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La noticia de dos terremotos seguidos en Venezuela y las posteriores fotos y videos de los destrozos ocasionados han conmovido al mundo por la inmensidad de las pérdidas de vidas y los derrumbes de edificios y casas. Según algunas empresas de reconocida seriedad, se contabilizan más de cincuenta mil edificios destruidos, la mayoría en zonas en donde se edificaron viviendas de interés social construidas por el difunto presidente Hugo Chávez. Al gobierno de la presidenta interina Delcy Rodríguez se le está criticando duramente por la falta de capacidad para manejar la crisis posterremoto, aunque a decir verdad la magnitud del desastre es tan inmenso que a mi juicio sobrepasa con creces las capacidades del gobierno interino. A la fecha las cifras de muertos sobrepasan los tres mil, pero las cifras de desaparecidos son inmensamente mayores y hay quienes hablan de decenas de miles.
Las ayudas a las que hemos tenido acceso a través de las páginas sociales son insuficientes, aunque destaca el apoyo brindado por la administración del gobierno norteamericano. Creo que en lo que va de este siglo y en todo el siglo pasado, ningún país había sufrido un cataclismo tan devastador como el que estamos apreciando en Venezuela, pero por qué digo que la política contaminó las secuelas del terremoto. Muy sencillo, se afirma que la actual presidenta interina no tiene ni la legitimidad ni la habilidad para manejar un desastre de esa magnitud, los adversarios que la critican son cada día más y las criticas aumentan cada hora que pasa.
Entre las consecuencias políticas principales dejadas por las secuelas de los terremotos sobresale la agudización de la polarización: la tragedia ha reavivado las críticas de rescatistas y la sociedad civil hacia el gobierno. Se han documentado denuncias sobre la politización de la ayuda humanitaria, la militarización de las zonas afectadas y la presunta falta de recursos para el rescate.
Presión internacional y diplomacia: ll desastre ha obligado al gobierno a flexibilizar su postura y aceptar ayuda internacional masiva (incluyendo misiones de países vecinos como Colombia), lo que altera las dinámicas diplomáticas en la región.
Limitación de planes de transición: la destrucción de infraestructura vital desvía recursos estatales y debilita los planes de estabilización económica que diversos actores internos y externos que se proyectaban para el país.
Empeoramiento de las condiciones estructurales: la crisis se ve agravada por la histórica fuga de talento humano calificado (médicos e ingenieros) y el impacto del bloqueo y las sanciones, lo que dificulta las labores de reconstrucción y añade un enorme descontento ciudadano. A todo lo antes mencionado agreguémosle el factor María Corina Machado y el desafortunado comentario del presidente Donald Trump, refiriéndose al interés de ella de regresar a su país para apoyar a su pueblo en semejantes circunstancias. Es del conocimiento público que el gobierno del presidente Donald Trump frenó el intento de María Corina Machado de regresar a Venezuela tras los recientes terremotos, presionando para que su avión privado diera media vuelta y no continuara su ruta planeada. Altos funcionarios de EE. UU. criticaron su intención, calificándola de “oportunismo político grotesco” y señalando que obstaculiza las labores de emergencia.
Ese comentario chocante a una líder del calibre de María Corina Machado, además de ser totalmente injusto es tendencioso y esconde propósitos insanos ocultos que comienzan a salir a luz pública sobre el interés de la administración norteamericana de que continúe al frente del gobierno la señora Delcy Rodríguez.
Finalizo con la siguiente aseveración: si fuera cierto que alrededor del destre ocasionado por los terremotos hubiera oportunismo político y económico grotesco, les aseguro que no es de parte de María Corina Machado.
El autor es analista político y exmiembro de la Resistencia nicaragüense.