Gonzalo Carrión, defensor de derechos humanos y director del Colectivo Nicaragua Nunca Más. LA PRENSA/Hans L. Ramírez

Gonzalo Carrión sobre su cáncer: “Casi me voy, pero aquí estoy contando el cuento”

Tras varios días con sus noches llenos de dolor y sufrimiento, el defensor de derechos humanos se vio en la lona. Se levantó, dio la pelea y ya está remontando la batalla contra los dos cánceres que atentan con su vida.

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Cáncer. A sus 65 años, Gonzalo Carrión ha combatido contra dos, dice. El primero, un cáncer de próstata que casi le arrebata la vida. El segundo, “una metástasis” que padecen todos los nicaragüenses y que es el régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Por eso está desnacionalizado, confiscado, con su pensión despojada y exiliado desde diciembre de 2018. 

Muerte. La ha sorteado varias veces en su vida. Desde que era un joven y levantó barricadas contra Somoza en el barrio Américas Cuatro; cuando hizo el Servicio Militar en los años ochenta; cuando ponía el pecho para defender a otros durante las asonadas de los noventa; o cuando debió ponerse en medio de las balas para salvar la vida de estudiantes que se manifestaban contra Ortega en 2018. 

Dignidad. La tiene de sobra, presume. “Tal vez no me puedo comprar un plato de comida con ella, pero qué bien se siente no estar del lado del régimen”. El paso del tiempo se nota en su rostro agrietado, pero no cansado, pues Gonzalo Carrión podrá estar enfermo y no dejará de ser activo ni hablantín. 

Gonzalo Carrión comenzó su carrera como defensor de derechos humanos en el Cenidh, en 1992. ARCHIVO

La mitad de su vida se ha dedicado a defender los derechos humanos de otros y a velar por el bienestar de esas personas, en muchos casos desconocidos y hasta simpatizantes de ese mismo régimen que lo obligó a irse de su país “porque los derechos humanos son de todos”, insiste. Esa es su bandera sagrada. 

Sus ojos oscuros han visto el sufrimiento de miles. Con sus orejas pronunciadas ha escuchado los testimonios de quienes han sido víctimas de injusticias, y en su regazo ha tenido a más de alguien partido en llanto que busca de consuelo en esta persona sensible, risueña y jovial. Con sus manos ásperas que conocieron el trabajo desde antes de los 10 años, ha dado palmadas de aliento y esperanza a quienes la perdieron. 

Pero en los últimos años, Gonzalo Carrión ha tenido que preocuparse por él mismo. Un cáncer de próstata y las complicaciones que vinieron después amenazaron con apagar su vida. No se rindió y ahora está casi recuperado. No quiere celebrar antes de tiempo “porque cualquier cosa puede pasar, pero sí estoy mucho mejor. Aquí sigo, contando el cuento”. 

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En esta entrevista nos habla sobre su lucha contra el cáncer, además de la inseguridad para los exiliados en Costa Rica y de cómo él también ha sido vigilado por desconocidos en las calles de la capital costarricense. 

¿Cómo está después de todo el proceso con su cáncer? 

Aquí estoy contando cuento (risas). En todo el sentido de la palabra. Con resistencia y llevando una lucha en la que nos han quitado muchas cosas, pero una cosa que no me han quitado, aunque no puedo comprar un plato de comida con ella, es la dignidad. Con todos los sufrimientos, las embestidas, todo lo que nos han hecho y en mi experiencia personal viviendo todas las dificultades, pero con dignidad y sobre todo defendiendo también la libertad. 

Ya va a cumplir siete años en el exilio. 

Sí, en diciembre. Siete años de estar fuera del país. Acá estamos con vida, pero no solo respirando, sino luchando. Desde que Daniel Ortega regresó al poder en enero de 2007 comenzó a dar señales de autoritarismo, siempre estuvimos del lado de las víctimas. Desde que el Cenidh se creó jamás nos asociaron con grupos de poder. 

Pero sí hubo señalamientos de que el Cenidh protegía a los sandinistas, sobre todo durante las asonadas de los noventa. 

