Aunque la incertidumbre sigue marcando la vida de la nicaragüense Yadira Córdoba, de 58 años y miembro de la Asociación Madres de Abril (AMA), se abrió una posibilidad de alivio en los últimos días. Córdoba —madre de Orlando Aguirre Córdoba, un joven asesinado por la dictadura el 30 mayo de 2018 en Nicaragua— permanece detenida desde el 20 de agosto de 2025 en un centro migratorio de San Antonio, Texas, pero podría recuperar su libertad condicionada con destino a Honduras.
Aunque Honduras se había negado inicialmente a recibirla, terminó convirtiéndose en la única opción viable, después de que Nicaragua, bajo la dictadura de Daniel Ortega y Rosario Murillo, le negó el ingreso. Córdoba se encontraba atrapada en un limbo migratorio, y sin país dispuesto a aceptarla.
Lea además: Murillo ordena más represión y reforzar su estructura partidaria
Ronald Antonio Aguirre Córdoba, hijo de Córdoba, recordó que después que Honduras se negó a aceptarla se les informó que sería deportada a Nicaragua, sin embargo se le negó la entrada al país. «No sabíamos que iba a pasar con ella. Fue angustiante», dijo.
La información más reciente es que Córdoba fue notificada por un oficial del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de los Estados Unidos (ICE por sus siglas en inglés) que su salida del centro de detención está programada para el próximo lunes 5 de enero con destino a Honduras. «Hace unos dos días a mi mamá le notificaron que primeramente Dios, el lunes (5 de enero) salga para Honduras, ella me lo comunicó», afirmó.
La búsqueda por la justicia y protección personal llevó a Yadira Córdoba a exiliarse en Costa Rica y luego migrar a Estados Unidos de forma ilegal. La nicaragüense fue detenida por ICE el pasado 20 de agosto. En noviembre pasado se le negó el asilo político.
Presión internacional podría haber movido a Honduras
Aunque se desconoce con certeza qué cambió para que ahora Honduras la acepte, su hijo atribuye el cambio a la presión ejercida por organizaciones internacionales y personas que abogaron por el caso de Córdoba. «Creo que, ante la insistencia, se tomaron la tarea de valorar el caso de ella y llevarla a Honduras», asentó.
Pese a que lo más idóneo era permitirle quedarse en EE. UU., país al que llegó en busca de refugio por amplia y documentada persecución política, su familia encuentra un alivio porque pronto Córdoba recuperará su libertad.
«Nosotros somos los que necesitamos refugio y seguridad, no somos los que hicimos daño a Nicaragua, no asesinamos, no separamos familias, eso lo hizo el régimen (…) es muy indignante que mi madre haya pasado por esta situación», describió.

Mientras tanto, la salud emocional de la integrante de AMA es frágil. Su hijo asegura que el encierro ha profundizado el dolor acumulado por el asesinado de su hermano y el exilio forzado de la familia.
«Psicológicamente está muy mal. Estar presa, sin libertad, viendo todos los días las mismas cuatro paredes, eso te destruye», indicó.
«Un golpe directo para la familia»
Aguirre describió que, desde el asesinato de su hermano, las festividades de Navidad y Fin de Año no eran celebradas, pero acostumbraban recordar cómo era el joven en vida.
«Nosotros pasábamos estas fechas en familia, compartíamos con mi madre, recordábamos todo lo vivido con nuestro hermano, cómo era de gracioso. Este Fin de Año todo fue diferente, no hubo nada que celebrar. Es la primera vez que vivimos una situación tan extrema con mi madre», confesó.
Lea también: EE.UU. designa a Elias Baumann como nuevo Encargado de Negocios interino en Nicaragua
Sumado a lo anterior, la comunicación con su madre es limitada. Sólo recibe llamada cuando le corresponde el turno para usar un teléfono compartido en el centro de detención. La última vez que la vio en persona fue el 20 de agosto.
«Yo estoy seguro que mi madre ha cambiado, en muchos aspectos. Todo esto ha sido un golpe directo para la familia, realmente ella necesita su libertad y el resto vendrá por añadidura de Dios. Ella se pone en las manos de Dios, no quiere estar en el centro, en un lugar donde solo ve cuatro paredes», afirmó.
Aunque existe temor de represalias incluso fuera de Nicaragua, especialmente en Honduras, la prioridad para la familia es que ella recupere su libertad. «Ella lo pone todo en manos de Dios, pero lo que más quiere es salir de esa cárcel. No quiere vivir presa», insistió su hijo.
Mientras tanto, el futuro de la nicaragüense sigue marcado por la incertidumbre. La familia no cree que ella pueda reconstruir su vida en Honduras, no solo por lo que representa nuevamente la separación de sus hijos, sino por las secuelas del asesinato de Orlando Aguirre Córdoba y la cercanía con Nicaragua.
«Ella tuvo que enterrar a su hijo, desde ese momento su vida cambió, se transformó. Creo que sería algo imposible de reconstruir, sobrevivir sí», afirmó. Ahora la esperanza está puesta en que, al menos, pueda salir del encierro.