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El exilio golpea a los periodistas independientes de Nicaragua. El 81% reconoce una disminución drástica de sus ingresos en el último año, mientras el 59% acepta que han tenido que incursionar en otras labores para sobrevivir y financiar la continuidad del ejercicio profesional, reveló una radiografía de la organización gremial Periodistas y Comunicadores Independientes de Nicaragua (PCIN), que fue auspiciada por Reportero Sin Fronteras.
El estudio tabuló los datos obtenidos de una encuesta respondida por 112 profesionales de un total de 160 consultados. Es un esfuerzo que busca acercarse a la resiliencia que los mantiene activos, ejerciendo la libertad de expresión desde Costa Rica, Estados Unidos y España. Estos países han sido los que han acogido en su mayoría a los comunicadores, desde el recrudecimiento de la persecución a manos del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo.
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El diagnóstico indica que el 56% sigue ejerciendo periodismo, el 27% lo hace parcialmente y el 14% ya no. «En este informe encontramos la crisis económica y laboral que enfrenta el periodismo nicaragüense. Una gran cantidad de estos reportó una disminución considerable de sus ingresos en los últimos 12 meses. Una buena mayoría ha tenido que laborar en otras áreas no relacionadas con el periodismo para subsistir, como hotelería, construcción o servicios domésticos remunerados en estos países de acogida», comentó Gerall Chávez, presidente de PCIN.
De acuerdo con la Fundación por la Libertad de Expresión y Democracia se han exiliado 293 periodistas nicaragüenses entre 2018 y 2025. Esta condición entorpece el cubrimiento de lo esencial: morada, nutrición, escolaridad, cuidados sanitarios y momentos de esparcimiento. Según el informe, el 43.8% de los encuestados cuentan con un empleo formal: contrato laboral, seguro social, vacaciones, aguinaldo y prestaciones laborales. Sin embargo, el 22.3% tienen empleo informal y el 17 % son freelancer, es decir, trabajadores por cuenta propia.
La crisis afecta también al entorno inmediato. El 34% de los encuestados vive con su núcleo familiar en el exilio, mientras el 29.5% viven solos. «Las personas periodistas continúan ejerciendo la profesión en condiciones precarias, con salarios bajos que no les permiten cubrir las necesidades básicas de vivienda, alimentación, salud, vestimenta y recreación. En algunos casos, priorizan el pago del alquiler antes que destinar recursos para prevenir o atender enfermedades físicas que puedan derivar en situaciones más complejas que les impidan trabajar en el mediano y largo plazo», indica el informe.
La situación era completamente distinta cuando estaban en Nicaragua: Casi el 99,1% de los participantes laboraba previo a su salida, y el 75% se dedicaba a medios convencionales como prensa escrita, radio y televisión, sitios digitales puros, publicaciones mixtas o roles de corresponsales en agencias globales. Los demás se desempeñaban en empresas privadas, entidades no lucrativas, ámbitos universitarios o como consultores autónomos.
Chávez dijo que «pese a todas estas dificultades laborales y la apatidria de facto, la gran mayoría expresa su compromiso y resiliencia para seguir ejerciendo el periodismo independiente a largo plazo. Es un instrumento (el estudio) muy valioso para nosotros».
El 74% afirmó que el principal motivo para exiliarse fue la persecución política estatal. El régimen de Ortega aumentó sus ataques a la prensa independiente, a partir de 2018, cuando los periodistas denunciaron la represión del Estado contra los ciudadanos. La Organización de Estados Americanos informó que al menos 355 personas murieron en el contexto de las protestas. Además del exilio, los periodistas han enfrentado la privación de su nacionalidad, confiscaciones, entre otras medidas represivas.
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Entre el limbo legal y el miedo
La vida en el exilio oscila entre la inseguridad de su estatus legal, la sobrevivencia cotidiana y el miedo a ser víctimas del régimen. En materia de solicitudes de refugio o asilo, el 44,6% de los periodistas ha logrado obtenerlo, en contraste con el 38,4% que aguarda una resolución. PCIN advierte que este limbo migratorio resulta especialmente inquietante para los que se hallan en Estados Unidos, dada las duras medidas de control impuestas por la administración de Donald Trump.
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Las afectaciones también abarcan la salud física y emocional, dado que el 64% de los entrevistados reportó estas aflicciones. Entre las dolencias crónicas figuran trastornos cardiovasculares (como la hipertensión), neurológicos (migrañas o epilepsia), diabetes y respiratorios (asma), por citar algunas. Tales males se intensifican con afecciones mentales y emocionales habituales, como ansiedad crónica, alteraciones del sueño, depresión y tensión persistente.
El miedo es otro factor a analizar. El asesinato el 19 de junio en San José, Costa Rica, del mayor retirado Roberto Samcam, crítico de Ortega y Murillo, impactó en la comunidad de exiliados. El caso está bajo investigación.
El informe indica que otros factores que afectan es el temor por las amenazas potenciales a familiares que aún residen en Nicaragua, así como por la existencia de mecanismos de espionaje que trascienden fronteras, incursiones cibernéticas y demás tácticas de acoso de la dictadura. El 51% de los encuestados siente parcialmente seguridad y libertad para ejercer el periodismo donde se encuentran, el 24% dijo que no.