de apagarnos por todos lados, de quitarnos títulos, de quitarnos años de carrera, de quitarnos diplomas, de quitarnos notas, nos desapareció en los registros en Nicaragua. Entonces yo siempre quise continuar con mis estudios. Y antes de aplicar a esta universidad había aplicado a otras y encontré muchas puertas cerradas, pero no me rendí. 

Mientras tanto me puse a estudiar inglés, porque también quería mejorar. Porque pues si uno viene a este país y uno quiere seguir adelante, en realidad tiene que ponerse las pilas y formarse a sí mismo. Era un desafío como para decirle a todos los que nos persiguieron, los que nos hicieron daño, los que quisieron hacernos mal, de que nunca iban a poder doblegarnos y que yo comenzara a formarme en este país era también una manera de luchar. Yo no quisiera regresar a Nicaragua siendo el mismo Alex que salió de ella y quedarme ahí estancado como alguien que no creció, que no estudió, que no se formó. 

¿Cómo recuerda su vida en Nicaragua? 

Antes de 2018 mi vida era mi casa y mi trabajo y mis estudios también. Era de mi casa al trabajo, del trabajo a mi casa, compartiendo con mi familia. Yo me acuerdo de que yo me decía que para cuando cumpliera 30 años yo ya quería estar casado, con mi casa, con mi carro y con dos hijos y un montón de cosas más que me propuse, pero cuando cumplí 30 años estaba preso. Entonces, de repente me di cuenta de que estaba cumpliendo mis 30 años y no tenía nada de lo que me había propuesto tener. 

Aunque yo tenía una vida bastante estable en Nicaragua, quizás era una vida carente de sentido, no como la que tengo ahora. Mi vida tiene sentido en función de que yo espero en algún momento seguir ayudando y aportando para esta vaina, pues, que no quedó en stand by, que no está en el olvido, sino que hay otras formas de luchar y mi forma de luchar este año fue prepararme. Por eso me salí de todas las cosas en las que estaba involucrado, todas las organizaciones, dejé de tener participación en cualquier espacio y me dediqué casi que 100 % a esto. 

¿Cómo recuerda Catarina? 

Me hace falta el clima, principalmente. Mis vecinos me hacen falta, mis amigos. Lamentablemente 2018 fue como algo que se rasgó y de la noche a la mañana mis vecinos se volvieron mis enemigos y varios de mis amigos dejaron de ser mis amigos. Entonces, me hace falta esa Catarina en la cual yo salía a la calle y saludaba a todos por igual. Porque de repente se convirtió en un lugar hostil. Evitaba calles porque ahí vivía fulano y me decía cosas o me tiraba piedras o me amenazaba. 

Esa Catarina que no tenía divisiones entre personas es lo que más extraño. Bueno, además de la comida, el mirador, la música, las rellenitas, los árboles, los frescos, la huerta, todas esas cosas. 

¿Cómo fue para usted haber estado en prisión? 

Pues la verdad tuve mucho miedo. Uno precisamente anda huyendo para no caer en lo que mira en las noticias, y lo que mirábamos era que los torturaban, que le arrancaban las uñas, que los bañaban con agua helada y los cubrían y les ponían cables eléctricos a los presos políticos. Yo me acuerdo de que cuando iba para el Chipote lo único que podía ver era como iban pasando los cables de luz y los postes de teléfono y de repente me miro que estoy en una celda de 1×1 con tres personas más, casi que desnudos y luego nos fueron a tirar a la celda 11. 

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Había un gran portón negro de metal totalmente sellado que lo abren y en el fondo está oscuro y yo miro a tres seres humanos ahí asomándose y de repente me dicen: “Quitate la ropa”. Me desnudan por completo, me tiran adentro y cierran el portón. Eran celdas oscuras, con zancudos, calurosa, fría en la noche, durmiendo desnudo sobre las losetas sin nada. A veces ocupábamos la botella de agua como almohada. A mí me dio mucho miedo, me dio terror cuando me di cuenta y entré en la conciencia de que estaba preso. Entonces, me puse a pensar en mi familia, en mi hermana, en mi novia de entonces. Me desplomé, yo quedé llorando amargamente porque no es que sintiera culpa, sino que tenía miedo. 

¿Cómo hizo para convivir con ese miedo? 

Con el tiempo me fui sobreponiendo y pensando en el futuro en que podían mejorar las cosas, leyendo la Biblia, orando, meditando. Uno no acepta que está preso, pero sí aprende a llevarlo con mejor determinación. Eso fue en la primera vez que estuve preso. 

¿Y en la segunda? 

En la segunda fue diferente porque yo me quedé en Nicaragua aun sabiendo que podía caer preso, pero es que yo no quería irme de este país. Y cuando me detienen y me llevan al Chipote nuevo, yo entré sin miedo, en realidad no tenía miedo, pero sí tenía algo de incertidumbre. Pero sí estaba seguro de que no iba a ser para siempre. 

Cuando ya pasó un año y pico y estábamos todavía ahí y nos habían condenado, entonces ya comencé a replantearme la esperanza de que tal vez no fuese tan pronto la salida, pero tampoco iba a ser para muchos años más. Ya acercándose el 2023 cuando fuimos liberados, yo ya sabía por las señales que se miraban de que muy probablemente íbamos a estar fuera muy pronto. 

En la primera vez que caí preso los policías nos patearon, nos golpearon, sobre todo en el Chipote viejo. En la segunda detención fue más psicológico. Pero yo creo que de las dos detenciones si yo tuviera que escoger entre la violencia física y la violencia psicológica, me quedaría con la física. 

Estando en el exilio, Hernández escribió un libro de poemas. CORTESÍA

¿Cómo se sintió al ver que lo estaban desterrando? 

Mirá, la particularidad con nosotros es que no tuvimos opción. Todo exilio es doloroso, pero para para la mayoría al menos fue una opción, una decisión que tomaron. Claro que cohibidos y con coerción y con violencia sobre sus espaldas también. En cambio, yo un día estaba preso sin ser dueño de mi vida y al día siguiente estoy en otro país desubicado emocional y mentalmente porque no es algo que vos pidieras. 

¿Le costó reponerse? 

El primer año prácticamente me encerré en mi propio mundo. Yo regresaba del trabajo y me iba a mi cuarto ahí a encerrarme a leer, a ver tele o cualquier cosa y llevar mis clases de inglés, pero me costó salir de mis cuatro paredes. Yo me sentía como preso, yo me adapté a estar en cuatro paredes y me distraía nada más viendo la ventana. Tenía miedo a salir hacia el mundo exterior. 

Paulatinamente comencé a recorrer más este país, pero siempre lo hacía casi que solo. Me volví a encerrar, ya no en paredes sino en dos o tres personas. Me ha costado mucho socializar, crear vida social, crear entorno, aunque tengo amigos, pero eh no es como que todo el tiempo esté interactuando con ellos. 

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¿Espera regresar a Nicaragua en algún momento? 

Por supuesto. Si mañana se abren las puertas, yo soy el primero que me voy. Yo lo haría en el primer momento, pero la cuestión es que no quiero irme a lo loco tampoco. No es dar un salto al vacío. 

¿Qué espera para su futuro personal? 

Quiero crecer profesionalmente. No pienso pasar el resto de mi vida siendo un vendedor en una tienda de empeño, pero quiero encontrar tiempo este año que viene para comenzar a aportar de a poco de nuevo a la causa nicaragüense, para aplicar mis conocimientos adquiridos en un trabajo que me retribuya mejor, no tanto económicamente, sino personalmente.

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