Las periodistas Leticia Gaitán, Yahaciela Barrera, y el periodista Elison Altamirano. LA PRENSA

Dobles jornadas y renuncias: la realidad de los periodistas nicaragüenses en el exilio

Periodistas nicaragüenses resisten entre la pasión y la necesidad para evitar abandonar la profesión

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Los periodistas nicaragüenses ejercen su oficio en un entorno cada vez más hostil, marcado por la censura, la persecución estatal y la precariedad económica. Ante esta realidad, decenas de ellos se han visto obligados a reinventarse para sobrevivir: algunos continúan informando a medio tiempo desde redacciones en el exilio de medios independientes, mientras asumen segundas jornadas en oficios ajenos a la profesión que eligieron.

Otros, en cambio, han tomado una decisión aún más dolorosa: abandonar el periodismo, dejando atrás la vocación que los formó para garantizar su propia supervivencia y la de sus familias. En este 8 de septiembre, Día Internacional del Periodista, LA PRENSA presenta la historia de tres comunicadores nicaragüenses: dos que continúan ejerciendo la profesión, equilibrando pasión y necesidad, y una que lucha por no renunciar por completo al oficio.

Sus historias no solo reflejan la resiliencia de los periodistas nicaragüenses, sino también la fragilidad del acceso a información independiente en el país, donde ejercer la profesión implica riesgos constantes.

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Para Gerall Chávez, presidente de la Junta Directiva de Periodistas y Comunicadores Independientes de Nicaragua (PCIN), el principal obstáculo que enfrentan los comunicadores nicaragüenses exiliados es la subsistencia económica. «El periodismo en el exilio carece de recursos para operar y para garantizar salarios dignos. Costa Rica es un país más caro, y eso obliga a los periodistas a buscar otros oficios para sobrevivir», apunta.

Desde 2018, más de 200 periodistas nicaragüenses han salido al exilio, en su mayoría hacia Costa Rica, aunque muchos de ellos posteriormente han optado por reubicarse en otros países. Aunque no existen cifras oficiales sobre cuántos combinan el periodismo con otros empleos o han abandonado la profesión, Chávez advierte que el número es significativo y en aumento. Explica que este fenómeno se ha agudizado con el paso de los años: primero, los comunicadores huyeron por razones de seguridad, pero ahora lo hacen también acompañados de sus familias, lo que multiplica los gastos y las presiones económicas.

Gerall Chávez durante el XVIII Coloquio Iberoamericano de Periodismo Digital. Créditos Patricia Lim/KUT News

A ello se suman otros desafíos: la falta de seguro médico, la represión transnacional y el miedo a exponerse públicamente. «Hay periodistas que han dejado de informar por temor o por falta de ingresos. Otros han tenido que trabajar en construcción, limpieza, restaurantes o supermercados. La vocación persiste, pero la realidad económica obliga a tomar decisiones dolorosas», sostiene.

Pese a todo, Chávez resalta que el periodismo nicaragüense «sigue siendo reconocido a nivel internacional por su calidad y por la resistencia frente a una dictadura que ha intentado silenciarlo durante siete años consecutivos».

El régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo mantiene en desaparición forzada a la periodista Fabiola Tercero; al director de un programa en el canal CDNN 23, Elsbeth D’Anda; y al periodista Leo Catalino Cárcamo Herrera.

Leticia Gaitán anhela «poder reportar noticias en inglés»

Leticia Gaitán, periodista de 100% Noticias, fue nombrada líder de equipo (Team Lead) en una empresa estadounidense en Columbus, Ohio, donde se fabrican guantes médicos, dentales e industriales.

Llegó a Columbus junto a su esposo e hijo en mayo de 2024 mediante el programa de Movilidad Segura y comenzó a trabajar en febrero de este año como operaria en una empresa de guantes. Cinco meses después, fue ascendida a Team Lead, con la responsabilidad de dirigir y entrenar a un grupo de 30 personas.

«Fue realmente un milagro de Dios haber ingresado a esa empresa. Estoy agradecida porque ahora tengo la oportunidad de liderar un equipo. Pero también es parte de la resiliencia que nos toca vivir en el exilio», explica a LA PRENSA.

Leticia Gaitán, periodista nicaragüense. LA PRENSA / CORTESÍA

Aunque continúa informando a través de 100% Noticias, Gaitán admite que el costo de vida en Estados Unidos la obligó a buscar ingresos adicionales. «En este año nos enfrentamos al tema de los costos de alquiler, yo empecé a ver que mi salario no me alcanzaba, salía muy ajustada y en este país no se puede vivir de una sola cosa», expresa.

Además de su labor periodística y en la empresa de tiempo parcial, Gaitán dedica tiempo al servicio en su iglesia cristiana, lo que, asegura, le permite mantener un equilibrio entre la fe, la familia y los nuevos retos.

«Yo siempre trato de ser una persona responsable en mis trabajos, de cumplir con las reglas. Siento que la empresa valora mucho la responsabilidad de sus trabajadores, para este puesto éramos tres personas, dos venezolanos y yo nicaragüense, y al final gracias a Dios me seleccionaron a mí para dirigir a mi equipo», detalla.

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Gaitán debe organizar el grupo de trabajo, ejecutar rotaciones y asignar las tareas del turno. También tiene que verificar que su equipo realice correctamente el trabajo, donde tiene personas latinas y estadounidenses. La periodista nicaragüense asegura que su nivel de inglés es básico, pero estudia para mejorar y un día cumplir uno de sus mayores sueños.

