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Con la victoria electoral de José Antonio Kast en las elecciones de Chile del pasado domingo 15 de diciembre, analistas consideran que se acentúa aún más el viraje hacia gobiernos de derecha que experimenta Latinoamérica. La principal explicación sería la mala gestión de algunos gobiernos de izquierda que sería fundamental en comparación con el «efecto Trump», en referencia al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, nuevamente en el poder desde enero de 2025.
Chile se suma a Bolivia, donde tras más de dos décadas de predominio de la izquierda, a través del Movimiento al Socialismo (MAS) de Evo Morales, el electorado dio la espalda a las viejas nostalgias de izquierda y en su lugar escogió a Rodrigo Paz, del Partido Demócrata Cristiano, de centro derecha, que se impuso sobre el conservador Jorge «Tuto» Quiroga.
En Argentina, el mandatario de derecha Javier Milei obtuvo un fuerte respaldo en las elecciones de medio término realizadas en octubre de este año.

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El ejemplo hondureño
En Ecuador, la llegada y posterior ratificación de Daniel Noboa en el poder no responde a un giro ideológico nítido hacia la derecha, sino a una reconfiguración del sistema político tras una crisis institucional profunda. Noboa emergió como una figura de salida luego de la disolución de la Asamblea y las elecciones anticipadas, capitalizando más el rechazo al correísmo que una adhesión programática a un proyecto conservador.
El ejemplo más cercano geográficamente a Nicaragua es Honduras, donde la candidata oficialista y de izquierda, Rixi Moncada, no obtuvo ni siquiera el 20 por ciento de los votos, mientras que Nasri Asfura, del Partido Nacional —y apoyado por Trump—, y Salvador Nasralla, del Partido Liberal, mantienen un empate técnico hasta la publicación de este artículo.

Factores que influyen en el cambio
A consideración del politólogo mexicano José Irán Moreno Santos, el principal factor por el que las izquierdas pierden ventaja en la región es que estos gobiernos no lograron cumplir sus aspiraciones ni resolver las problemáticas estructurales de la región, especialmente las relacionadas con la migración y la seguridad.
«Se optó por la clientela, se optó por el control político, se optó por el control de los órganos electorales, de las cortes, del Poder Legislativo. No asumieron plenamente que optar por la democracia implica transparencia, rendición de cuentas y alternancia en el gobierno», consideró Moreno.
Por su parte, la especialista estadounidense Maureen Meyer, vicepresidenta de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA) y experta en temas de Estado de derecho y democracia, atribuye el repunte de la derecha a que la izquierda desatendió el tema migratorio, algo que, a su consideración, contribuyó a que este asunto se convirtiera en una especie de «chivo expiatorio», es decir, que se le atribuya la responsabilidad única de los problemas nacionales en varios países.
Además, Moreno añadió que el efecto de la llegada de Donald Trump impulsó el repunte de la derecha en América Latina, aunque advirtió que es un error considerar que sea el único responsable de que la balanza política cambie de rumbo.

El viraje hacia la derecha es parcial
A criterio de Meyer, el llamado «efecto Trump» responde al interés de los electores de algunos países de que sus nuevos gobiernos se alineen con las políticas de Estados Unidos.
Sin embargo, según Meyer, el viraje hacia la derecha no es un fenómeno generalizado, puesto que aún hay países gobernados por la izquierda, como Colombia, Brasil y México.
«Quizás es importante resaltar que todavía hay tres gobiernos totalmente autoritarios en América Latina: Venezuela, Nicaragua y Cuba, donde no hay posibilidades de ver un cambio sustantivo y hay mucha represión contra las poblaciones. Y la situación de Haití, que como país ni siquiera tiene un gobierno funcional», dijo Meyer.
Por su parte, Moreno considera que, en el caso de Venezuela, «se está estirando demasiado la cuerda y eso va a llevar a que, en algún momento, ya sea por la vía democrática o por alguna otra vía de presión internacional, el régimen construido por Chávez y que hoy Maduro tiene secuestrado convoque elecciones, y seguramente ahí la derecha va a posicionarse».
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Fin a la era dorada de la izquierda
El viraje político de América Latina pone fin a más de 20 años de predominio de gobiernos de izquierda en buena parte de la región. Entre estos liderazgos destacan Hugo Chávez en Venezuela, Evo Morales en Bolivia, Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil (aun en el poder), el kirchnerismo en Argentina, Fidel Castro en Cuba, Rafael Correa en Ecuador, Michelle Bachelet en Chile, José «Pepe» Mujica en Uruguay, el dictador Daniel Ortega en Nicaragua y los Zelaya Castro en Honduras, entre otros.
Y aunque algunos permanecen en el poder —como los Ortega Murillo, el castrismo en Cuba y el chavismo en Venezuela—, el viraje político regional supone también una crisis para estos regímenes que, habiendo llegado al poder como iniciativas de izquierda, derivaron posteriormente en sistemas autoritarios.
¿Volverá la izquierda?
Meyer es enfática al señalar que aún es difícil saber si el retorno de la izquierda se dará tras el primer período de los nuevos gobernantes de derecha.
«Creo que todavía no tenemos claridad sobre si es la continuación de una ola de gobiernos de derecha o si, en algunos casos, es más bien una reacción para sacar del poder al partido oficialista. Ese cambio siempre ocurre cuando se vota en contra del partido gobernante, pero creo que es un poco temprano para determinar cómo va a evolucionar la región el próximo año», dijo Meyer.
Por su parte, Moreno considera que la tendencia histórica indica que los votantes suelen conceder al menos dos períodos a un cambio de corriente política. No obstante, advirtió sobre el riesgo de una radicalización de la derecha, lo que podría destruir la democracia y prolongar por más de dos períodos las nuevas tendencias en la región.

El ejemplo de Bukele
Moreno mencionó que uno de los riesgos es que se instalen en la región regímenes como el de Nayib Bukele en El Salvador. Bukele, a criterio de los analistas, es el claro ejemplo de cómo los gobernantes pueden adaptarse a las realidades de los países que influyen en la región. Mientras estuvo la administración estadounidense de Joe Biden, Bukele «coqueteó» políticamente con Rusia y China, al punto de estar a favor de la incorporación de Rusia como observador del Parlamento Centroamericano.
No obstante, con la llegada de Trump al poder, Bukele viró radicalmente y pareciera que le dio la espalda a sus antiguos aliados extrarregionales, al punto de recibir migrantes presos desde Estados Unidos.
«En el caso argentino vemos que hay una extrema derecha que llegó con un discurso que irrumpió en la sociedad cuestionando la democracia, cuestionando severamente al Estado, quitando o buscando erradicar los derechos laborales y los derechos económicos de la sociedad argentina», afirmó.
A su criterio, «la ultraderecha latinoamericana —antinmigrante, anti-Estado y antiderechos— se está imponiendo en América Latina, incluso gracias a los malos gobiernos de la izquierda, del progresismo e incluso de los propios liberales latinoamericanos».