La derrota electoral del primer ministro de San Vicente y las Granadinas, Ralph Gonsalves, quien buscaba mantenerse por sexto período consecutivo tras 24 años en el poder, marca un giro inesperado en el Caribe y un golpe simbólico para Daniel Ortega y Rosario Murillo. Con su salida, el régimen nicaragüense pierde al «tío Ralph», uno de sus aliados en el hemisferio y uno de los más sólidos del chavismo.
La caída de Gonsalves no solo desmonta un liderazgo prolongado en su país. También reconfigura las alianzas de la dictadura Ortega Murillo, cada vez más aislada en su negativa de rendir cuentas por los abusos cometidos por el Estado desde 2018. Según los resultados electorales, el dirigente político perdió ante el Nuevo Partido Democrático, de centro derecha, que obtuvo el 57.61% de los votos. Él, en cambio, obtuvo el 42.27% al mando del Partido Laborista de Unidad.

Un aliado tratado como de la casa
La relación entre Gonsalves y el régimen Ortega Murillo trascendió lo diplomático. Durante su visita oficial a Managua en julio de 2022, él fue recibido como parte de la familia política del sandinismo. Participó como invitado de honor en la celebración del aniversario de la Revolución Sandinista y recibió la Orden Augusto C. Sandino, la máxima distinción que entrega la dictadura.
La vocera del régimen, Rosario Murillo lo presentó como un brillante hermano del Caribe y hasta bailó con él durante el acto de conmemoración de la revolución sandinista. Ortega lo llamó en público «el tío Ralph». Aquella visita dejó además un mecanismo de cooperación parlamentaria entre Managua y Kingstown. La Asamblea Nacional creó un Grupo de Amistad Interparlamentario para supuestamente institucionalizar la «cercanía» entre ambos gobiernos.
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Defensa y cómplice en espacios internacionales
Gonsalves defendió abiertamente a la dictadura sandinista. En la Organización de Estados Americanos (OEA), el 12 de setiembre de 2018, su delegación votó contra la resolución que condenaba la represión de 2018. Solo cuatro países se opusieron a esa condena: Nicaragua, Venezuela, Bolivia y San Vicente y las Granadinas.
En 2021 felicitó públicamente la «reelección» de Ortega, que se produjo tras el encarcelamiento de los varios líderes opositores y aspirantes presidenciales, en medio de un recrudecimiento de la represión. Sin embargo, Gonsalves lo llamó «hermano» y celebró la supuesta victoria del pueblo nicaragüense.
En 2022 decidió no asistir a la Cumbre de las Américas en rechazo a la exclusión de Nicaragua, Cuba y Venezuela. Lo hizo en «solidaridad» con Ortega y con un mensaje directo hacia Washington. Gonsalves cuestionó por qué un país tan poderoso acosaba a uno tan pequeño como Nicaragua, pero nunca criticó a Ortega por los abusos documentados de derechos humanos cometidos por el Estado de Nicaragua.
En la iniciativa de la Alianza Bolivariana para las Américas, apadrinada por Venezuela, replicó de forma sistemática el discurso «antiimperialista» del régimen Ortega Murillo que suelen cuestionar a Estados Unidos, pero se pliegan dóciles a Rusia y China. De hecho, un reporte del diario Panampost indicó el 28 de noviembre que Ralph Gonsalves era el segundo mayor aliado de Nicolás Maduro en el continente y recordaba que prestó su país para «el canje con Estados Unidos, en el que fue liberado Álex Saab».

Nicaragua lo respaldó para presidir CELAC
Ortega y Murillo correspondieron a su apoyo. Respaldaron su candidatura de Gonsalves para presidir la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac). También la creación de acuerdos de capacitación técnica entre ambos países, y los esfuerzos de Managua para suprimir el régimen de visas con las islas del Caribe. Ella lo retrató como un incansable luchador antiimperialista.
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La salida de Gonsalves implica un avance en el vacío diplomático para el régimen Ortega Murillo, mientras la dictadura intenta reforzar sus alianzas con China, sin que hasta ahora eso se haya traducido en recursos suficientes como para pensar en sustituir a Estados Unidos que sigue es el principal socio comercial de Nicaragua.