Te voy a decir una cosa. En esos años, de 1990 a 2006, hubo tres gobiernos que eran resultado de procesos electorales democráticos. El Cenidh nace el 16 de mayo de 1990. Yo llego a inicios de 1992. Cuando nosotros andábamos en la calle en las protestas porque la hacían la mayoría de los gremios allegados al Frente Sandinista, nosotros íbamos a dar esa cobertura porque los reprimían también. Protestaban y los reprimían. Nada comparable con lo que tenemos ahora, pero había protestas que, por cierto, muchas no eran tirando avioncitos de papel. Iban con morteros. A nosotros nos decían los izquierdosos derechos humanos. Llega Daniel Ortega en enero de 2007 y nos decían “los vendidos al imperio”. 

Gonzalo Carrión en 2024 durante una entrevista con la revista Magazine, cuando empezaba a recuperarse del cáncer de próstata. LA PRENSA/Óscar Navarrete

Su exilio ha sido precisamente una de las consecuencias de su trabajo como defensor de derechos humanos, pero ¿cómo ha sido para usted padecer de cáncer en el exilio? 

Fijate que había una persona que era una partera que decía que el cáncer se alimenta por dos factores fundamentales: por ser una persona sumamente estresada y mal alimentada. Y cuando se habla de mala alimentación es que comemos mal, comida muy tóxica. Yo te digo, esto ha sido la suma de todos los años, más de la mitad de mi vida en la defensa del derecho humano. Lo que pasa es que en estos últimos ha sido más dura la cosa por sufrir exilio. 

El cáncer se alimenta de eso, de las tensiones, el acumulado emocional, del estrés. Cuando yo era chiquito yo no conocía esa palabra: estrés. Nosotros decíamos “estamos fundidos” (risas). 

¿Cómo se dio cuenta que tenía cáncer? 

El mismo año (2023) que me pusieron en la lista de los 94 desnacionalizados, me despojaron de la pensión y nos confiscaron nuestra casa, la única casa que teníamos, y en mi caso que debería estar gozando por mi derecho a la pensión. Justo el día del padre, el 23 de junio, yo iba a una consulta con el especialista y me dijo que la biopsia había salido positiva y eso era que estaba pegado. 

¿Ya sentía algún malestar desde antes? 

Sí, el cuerpo se manifiesta. Comenzó a manifestarse en la época de la pandemia. 

¿Cómo se manifestaba? 

Sentía incomodidad en las vías urinarias. Por eso a todos los hombres nos dicen que cuando nos vamos acercando a los 40 años hay que controlarnos. Yo me controlaba en Nicaragua, cuando tenía como 45 años y ya me comencé a sentir algunas cositas, pero nada grave. Todo controlado. Ya aquí, el día del padre, me dijeron el diagnóstico que tenía un tumor cancerígeno, maligno. 

Estaba con mi esposa que siempre me ha acompañado. Yo me lo tomé con serenidad. No me vine a pique. No me desplomé emocionalmente. Incluso me dicen ahí mismo, unos días después, cuando tocaba la decisión de si me operaba o pasaba un año con radioterapia. Mi esposa y yo nos quedamos viendo, pensamos en un amigo que acababa de tener esa experiencia y en menos de un minuto decidimos que me operara. 

¿Cómo fue la operación? 

La operación bien, el problema fue después porque se me complicó. Estuve muy mal. Ahí casi me voy, pero aquí estoy contando el cuento como te digo (risas). Pero sí estuve bastante complicado, y con mucho sufrimiento físico. A mí lo que me salva la vida de la complicación es atenderme en la clínica privada. 

Ahorita en noviembre yo estaba recién operado. Hace 2 años. Y el año pasado, todo el 2024 en general, la pasé mal. Estuve casi en nocaut. Me domó. 

¿Por qué no pudo verse las complicaciones en el sistema público? 

Porque las complicaciones no se me atendieron. Creían que estaba bien. Entonces, mi hija mayor me agarró la mano y me llevó a una clínica privada. El especialista, el urólogo que me vio, sabía lo que tenía que hacer. Así me recuperé como en dos o tres meses porque él sabía lo que tenía que hacer. Y también gracias a la ayuda de mucha gente que en su momento diremos sus nombres. 