«En mi caso, yo pensé desde un principio para trabajar en un medio internacional tenés que saber inglés, y necesito seguir estudiando (…) el anhelo que hay en mi corazón es poder un día reportar noticias en inglés, entonces mientras llega ese día yo me estoy preparando, no lo abandono», comparte.

Elison Altamirano, entre la atención al cliente, los libros y las noticias

Ellison Altamirano, de 24 años, llegó a Costa Rica en julio de 2022. Hoy combina su labor como periodista en Infomedio Nicaragua, una plataforma informativa dirigida a la comunidad nicaragüense en el país vecino, con un trabajo de medio tiempo como cajero en Automercado, un supermercado costarricense.

«Al llegar a Costa Rica me vi sin empleo y tuve que trabajar en lo primero que encontré, que fue McDonald’s. Nunca había trabajado en servicio al cliente, pero necesitaba estabilidad financiera y un seguro para poder avanzar con los trámites de refugio», narra Altamirano. Su primer año en el país fue una constante búsqueda de equilibrio: laborar como periodista, trabajar en comida rápida y estudiar para obtener su título universitario en Costa Rica.

Su rutina diaria es extenuante, pero meticulosamente organizada. «Trabajo viernes, sábado y domingo en el supermercado. Entre semana, asisto a clases y realizo trabajos periodísticos especiales según la demanda de Infomedio. El trabajo en el supermercado es el que me sostiene; el periodismo lo hago con lo que el tiempo me permite», explica.

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A pesar del desgaste físico y mental de su segundo empleo —pasar largas horas de pie y adaptarse a procedimientos cambiantes—, Altamirano asegura que esa rutina también le sirve como una forma de desconectarse, aunque temporalmente, de la difícil realidad que enfrenta Nicaragua. «Trabajo con muchos nicaragüenses y escucho sus historias migratorias. Muchas veces esas conversaciones se convierten en pautas para investigar y contar lo que otros no pueden», asegura.

Elison Altamirano combina su profesión, estudios y un segundo empleo en Costa Rica. LA PRENSA / CORTESÍA

Altamirano reconoce que el desafío más grande para él ha sido profesionalizarse en Costa Rica. «Sé que no puedo trabajar en medios ticos sin un título. Por eso sigo estudiando, pagando clases poco a poco, con la esperanza de completar mi carrera y poder ejercer plenamente».

A pesar de todo, él mantiene la convicción de seguir informando y de formar a nuevas generaciones. «Quiero trabajar en un medio internacional, enseñar cobertura de migraciones y otros temas que no siempre se visibilizan. Nicaragua necesita periodistas valientes que sigan informando, incluso desde el exilio», asegura.

Sobre el periodismo nicaragüense, Altamirano observa una crisis generacional, dado a que muchos han dejado la profesión. «Eso ha provocado una pérdida de relevo generacional. Los jóvenes que podrían arriesgarse a ejercer el periodismo no lo hacen por la precariedad y los riesgos», valora.

De la redacción a los pasillos de Walmart: la lucha de Yahaciela

El 24 de mayo de 2023, Yahaciela Barrera Álvarez llegó a Costa Rica tras recibir información de que existía una orden de captura en su contra en Nicaragua. Con medidas cautelares otorgadas por organismos de derechos humanos, su proceso de refugio fue rápido, pero adaptarse a una nueva vida ha significado una prueba aún más difícil que la salida forzada de su país.

Con más de 15 años de trayectoria periodística, Barrera ejerció en medios comunitarios de la Costa Caribe como Radio La Costeñísima. Sin embargo, la falta de oportunidades, sumada al costo de vida en Costa Rica, la llevó a buscar alternativas para sobrevivir. «Los primeros meses estuve trabajando a tiempo completo como periodista, pero al cumplir un año de estar aquí tuve que empezar a buscar opciones porque el periodismo no me daba para vivir», recuerda.

El gran desafío, reconoce, que le ha tocado enfrentar es continuar haciendo periodismo en el exilio y más en un medio interlocal. «El reto se vuelve mayor cuando ya no hay proyectos, fondos y estando en el exilio te toca buscar cómo sobrevivir, te toca pagar renta, seguro médico», apunta.

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Sus primeros trabajos fueron en limpieza de casas y oficinas, empleos a los que nunca antes se había enfrentado. Tras meses de inestabilidad, consiguió un puesto en Walmart, donde cumple turnos rotativos de hasta 12 horas en el área de pedidos en línea.

Yahaciela Barrera es originaria de Bluefields, donde por años laboró en medios locales. LA PRENSA

«Tengo cuatro meses de estar en este trabajo, lo que hago es preparar los pedidos que hacen en línea, es un trabajo que requiere estar todo el día activo y en constante movimiento, mis semanas son rotativas, también el horario, a veces hacemos horas extras», describe.

Esa rutina la ha alejado de talleres, formaciones y actividades de periodismo en el exilio, pero insiste en que no quiere renunciar al oficio del todo. «Es como desprenderse de uno mismo, cuando recién vine yo siempre decía que hacer periodismo es un compromiso que yo tengo por el legado de Ileana Lacayo, la persona que me motivó y ayudó a entrar a la carrera, pero ahora que estoy aquí tengo miedo de fallar a esa promesa que me hice, pero siendo muy honesta no es algo que esté muy lejano», admite con nostalgia.

Aunque reconoce que el futuro es incierto, busca prepararse con cursos y talleres a fin de no perder el vínculo con la profesión que marcó su vida. En el Día Internacional del Periodista, su historia refleja la disyuntiva de decenas de comunicadores nicaragüenses en el exilio: sostener la vocación frente a las dificultades o renunciar para sobrevivir.

«Siento que esto es una pausa —dice—, pero no quiero que sea el final», concluye.

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