Se nos va el 2025, demos la bienvenida al 2026

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Cuando ustedes estén leyendo este articulo ya será 22 de diciembre, faltarán solo dos días para la celebración del 24 y nueve días para despedir el 2025. Atrás quedan las promesas cumplidas, las no cumplidas y las por terminar de cumplir.

Todos los católicos del mundo tenemos algo que celebrar y a quien abrazar a la medianoche y muy a nuestro pesar también tenemos a alguien a quien quisiéramos abrazar darle un gran beso y decirle te quiero al oído. Yo tuve la suerte que un 24 de diciembre del 1936 Dios le envió a mi madre a mi abuela. Hoy ya hace cuatro años que no está conmigo, pero durante todos y cada uno de los años de su vida, jamás faltó esa llamada o ese abrazo con ese te quiero que me salía del alma y que en esta ocasión viendo al cielo enviaré una vez más.

A ese abrazo al firmamento añadiré dos nombres más que ese día no estarán en mi hogar pero que sé que estaré en sus pensamientos y oraciones, me refiero a mi hija menor Enna Guadalupe Miranda Rodríguez y mi nietecita Mia Guadalupe, ambas viviendo actualmente en San Francisco, California. Mi otra hija Nicole Margarita y el trozo de mi vida que me regalo (mi nieto Klaus Alexandre) de cuatro años cumplidos sí estarán con nosotros.

Aquí permítanme hacer un paréntesis, para hacerlos partícipes de algo que estoy seguro que no solo me pasa a mí, sino que a todos los que tenemos la dicha de ser abuelos. Yo escuchaba decir a varios abuelos orgullosos cómo se quería a esos pedacitos de nuestras vidas. Hoy lo he comprobado con mis dos nietos, se aman tanto y cuando los veo y participo de sus juegos y sus vivencias, tengo la certeza que en ellos vive una parte de mis padres. Porque para mí ellos sobreviven en mis genes y en los de mis hijos y nietos y así seguirá siendo hasta el fin de los siglos.

Les pido disculpas si me extendí demasiado comentándoles mis añoranzas y disfrutes con mi familia, ahora permítanme hablarles de lo afortunados que somos de estar por celebrar un año más del nacimiento del Rey de Reyes y por haber sobrevivido al 2025 y estar por recibir el 2026, en el que todos sin excepción deberíamos de hacer la promesa de hacer lo humanamente posible para hacer de ese 2026 un año mejor para todos. Eso quiere decir ser mejores en todo sentido, mejores padres, mejores hijos, mejores esposos, mejores amigos y mejores patrones los que tienen seres humanos laborando para ellos. En una ocasión dije que el mundo sería mejor, mil veces mejor si solo nos esforzáramos en cumplir los diez mandamientos que nos legó nuestro Padre. Cuantos sufrimientos se evitarían.

Desgraciadamente vivimos en un mundo imperfecto, etcétera, etcétera. Les dejo la tarea de ponerle los nombres que estimen conveniente a los etcéteras.

Para finalizar le deseo a todos los nicaragüenses dentro y fuera de la patria, que la paz, la armonía y las esperanzas de que todo podrá ser mejor, los acompañe este 24 de diciembre y en las festividades del nuevo año. Para aquello que tengan la suerte de tener a sus madrecitas con vida, si la tienen a su lado abrácenla exprésenles cuanto la quieren y se darán cuenta que ese es el mejor y más preciado regalo que ellas esperan recibir, para los que las tienen lejos por cualquier razón, no olviden esa llamada que cada madre estará esperando de su hijo ausente. Les aseguro que después de esa llamada se sentirán las personas más felices por haber cumplido con esa mujer que Dios convirtió en ángel cuando le concedió la dicha de ser madre.

Mis mejores deseos para que estas fiestas la pasemos de la mejor manera posible y que el año que está por llegar sea de metas y triunfos por conquistar. Un abrazo a todos mis amigos y lectores de esta su columna de opinión que en el 2026 cumple 15 años.

El autor es analista político.

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