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¿En algún momento pensó que podía morir? 

Sí, pensé que me iba. Yo sentía unos dolores como cuando cae un rayo y cruzamos los dedos y decímos: “Ay, Dios mío, mi lindo”. Era un dolor indescriptible. Solo me sentaba en la taza del inodoro sin hacer nada. Solo me sentaba poniendo los dedos así. “Ay, Diosito lindo. Ay mamacita”. Mi mamá está muerta desde 2016. Yo lo decía con sufrimiento, como súplica. 

Y hasta que hubo intervenciones de urgencia me sentí mejor y ya me sometí a un proceso intenso de un mes de radioterapia porque mientras tenía las complicaciones no podía someterme a la radioterapia. Era clínica y físicamente imposible. Para esta fecha del año pasado estaba yo en radioterapia, que te quema por dentro y por fuera porque tiene el propósito de liquidar lo que quedara (de cáncer), como remanentes y células que quedan. 

¿Sigue haciéndose chequeos? 

Sí, estoy bajo monitoreo. También estoy con mi familia. Mi esposa, mis hijas. En Costa Rica fue donde me puse sal, pero si ese cáncer lo traducís 2 años atrás en Nicaragua, ¿qué me hubiera podido pasar estando en Nicaragua? Si hubiera sufrido cáncer en Nicaragua, yo hubiera sido rehén del régimen porque tus derechos te los ponen como favores. 

Esa es una característica de las dictaduras y entonces mi derecho a la salud hubiera sido ahí condicionado o ahí solo me podía pasar como le ha pasado a presos políticos que los dejan morir. La orden habría sido: “Atiéndanlo bien a ese desgraciado para que toda la vida nos quede debiendo esa cuenta”. O si no: “Pásenle la cuenta”. En mi vida personal he combatido con dos cánceres, este del que estoy saliendo y el otro que ya es metástasis, que es la dictadura. De ese vamos a salir porque es dañino para la salud de la mayoría del pueblo. 

Gonzalo Carrión lleva la mitad de su vida dedicado a la defensa de derechos humanos. ARCHIVO

A propósito de la dictadura, en Costa Rica los exiliados perciben mucha inseguridad sobre todo tras el asesinato de Roberto Samcam. Usted, ¿cómo se ha sentido? 

Mirá, el Colectivo ha sido monitoreado y nos percatamos en ocasión del segundo atentado a Joao Maldonado el 10 de enero de 2024. Incluso el atentado fue cerquita donde estábamos nosotros en las oficinas. Ahí nosotros hicimos una sesión de urgencia y el personal hace el recuento de señales que había tenido, de monitoreo, de vigilancia y entonces acudimos a las cámaras. Ahí encontramos que días antes y días después del atentado nos estaban monitoreando. 

¿Cómo era ese monitoreo? 

Por ejemplo, a las 5:00 de la mañana frente a la oficina, un motorizado haciendo lo que se llama levantado de información, tomando imágenes, tomando fotografías, haciendo un video en la madrugada. Después vimos cómo a la salida ese mismo día dos veces a un colega que se movió a hacer una gestión, se le pega un vehículo. Se le pega porque lo vemos que estaba parqueado y entonces lo vemos que sale detrás del compañero. Después cuando llega, sale, toma un carro para su casa y se le pega ese otro vehículo otra vez. Estaban ahí parqueados monitoreando. 

¿A usted lo han seguido? 

A mí me siguieron a mi casa. Vimos cómo una persona estaba tomando fotos. Al inicio creíamos que era algo como que se estaba tomando un selfie o que era otra situación, pero luego nos percatamos. Eso fue a finales de diciembre 2023. Yo no lo dimensioné porque andaba recién operado también, pero andaba con mi esposa. Como a los 15 días o tres semanas atentan contra Joao y entonces yo después atando cabos. Ahí aumentaron las alertas porque nosotros, igual que el periodismo independiente, no nos callamos y los riesgos han aumentado, más con el asesinato de Samcam. Hay gente que nos cuenta que se han movido de casa acá en Costa Rica y es sumamente difícil. 

