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«Fue en segundos que me desbarató toda la pierna», así recuerda Milton José Lagos Rivera, de 20 años, aquella mañana de julio de 2023 cuando una maquinaria para el cultivo de caña lo dejó sin una pierna cuando iniciaba su jornada de trabajo en una finca propiedad de Diego Vargas Montealegre.
Ahora con sus brazos apoyados en un par de muletas y otra veces asistido por una silla de ruedas, este joven ha vuelto a recuperar su fuerza al andar y depender un poco más de sí mismo. Aunque no poder regresar al trabajo lo ha sumergido en la depresión y la ansiedad. Su mayor esperanza ahora está puesta en una prótesis para volver a caminar. «Tengo la fe en Dios», así lo declara.
Milton y su familia son originarios de una comunidad conocida como Maderas Negras, que se ubica en la costa del Pacífico, a 25 kilómetros del municipio de El Viejo, en Chinandega, y decidieron viajar a Managua en busca de una oportunidad para que este vuelva a caminar.
Hace un par de meses escucharon la noticia alentadora de que en el Hospital de Rehabilitación Aldo Chavarría, en Batahola Norte, un equipo de especialistas del programa internacional Jaipur Foot, procedente de la India, prometió entregar 500 prótesis gratis con la esperanza de que esta misma cantidad de personas vuelvan a caminar.

Acudió a este centro y después de varias visitas logró la promesa que tanto esperaba, una prótesis. Las autoridades le hicieron saber a su familia que el caso de Milton estaría entre sus prioridades para este 2026, y que esperan que como máximo en el mes de marzo esté lista su prótesis.
«Espero volver a sentirme útil e intentar estudiar. Tengo la esperanza y la fe en Dios de que se va a cumplir de que yo vuelva a caminar», manifiesta con emoción.
Nunca estudió
Milton proviene de una familia de escasos recursos económicos. Debido a la larga distancia para llegar a una escuela, no logró continuar sus estudios de primaria. Solo alcanzó a obtener el primer grado aprobado. Desde los 15 años empezó a trabajar para ayudar a su familia con los gastos del hogar. Aprendió el oficio de ayudante de tractorista.
Laboró en varias fincas ya que siempre eran trabajos temporales. Por su corta edad aún no podía obtener una ocupación estable, pero encontró la fortuna de hacer pequeños trabajos que eran remunerados como ayudante.
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Siendo el mayor de tres hermanos, se apuntó a trabajar en la finca del reconocido empresario de la zona, don Diego Vargas Montealegre. A sus 18 años cumplidos todo iba marchando bien para él y su familia. Trabajaba y ayudaba en su casa con los gastos.
Pero un día Milton dejó de obtener ese ingreso extra que entraba cada semana a su hogar. Sufrió el accidente laboral que cambió su vida y complicó su sueño de seguir trabajando para un día construir su casa propia. Una maquinaria le cortó su pierna y le impidió volver a caminar.
Casi le quita la vida
Recuerda que ese día se alistó a las 6:00 de la mañana para empezar su jornada de trabajo. Montó un tractor que servía para regar el abono en el plantío de caña de azúcar. Él iba de ayudante y supervisando que la distribución fuera efectiva. A la tercera vuelta, a eso de las 7:30 de la mañana, la maquinaria se quedó atorada, una llanta del tractor estaba hundida en la tierra.
Cuando Milton se acercó para revisar, se deslizó y su pantalón quedó prensado en una «barra» donde pasa el abono y está unida al cardan que permite el movimiento en rotación, mismo que puede alcanzar una velocidad de 500 kilómetros por hora. «Por revisar desde arriba yo caí hacia delante y mi pierna quedó atascada en la banda donde se distribuye el abono», recuerda.

Milton afirma que solo bastaron unos segundos para ver su pierna totalmente cercenada. La maquinaria se la arrancó de un jalón, pero antes lo hizo dar varias vueltas hasta golpear su cabeza contra la carrocería del tractor. «Quedé inconsciente», asegura.
Al recuperar la conciencia, Milton vio su pierna en un mar de sangre siendo ajustada a un cinturón para evitar una hemorragia. Entre lágrimas y dolor, tomó una camisa y tapó su pierna amputada. La ambulancia logró llegar hasta el mediodía para trasladarlo al hospital de Chinandega donde le practicaron varias puntadas en su extremidad.
«Estuve ocho semanas en el hospital, después salí y estuve una semana en cama hasta que me regalaron una silla de ruedas y unas muletas», expresa.
Entró en depresión
Haber perdido su pierna y no contar con la capacidad para regresar a su trabajo, hicieron que Milton entrara en depresión hasta el punto que tuvo que ser atendido por un médico, quien lo mandó de regreso a su casa con medicamentos para controlar sus crisis de ansiedad y estrés. «Me he sentido triste», manifiesta.
Milton ha requerido de cuidados y atenciones continuas, lo cual ha recaído en más trabajo para sus padres, quienes no solo dan el seguimiento necesario para que su hijo supere su proceso, sino que también trabajan para brindarle la atención suficiente a sus otros hijos menores de edad.
Sus padres iniciaron una acusación formal ante el Ministerio Público en contra del dueño de la finca por no responder por los gastos médicos tras el accidente laboral. No lograron nada. El hombre solo se presentó a la casa con tres semanas de salario, una silla de ruedas y unas muletas, y después desapareció. «Dicen que se fue del país», añade.
Ahora, Milton y su familia tienen la esperanza de que esta prótesis sirva para que el joven retome su vida e intente iniciar sus estudios.