¿Teme por su vida estando exiliado en Costa Rica? 

Obviamente. Pero yo no puedo determinar lo que quieran hacer ellos. De lo que sí estamos convencidos es de que son personas sumamente malas. Maleantes con todas sus letras, con toda la maldad. Todos los días nos sorprenden con alguna maldad. Hace poco sacaron a la periodista Fabiola Tercero que tiene más de un año desaparecida, pero ahora la sacan y dicen que todo es mentira. La sacan con micrófonos de los medios de propaganda, pero ningún medio independiente que pueda preguntarle cómo está. Y el rostro de Fabiola es una imagen que habla por sí misma. 

Entonces si ellos tienen la decisión de hacerle daño a alguien, ¿cómo los haces cambiar? Si ya tienen la decisión de frenarle la vida a uno. Al menos queda la satisfacción de que no nos rendimos frente al yugo opresor que representa esta familia. Que rico es no estar al servicio de ellos. La familia que está ocupando nuestra casa que nos robaron, que la pagamos con el trabajo de mi esposa, la casa que le pertenece a mis hijas, todos los vecinos nos conocen. Todos los vecinos saben y aunque quizás ahora no lo pueden hacer, pero imaginariamente los vecinos cuando pase esa familia y abran la puerta van a decir: “Esos son los ladrones que le robaron la casa a la familia de Gonzalo”. 

¿Dónde queda su casa? 

En los Altos de Nejapa. Pagamos varios miles de dólares por un préstamo. Ahora a nuestras hijas no le tenemos nada que heredar en términos materiales. La casa está ahora ocupada. 

Carrión tiene 65 años. Los últimos siete los ha vivido en el exilio en Costa Rica. LA PRENSA/Óscar Navarrete

¿Qué opina de la gestión de las autoridades de Costa Rica frente a la inseguridad en la que viven los refugiados como usted? 

Yo creo que ha habido expresiones de la gente que siempre se ha identificado con Nicaragua, con la lucha por la libertad. Yo tengo que hablar en primera persona porque en este país me acogieron y hemos recibido solidaridad, y aunque hay expresiones xenofóbicas, hay expresiones positivas también. Yo creo que uno tiene que ser justo en la balanza. 

Costa Rica ha sido la opción inmediata que tuvo muchísima gente en medio de la Operación Limpieza. Aquí hay una concepción de que todos los que estamos acá somos habitantes y aquí hay una población nicaragüense que es parte de los habitantes de Costa Rica que han hecho vida, han aportado y es reconocido por gente sensata de Costa Rica. 

Pero esa es la sociedad costarricense. Yo le pregunto por las autoridades frente a la inseguridad de los exiliados. 

Bueno, el Parlamento (de Costa Rica) sacó un pronunciamiento por el asesinato de Samcam con la excepción de algunos diputados. Yo he estado con personal del Poder Judicial, funcionarios judiciales, he estado invitado para hablarles de nuestro testimonio. Entonces, hay diversidad. Sí te tengo que decir que echo de menos la voz del Ejecutivo, del presidente (Rodrigo Chaves) y particularmente con el asesinato de Samcam. Lo echo de menos porque cuando fue el segundo atentado contra Joao Maldonado, en menos de 24 horas estaba diciendo que aquí no operaban células del régimen Ortega Murillo, pero con el asesinato de Samcam no ha dicho nada. 

Y no es que estamos demandando nosotros un trato especial, ni escoltas ni nada de eso. Yo estoy consciente de que la delincuencia organizada ha aumentado, pero Roberto Samcam, Joao Maldonado, el campesino que fue de la Resistencia que mataron el año pasado (Jaime Luis Ortega), el que apareció su cadáver a pocos metros de la frontera entre Nicaragua y Honduras (Rodolfo Rojas Cordero) no fueron obras de la fatalidad, de un accidente o de la delincuencia común. La consideración frente a un crimen de esa naturaleza es importante porque, por ejemplo, cuando apareció involucrado un nica en el crimen contra un policía, inmediatamente se dijo que era un nica. ¿Me explico? 

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